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Full text of "La Vida Buena Como Riqueza De Los Pueblos"

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Economía  y sociedad 


René  Ramírez  G. 


La  Vida  (buena) 
como  riqueza 
de  los  pueblos 


Hacia  una  socioecología 
política  del  tiempo 


La  vida  (buena)  como  riqueza  de  los  pueblos 
Hacia  una  socioecología  política  del  tiempo 


La  Universidad 


de  postgrado 

del  Estado 


riilINGC 


La  vida  (buena)  como  riqueza  de  los  pueblos 
Hacia  una  socioecología  política  del  tiempo 


René  Ramírez  G. 


Prólogo  de 
Rafael  Correa  D. 


La  Universidad 


de  postgrado 

del  Estado 


riilINGC 


Primera  Edición,  2012 

330.99866 

R1455v 


Ramírez  G.,  René. 

La  vida  (buena)  como  riqueza  de  los  pueblos.  Hacia  una  socioecología 
política  del  tiempo  / René  Ramírez  G.  — 1 a ed.  — Quito: 

Línea  de  investigación  en  Economía  y Sociedad,  No.  1 
Editorial  Iaen,  2012. 

126  p.;  15x21  cm 

isbn  978-9942-07-173-6 
1.  Economía  del  Ecuador  2.  Buen  Vivir  i.  Título 


Instituto  de  Altos  Estudios  Nacionales 

Av.  Amazonas  N37-271  y Villalengua  esq. 
Edificio  administrativo,  5to.  piso 
Telf:  (593)  02  382  9900,  ext.  312 
www.iaen.edu.ee 

Información:  editorial@iaen.edu.ee 


Dirección  editorial:  Juan  Guijarro  H. 

Maqueta  y diagramación:  David  Rivera  Vargas 
Diseño  gráfico:  Sutti  arte&comunicación 
Diseño  portada:  Santiago  Cárdenas 
Impresión:  Imprenta  Mariscal 


Quito  - Ecuador,  2012 


CC  BY-NC-SA 

Esta  licencia  permite  compartir-copiar,  distribuir,  ejecutar 
y comunicar  públicamente  la  obra,  y hacer  obras  derivadas. 


Para  Uzuéypor  las  «simples  cosas» 


índice 


Presentación  1 1 

Prólogo.  ¿Por  qué  es  necesario  cuestionar  la  disciplina 
económica  para  transformar  la  sociedad?  1 3 
Rafael  Correa  D. 

1.  Introducción  17 

2.  Marco  conceptual  23 

2.1.  Del  bienestar  al  Buen  Vivir  31 

2.2.  Del  ingreso  pleno  (full  incomé)  a la  vida  plena  (full  life)\ 

el  tiempo  como  Buen  Vivir  y riqueza  de  los  pueblos  37 

3.  Metodología  49 

3.1.  Fase  A.  Cálculo  de  los  bienes  relaciónales  50 

3.2.  Fase  B.  Indicadores  sintéticos  del  Buen  Vivir  53 

4.  Análisis  descriptivo  y perfil  del  ecuatoriano  que  vive  bien  63 

4.1.  Desigualdad  y concentración  del  Buen  Vivir  70 

5.  La  importancia  de  la  unidad  de  análisis:  ¿existe  diferencia 
entre  la  riqueza  monetaria  y el  Buen  Vivir?  75 

5.1.  Desigualdad  de  ingresos  frente  a desigualdad 
de  tiempo  bien  vivido  80 

6.  Resultados  econométricos:  determinantes  de  la  buena  vida  85 

7.  Geografía  del  Buen  Vivir  en  el  Ecuador:  índice  de  Vida 
Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV)  89 

8.  Felicidad  y tiempo  relacional  95 

9.  Macroeconomía  del  tiempo  99 

10.  A manera  de  síntesis:  de  la  vida  usurpada  a la  buena  vida  107 
Bibliografía  113 


9 


Presentación 


A pesar  de  décadas  de  investigación,  aún  hay  poca  evidencia  de  que  el  creci- 
miento económico  sea  la  base  del  bienestar  social.  Esto  supone  un  reto  ma- 
yor para  la  teoría  económica  y para  las  concepciones  normativas  sobre  el  de- 
sarrollo socio-económico.  Este  libro  intenta  cuestionar  el  sentido  común  de 
la  economía  ortodoxa  y ponderar  sus  implicaciones  éticas. 

Mientras  que  la  mayoría  de  la  bibliografía  sobre  desarrollo  socio-eco- 
nómico está  enfocada  en  último  término  en  cómo  incrementar  el  ingreso 
monetario,  el  propósito  de  alcanzar  una  vida  éticamente  digna  y valiosa  ca- 
si nunca  ha  sido  considerado  como  un  objetivo  científicamente  realizable. 
En  contraste,  René  Ramírez  G.  se  enfoca  en  la  vida  buena  de  las  personas  co- 
mo el  objetivo  principal  de  la  ciencia  social,  sugiriendo  una  nueva  perspecti- 
va para  la  acción  pública.  Desde  una  mirada  a la  vez  filosófica  y política,  es- 
te libro  propone  una  concepción  reflexiva  del  Buen  Vivir,  que  incluye  tanto 
sus  dimensiones  afectivas  como  normativas,  y está  imbricada  en  un  enten- 
dimiento amplio  del  bien  común. 

El  argumento  consiste  en  que  los  bienes  materiales  no  son  los  únicos 
que  determinan  que  una  persona  viva  bien,  ni  que  el  desarrollo  social  puede 
ser  pensado  únicamente  en  términos  de  maximizar  utilidades.  Por  el  con- 
trario, el  amor  y la  amistad,  la  salud  y la  educación,  la  vida  civil  y la  partici- 
pación en  democracia  son  cuestiones  que  nos  interesan  en  mayor  medida,  y 
el  indicador  más  importante  de  ello  es  el  tiempo  que  dedicamos  a estas  ac- 
tividades. 

Como  un  aporte  para  la  discusión  pública,  el  Instituto  de  Altos  Estu- 
dios Nacionales  (Iaen)  y el  Instituto  de  Estadística  y Censos  (Inec)  tienen  el 
agrado  de  presentar  esta  obra  de  manera  conjunta.  Enmarcada  en  la  línea  de 
investigación  de  Economía  y Sociedad  que  impulsa  la  Universidad  de  Post- 
grado del  Estado,  contribuye  a renovar  la  estadística  pública  con  nuevos  in- 
dicadores para  medir  el  Buen  Vivir  de  la  población,  permitiendo  proyectar 
alternativas  de  política  pública  y también  construir  escenarios  prospectivos 
para  la  sociedad  ecuatoriana. 


11 


Por  ello,  el  libro  está  dirigido  no  solo  a los  especialistas  que  buscan  pro- 
puestas heterodoxas  dentro  de  sus  áreas  específicas  de  competencia,  sino 
también  para  la  ciudadanía  interesada  por  la  situación  política  actual  y las 
perspectivas  para  el  cambio  posible. 


Arturo  Villavicencio 
Rector  Iaen 


Byron  Villacís 
Director  Inec 


12 


Prólogo 


¿Por  qué  es  necesario  cuestionar  la  disciplina 
económica  para  transformar  la  sociedad? 


Por  mucho  tiempo  la  búsqueda  de  la  buena  vida  fue  asunto  de  interés  exclu- 
sivo para  teólogos  y filósofos,  y solo  se  la  consideró  una  necesidad  secunda- 
ria frente  a la  imperiosa  urgencia  del  sobrevivir,  por  un  lado,  y la  presión  para 
acomodarse  a las  convenciones  sociales  y la  moral  establecidas,  por  otro.  Pre- 
cisamente este  es  el  punto  de  partida  del  libro  escrito  por  René  Ramírez  G., 
quien  nos  plantea  interrogantes  que,  a pesar  de  parecer  cotidianos  y simples, 
desbordan  con  mucho  la  ciencia  social  más  convencional:  ¿podemos  conocer 
con  certeza  cómo  vivir  dignamente?  ¿Buscar  una  buena  vida  puede  ser  un  ob- 
jetivo científico  relevante  y valedero?  ¿Son  los  criterios  para  vivir  bien  parte  de 
un  sustrato  «esencial»  en  los  seres  humanos  o puede  que  la  política  marque 
una  diferencia?  ¿Cómo  comprometen  la  pobreza  y la  desigualdad  la  posibili- 
dad de  que  las  personas  vivan  bien?  ¿Cómo  ha  construido  la  disciplina  econó- 
mica su  aparato  conceptual  y cómo  dicha  mirada  ha  configurado  una  inter- 
vención particular?  ¿Cómo  afecta  a la  vida  digna  de  los  pueblos  el  crecimiento 
económico?  ¿Es  la  vida  buena  un  objetivo  viable  para  la  política  pública?  ¿Por 
qué  es  necesario  buscar  otras  medidas  diferentes  al  PIB  si  queremos  interpe- 
lar a la  forma  de  convivencia  social  imperante  en  el  mundo? 

Para  abordar  estas  preguntas  el  autor  nos  propone  una  perspectiva  hete- 
rodoxa, que  parte  de  la  crítica  de  la  economía  neoclásica  para  construir  lo  que 
denomina  una  socioecología  política,  asentada  sobre  un  postulado  normativo 
básico  —el  cual,  valga  la  aclaración,  supone  importantes  consecuencias  para  el 
campo  científico,  a saber:  la  unidad  de  valor  social  no  debe  ser  el  dinero,  sino  el 
tiempo—.  El  supuesto  es  simple,  nos  señala  el  autor:  a quien  entregas  tu  tiempo,  en- 
tregas tu  vida.  La  propuesta  es  que  la  vida  misma  es  lo  más  valioso;  pero  no  cual- 
quier tipo  de  vida,  sino  aquella  vivida  de  modo  digno,  saludable  y a plenitud. 

En  este  marco,  Ramírez  G.  insiste  en  cambiar  la  mirada,  de  donde  se  si- 
gue que,  mientras  la  economía  neoclásica  se  concentra  en  estudiar  la  pro- 
ducción y el  consumo  de  bienes  para  la  maximización  de  la  utilidad,  la  so- 
cioecología política  se  ha  de  enfocar  —una  vez  satisfechas  las  necesidades 
básicas—  en  la  generación  y disfrute  de  «bienes  relaciónales»  tales  como  el 
amor,  la  amistad,  la  participación  en  la  vida  pública,  el  trabajo  emancipador 


13 


y la  relación  del  ser  humano  con  la  naturaleza.  En  este  contexto,  la  propues- 
ta rompe  con  la  perspectiva  autista  de  la  economía  neoclásica  dado  que  si 
bien  el  nivel  de  buen  vivir  en  gran  medida  depende  de  uno  mismo,  también 
se  encuentra  relacionado  con  el  nivel  de  coordinación  que  logra  cada  perso- 
na para  compartir  el  tiempo  con  los  demás,  ya  sea  para  el  amor,  para  servir 
al  prójimo,  para  compartir  con  un  amigo,  para  participar  en  la  esfera  públi- 
ca o para  buscar  vivir  en  armonía  con  la  naturaleza.  Desde  una  perspectiva 
socialista  podría  decirse  que  la  propuesta  de  Ramírez  G.  redefine  un  princi- 
pio fundamental  de  esta  tradición:  si  bien  existe  supremacía  del  trabajo  so- 
bre el  capital,  debe  existir  ante  todo  supremacía  de  la  vida  sobre  el  trabajo. 
Las  personas  deben  trabajar  para  vivir  y no  vivir  para  trabajar. 

Luego  de  esta  reflexión  conceptual,  se  analiza,  de  manera  empírica  y ca- 
suística cómo  las  y los  ecuatorianos  distribuimos  nuestro  tiempo  y cuán- 
to tiempo  disfrutamos  de  la  «producción/consumo»  de  bienes  relaciónales. 
Los  hallazgos  resultan  cuestionadores  del  pensamiento  que  postula  la  orto- 
doxia económica:  demuestran  que,  en  efecto,  la  riqueza  monetaria  no  nece- 
sariamente nos  permite  vivir  bien;  y,  en  cambio,  la  manera  en  que  cada  uno 
dispone  de  su  tiempo  vital  es  una  circunstancia  que  afecta  mucho  más  a la 
posibilidad  de  tener  una  buena  vida. 

Seguidamente,  Ramírez  G.  explora  los  efectos  de  varios  factores  media- 
dores en  la  relación  entre  el  tiempo  y la  vida  buena,  que  van  desde  la  desigual- 
dad de  tiempo  relacional  entre  las  personas  hasta  las  grandes  tendencias  ma- 
croeconómicas  que  afectan  los  horarios  de  la  población  en  su  conjunto.  De 
esta  manera,  se  definen  circunstancias  estructurales  de  la  propia  sociedad  — 
en  este  caso  ecuatoriana—  que  condicionan  la  manera  en  la  cual  disponemos 
de  nuestro  tiempo  para  vivir  bien.  Así,  la  precariedad  en  el  mercado  de  traba- 
jo, la  exclusión  social  y las  diversas  formas  de  discriminación  son  circunstan- 
cias que  demarcan  nuestras  posibilidades  de  vivir  plenamente  y con  dignidad. 
Como  se  demuestra  en  el  libro,  no  es  casualidad  que  existan  amplias  desigual- 
dades en  la  concentración  del  tiempo  para  la  buena  vida. 

René  Ramírez  G.  tampoco  deja  de  analizar  el  clásico  problema  de  las 
ciencias  sociales  del  impacto  que  tienen  en  la  vida  cotidiana  de  los  indivi- 
duos, las  macropolíticas  estructurales.  Así  por  ejemplo,  para  ilustrar  tal  pro- 
blemática el  libro  estima  que  producto  de  la  liberalización  económica  los 
ecuatorianos  y ecuatorianas  vieron  reducir  sistemáticamente  su  tiempo  de- 
dicado a la  vida  plena,  básicamente  porque  disminuyó  el  salario  por  hora 
y la  demanda  laboral  —principalmente,  para  los  trabajadores  menos  califi- 
cados— En  un  modelo  de  precarización  laboral,  el  ciudadano,  al  tener  que 
compensar  su  carencia  material,  se  vio  obligado  a dedicar  más  tiempo  a bus- 
car trabajo,  extender  su  jornada  laboral,  trabajar  más  y/o  dedicar  más  horas 
al  trabajo  no  remunerado. 


14 


Con  estos  resultados,  Ramírez  G.  construye  dos  índice  sintéticos  de  la 
vida  buena  en  Ecuador,  como  una  propuesta  alternativa  y crítica  respecto  a 
mediciones  convencionales  como  el  Producto  Interno  Bruto  (PIB),  o el  in- 
greso o consumo  per  cápita.  Uno  es  el  índice  de  «esperanza  de  vida  saluda- 
ble y bien  vivida»;  y,  el  otro  el  índice  de  «esperanza  de  vida  de  la  naturaleza». 
Ambos  indicadores  utilizan  como  unidad  de  análisis  el  «tiempo».  Así  como 
cada  año  lo  único  que  importa  en  la  economía  ortodoxa  es  el  crecimiento 
del  PIB,  el  Ramírez  G.  propone,  por  el  contrario,  que  se  analice  sistemática- 
mente cuánto  creció  o decreció  la  esperanza  de  vida  saludable  y bien  vivida 
en  un  territorio  particular. 

Desde  aquí  se  esboza  una  agenda  investigativa  de  contabilidad  ma- 
croeconómica  en  función  del  tiempo,  que  busca  reflejar  una  concepción 
más  adecuada  de  la  verdadera  riqueza  de  los  pueblos.  Esta  agenda  ha  me- 
recido la  atención  de  la  comunidad  científica  a nivel  internacional:  el  año 
pasado,  la  propuesta  de  la  socioecología  política  del  tiempo  fue  presenta- 
da en  Inglaterra  y la  New  Economics  Foundation  (NEF),  uno  de  los  princi- 
pales tanques  de  pensamiento  de  este  país,  la  seleccionó  como  ejemplo  de 
una  de  las  cuatro  alternativas  de  relevancia  científica  para  discutir  alterna- 
tivas metodológicas  al  Producto  Interno  Bruto  (PIB);  selección  que  permi- 
tió, a su  vez,  su  incorporación  en  la  recopilación  de  artículos  titulada  Beyond 
GDP:  Measuring  OurProgress,  trabajo  usado  para  la  discusión  de  la  transición 
global  que  necesita  el  planeta  en  el  marco  de  la  Conferencia  de  Río+20.  Las 
otras  tres  propuestas  seleccionadas  fueron  el  informe  de  la  Comisión  Sti- 
glitz,  elaborado  a pedido  del  Presidente  de  Francia;  la  propuesta  que  la  pro- 
pia NEF  presentó  al  Primer  Ministro  de  Gran  Bretaña;  y los  estudios  de  Glo- 
bal Footprint  NetWork  sobre  la  huella  ecológica.1 

Las  corrientes  que  actualmente  cuestionan  a la  economía  neoclásica 
por  su  inutilidad  para  establecer  políticas  públicas  concretas  que  permitan 
alcanzar  el  buen  vivir  de  la  población  se  enmarcan  en  una  coyuntura  histó- 
rica de  cambio  social  profundo  a nivel  mundial,  que  comienza  con  el  fin  del 
predominio  ideológico  neoliberal  y la  consiguiente  debacle  del  pensamien- 
to único.  Mientras  los  economistas  de  derecha  marcaron  la  agenda  durante 
los  últimos  treinta  años,  también  en  Ecuador  el  bienestar  de  la  población  se 
seguía  estudiando,  principalmente,  a partir  del  análisis  monetario  del  con- 
sumo o ingreso  individual.  Esto  comienza  a cambiar  con  la  llegada  de  la  Re- 
volución Ciudadana  a nuestro  país,  y con  la  aprobación  por  referendo  de 
una  nueva  Carta  Política,  en  el  año  2008,  básicamente  porque  en  este  nuevo 
pacto  social  se  inscriben  los  términos  de  la  crítica  pública  al  proyecto  neoli- 
beral y se  reafirma  la  necesidad  de  un  giro  radical  para  alcanzar  la  promesa 

1 Se  puede  consultar  más  información  en  la  página  web:  http://globaltransition2012.org/be- 
yond-gdp/. 


15 


constitucional  del  Buen  Vivir.  Este  cambio  normativo  sobre  nuestras  reglas 
de  convivencia  refleja  también  una  transformación  más  profunda,  una  re- 
volución de  larga  duración  en  nuestra  manera  de  entender  la  justicia  social. 
Así,  mientras  el  proyecto  neoliberal  limitaba  la  definición  del  bienestar  a la 
medición  del  ingreso  monetario  de  cada  individuo,  o a la  suma  de  los  ingre- 
sos/gastos individuales  que  daría  como  resultado  el  PIB,  el  Buen  Vivir  ha 
llevado  a ampliar  nuestros  horizontes  de  expectativas  sobre  lo  que  conside- 
ramos una  vida  buena,  plena  y digna  de  ser  vivida. 

En  consonancia  con  estas  trascendentes  mudanzas  políticas,  la  presen- 
te publicación,  al  colocar  el  tiempo  como  unidad  de  análisis,  no  solo  per- 
mite repensar  las  políticas  públicas  —y  evaluarlas  en  el  marco  de  la  con- 
secución del  Buen  Vivir  de  la  población—,  sino  que  hace  surgir  una  crítica 
implícita,  pero  no  por  ello  menos  potente,  sobre  el  uso  del  dinero  para  me- 
dir la  efectividad  y eficiencia  de  las  intervenciones  del  Estado.  ¿Qué  es  prefe- 
rible, construir  un  hospital  que  cueste  15%  más  de  dinero  o que  se  demore 
80%  menos  de  tiempo  en  estar  listo  para  atender  a la  población?  La  entra- 
da teórico-metodológica  presentada  en  este  libro,  recupera,  de  esta  forma, 
el  sentido  de  la  urgencia  en  sociedades  que  han  perdido  mucho  tiempo  en 
alcanzar  la  satisfacción  de  las  necesidades  de  sus  miembros  bajo  la  lógica  de 
oligarquías  que  nunca  se  preocuparon  por  el  bien  común. 

Por  ello,  en  este  momento  histórico,  el  libro  de  René  Ramírez  G.  resulta 
un  aporte  científico  de  primer  orden  para  continuar  con  el  debate  público 
sobre  las  nuevas  relaciones  sociales  que  se  requieren  para  el  proceso  de  cam- 
bio social  profundo  que  está  atravesando  el  Ecuador  y el  mundo.  Hay  libros 
que  reflejan  el  presente  y hay  libros  que  lo  interrogan;  pero  el  libro  que  tie- 
ne el  lector  hoy  entre  sus  manos  más  bien  busca  confrontar  las  condiciones 
de  la  situación  actual  para  proyectarla  hacia  un  futuro  posible.  Políticamen- 
te el  autor  es  consciente  que  es  preciso  subirse  al  tren  de  la  historia.  Hacerlo 
con  la  esperanza  intacta  de  saber  que  se  la  puede  transformar  pero  sin  dejar 
de  examinar  atentamente  la  vida  real,  el  día  a día,  para  luego  confrontar  lo 
observado  con  lo  esperado,  y hasta  soñado  socialmente,  a fin  de  realizar  de 
manera  escrupulosa  nuestro  proyecto  de  vida  buena. 

Quito,  4 de  junio  de  2012 


Rafael  Correa  D. 
Presidente  Constitucional 
República  del  Ecuador 


16 


CAPITULO  PRIMERO 


Introducción 

Se  garantiza  el  derecho  de  las  personas  y los  colectivos 
al  tiempo  libre,  la  ampliación  de  las  condiciones  físicas, 
sociales  y ambientales  para  su  disfrute,  y la  promoción  de 
actividades  para  el  esparcimiento,  descanso  y desarrollo  de 
la  personalidad. 

Art.  383,  Constitución  de  la  República  del  Ecuador 

A la  persona  que  entregas  tu  tiempo,  entregas  tu  vida.  No  existe  situación  más  pe- 
nosa que  morir  sin  haber  vivido,  o morir  a muy  temprana  edad.  Quizá  el  ter- 
mómetro más  adecuado  para  medir  el  Buen  Vivir1  de  una  sociedad  sea  el 
que  nos  permita  conocer  cuánto  tiempo  vive  saludablemente  su  población 
haciendo  lo  que  desea  hacer;  o cuánto  tiempo  del  día  se  dedica  para  produ- 
cir sociabilización  (estar  con  amigos  y amigas,  familiares,  comunidad  polí- 
tica), para  contemplar  arte,  producirlo  y deleitarse  con  él,  para  autocono- 
cerse,  para  dar  y recibir  amor;  o cuántos  años  de  vida  gana  un  territorio  al 
evitarse  la  pérdida  de  bosque  nativo  o gracias  a la  reforestación  de  su  entor- 
no natural. 

La  nueva  Constitución  de  la  República  del  Ecuador  (2008)  establece  co- 
mo objetivo  social  el  Buen  Vivir  (en  quechua,  sumak  kawsay)  de  las  personas, 
de  los  colectivos  y de  la  sociedad  en  su  conjunto;  Buen  Vivir  que  se  basa  no 
solo  en  el  «tener»  sino  sobre  todo  en  el  «ser»,  «estar»,  «hacer»  y «sentir»:  en 
el  vivir  bien,  en  el  vivir  a plenitud.  Si  tenemos  en  cuenta  que  la  definición 
del  Buen  Vivir  implica  estar  conscientes  de  que  este  es  un  concepto  comple- 
jo, vivo,  no  lineal,  sino  históricamente  construido,  y que  por  lo  tanto  está 
en  constante  resignificación,  podemos  aventurarnos  a sintetizar  qué  enten- 
demos por  Buen  Vivir  o sumak  kawsay.  la  satisfacción  de  las  necesidades,  la 
consecución  de  una  calidad  de  vida  y muerte  dignas,  el  amar  y ser  amado,  y 
el  florecimiento  saludable  de  todos,  en  paz  y armonía  con  la  naturaleza,  pa- 
ra la  prolongación  indefinida  de  las  culturas  humanas  y de  la  biodiversidad. 
El  Buen  Vivir  o sumak  kawsay  supone  tener  tiempo  para  la  contemplación, 

1 En  este  estudio  se  usarán,  como  sinónimos  de  Buen  Vivir,  vivir  a plenitud,  vida  plena,  eudai- 
monía,  florecimiento,  felicidad  (en  sentido  aristotélico,  mientras  no  se  diga  lo  contrario),  su- 
mak kawsay. 


17 


18 


René  Ramírez  G. 


la  amistad,  la  emancipación,  la  ampliación  de  las  posibilidades  de  socializa- 
ción, y que  las  libertades,  oportunidades,  capacidades  y potenciales  reales 
de  los  individuos/colectivos  se  amplíen  y florezcan  de  modo  que  permitan 
lograr  simultáneamente  aquello  que  la  sociedad,  los  territorios,  las  diversas 
identidades  colectivas  y cada  uno  —visto  como  un  ser  humano/colectivo, 
universal  y particular  a la  vez—  valora  como  objetivo  de  vida  deseable  (tanto 
material  como  subjetivamente,  sin  producir  ningún  tipo  de  dominación  so- 
bre otro  ser  humano).  El  concepto  de  Buen  Vivir  nos  obliga  a reconstruir  lo 
público  y lo  común  para  reconocernos,  comprendernos  y valorarnos  unos  a 
otros  —y  a la  naturaleza—,  como  diversos  pero  iguales,  a fin  de  que  prospe- 
re la  posibilidad  de  reciprocidad  y mutuo  reconocimiento,  y con  ello  viabili- 
zar  la  autorrealización  y la  construcción  de  un  porvenir  social  compartido.2 

No  obstante,  la  corriente  principal  de  la  economía  se  ha  preocupado 
principalmente  por  estudiar  la  producción  y el  consumo  en  el  mercado.  El 
bienestar  ha  sido  medido  en  función  del  ingreso  o consumo  per  cápita  a ni- 
vel micro  o a nivel  macro,  a través  del  producto  interno  bruto  por  persona. 
Se  supone  así  que  la  sociedad  está  mejor  cuando  crece  cualquiera  de  estas 
variables.  En  cambio,  el  presente  estudio  sostiene  que  los  marcos  de  análi- 
sis de  la  economía  neoclásica  son  insuficientes  para  evaluar  el  Buen  Vivir 
de  una  sociedad,  razón  por  la  cual  es  necesario  problematizar  esta  cuestión 
desde  una  perspectiva  alternativa,  a la  que  denominaré  socioecología  política 
(economía)  del  Buen  Vivir.  Esta  disciplina,  partiendo  del  análisis  de  la  satisfac- 
ción de  necesidades  y expansión  de  capacidades  y potencialidades,  empleará 
como  unidad  de  análisis  el  tiempo  (bien  vivido  o vivido  a plenitud)  y estudia- 
rá particularmente  la  generación/disfrute3  de  bienes  relaciónales. 

A través  del  debate  iniciado  por  Aristóteles  en  su  filosofía  ética4,  el  tex- 
to reflexiona  sobre  el  concepto  de  eudaimonía  como  un  indicador  más  ade- 
cuado para  evaluar  el  Buen  Vivir  de  las  personas  y de  la  sociedad.  Dicho 
concepto  está  relacionado  principalmente  con  la  vida  contemplativa5  (ocio 

2 Lo  cual  incluye  también  tomar  en  cuenta,  además  de  las  generaciones  futuras,  las  generacio- 
nes históricamente  excluidas.  Por  ello,  el  Buen  Vivir  comprende  además  el  lado  subjetivo  y 
objetivo  (tangible  e intangible). 

3 Si  bien  se  utilizarán  los  conceptos  de  producción  y consumo  de  bienes  relaciónales  a lo  largo 
del  texto,  en  estricto  rigor  sugerimos  no  utilizarlos  puesto  que  esto  ha  llevado  a una  «econo- 
mización»  de  la  vida.  Utilizaremos  paralelamente  en  este  marco  «generación  y disfrute»  de 
bienes  relaciónales. 

4 Si  bien  el  centro  del  marco  teórico  se  basará  en  Aristóteles,  también  se  discutirán  los  marcos 
conceptuales  de  Karl  Marx,  Amartya  Sen  y Martha  Nussbaum. 

5 En  la  vida  contemplativa  se  incluye  «el  hacer  libremente,  lo  que  cada  persona  desea  hacer» 
en  búsqueda  de  su  emancipación.  En  este  marco,  se  incluye  el  trabajo  no  alienado,  es  decir 
aquel  trabajo  en  que  no  se  da  una  escisión  entre  el  mundo  de  trabajo  y el  mundo  de  la  vida 


Introducción 


19 


liberador  o emancipador)  así  como  con  la  producción  y consumo  de  bienes 
relaciónales6,  siendo  estos  el  sentimiento  de  amar  y ser  amado7,  la  amistad, 
el  compromiso  público  para  participar  en  la  vida  civil  o política8,  y la  rela- 
ción de  convivencia  existente  entre  el  ser  humano  y la  naturaleza  o Pachama- 
ma.9 Si  bien  la  teoría  económica  ha  estudiado  la  producción  y consumo  de 
bienes  privados,  públicos  o comunes,  ha  dicho  muy  poco  respecto  a los  bie- 
nes relaciónales.10 

El  presente  estudio  pretende  reflexionar,  tanto  teórica  como  empírica- 
mente, sobre  lo  que  implica  una  disciplina  económica  que  tenga  como  obje- 
tivo el  Buen  Vivir  o sumak  kawsay,  frente  a la  economía  neoclásica  que  pone 
el  énfasis  en  la  maximización  del  consumo  y la  producción  de  bienes  y ser- 
vicios. Si  de  lunes  a viernes  una  persona  trabaja  8,5  horas11,  como  es  el  caso 
en  el  Ecuador,  y se  dedica  en  promedio  0,3  horas  al  día  a comprar,  la  econo- 
mía se  ha  olvidado  recurrentemente  en  su  análisis  de  más  de  la  mitad  de  la 


buena.  A lo  largo  del  texto  únicamente  aquel  trabajo  que  sea  visto  como  creador  y emanci- 
pador será  tomado  en  cuenta  como  parte  de  la  buena  vida. 

6 En  esta  investigación  se  sostendrá  que  es  parte  de  los  bienes  relaciónales  el  autoconocimiento,  el 
comprender  «al  otro»  y el  entender  el  entorno,  situaciones  que  solo  se  pueden  concretar  —como 
señala  Aristóteles—  a través  del  tiempo  dedicado  a la  reflexión  contemplativa  liberadora. 

7 Dicho  amor  puede  provenir  de  un/a  amigo/a,  de  la  familia  o de  la  pareja  (Aristóteles,  2007: 
título  VIII,  212-222). 

8 De  hecho,  para  Aristóteles,  la  participación  civil  o política  puede  ser  leída  como  una  forma 
de  amistad  y de  amor  que  se  deben  procurar  en  una  comunidad  política.  Es  por  ello  que  el 
autor  señala  que  la  amistad  puede  estar  relacionada  con  las  formas  de  gobierno,  siendo  su 
mayor  expresión  la  democracia,  «en  donde  los  ciudadanos,  siendo  iguales,  tienen  muchas 
cosas  en  común»  (Aristóteles,  2007:  233).  Por  dicha  razón,  la  participación  pública  es  indi- 
rectamente una  expresión  de  amor,  dado  que  «los  hombres  [y  mujeres]  no  solo  viven  juntos 
a causa  de  la  procreación,  sino  también  para  los  demás  fines  de  la  vida»  (Aristóteles,  2007: 
235).  A pesar  de  lo  mencionado,  cabe  señalar  que  para  este  filósofo  la  acción  política  en  sí 
misma  lleva  a la  felicidad,  aunque  no  es  autárquica  como  la  contemplación. 

9 En  su  ética,  Aristóteles  no  trabaja  directamente  la  relación  ser  humano-naturaleza.  No  obs- 
tante, dentro  de  la  ética  y economía  del  Buen  Vivir  es  indispensable  incluir  una  bioética  que 
articule  la  relación  ecológica  que  tiene  que  haber  entre  el  ser  humano  y la  biodiversidad  de 
la  cual  forma  parte. 

10  Lo  que  se  cuestionará  no  es  la  definición  de  «bien»,  sino  que  se  discutirá  cuáles  son  los  bienes 
adecuados  para  alcanzar  la  vida  plena  partiendo  de  una  lógica  aristotélica.  Nos  distanciare- 
mos del  planteamiento  que  se  basa  en  la  teoría  de  la  felicidad  pero  que  carezca  de  fundamen- 
tación  ética.  La  teoría  de  Aristóteles  es  sobre  todo  ética  porque  no  se  enfoca  en  un  ejercicio 
individual  sino  sobre  todo  gregario,  y lo  importante  es  cómo  se  llega  a tal  florecimiento  a 
través  de  la  virtud. 

1 1 Las  horas  mencionadas  no  comprenden  a los  desempleados,  y están  en  función  de  los  siete 
días  que  tiene  una  semana.  De  incluir  a la  población  desempleada,  el  promedio  sería  inclu- 
so menor.  Salvo  cuando  se  diga  lo  contrario,  la  fuente  de  datos  de  los  indicadores  del  tiem- 
po es  la  Encuesta  Nacional  de  Empleo,  Subempleo  y Desempleo  del  2007  (Enemdu,  2007). 


20 


René  Ramírez  G. 


vida  de  las  personas  y de  su  población;  pero,  sobre  todo,  ha  dejado  de  lado 
qué  implica  vivir  una  buena  vida.12 

El  presente  estudio  sostiene  que  el  espacio  en  donde  principalmente  se 
revelan  las  preferencias  de  los  individuos  no  es  en  el  ámbito  de  la  compra/ 
consumo  sino,  y sobre  todo,  en  la  forma  como  distribuye  el  tiempo  cada 
persona  de  acuerdo  a sus  condiciones  socioeconómicas,  partiendo  del  tiem- 
po dedicado  para  la  satisfacción  de  necesidades  y siendo  el  fin  de  la  buena 
vida  buscar  tiempo  para  el  ocio  liberador,  el  amor,  la  amistad,  la  construc- 
ción de  relaciones  sociales,  la  participación  pública,  en  el  espacio  de  una  re- 
lación armoniosa  con  la  naturaleza.  Indirectamente,  también  se  buscará  de- 
mostrar que  el  tiempo  puede  constituirse  en  una  unidad  de  análisis  idónea 
para  la  economía  y que,  más  allá  de  la  producción  de  bienes  privados,  públi- 
cos y comunes,  la  economía  debe  preocuparse  por  la  generación  y disfrute 
de  los  bienes  relaciónales. 

Para  ello  el  artículo  se  organiza  de  la  siguiente  forma:  la  segunda  sec- 
ción presenta  la  discusión  conceptual  que,  partiendo  del  cuestionamiento 
del  marco  teórico  de  la  economía  neoclásica,  se  propone  considerar  al  tiem- 
po como  variable  intermedia  (unidad  de  valor  y de  análisis)  de  la  economía 
del  Buen  Vivir.  En  este  apartado  se  discute  la  diferencia  entre  la  mirada  teó- 
rica del  bienestar  (full  income ) en  contraste  con  la  perspectiva  del  Buen  Vivir 
(full  Ufe).  El  tercer  apartado  aborda  la  metodología  usada  para  estudiar  la  vi- 
da buena.  Específicamente,  se  presenta  la  aproximación  metodológica  mi- 
cro para  el  cálculo  de  los  bienes  relaciónales  y los  índices  usados  para  medir 
de  una  manera  agregada  (macro)  el  Buen  Vivir  de  una  población  o territo- 
rio dado,  los  cuales  hemos  denominado  como:  el  índice  de  Vida  Saludable  y 
Bien  Vivida  (IVSBV)  y la  esperanza  de  vida  (años)  de  la  naturaleza  por  habi- 
tante y kilómetro  cuadrado.  La  cuarta  sección  presenta  de  manera  descripti- 
va el  perfil  del  ecuatoriano  que  vive  bien  y analiza  los  niveles  de  desigualdad 
y concentración  de  la  buena  vida  en  el  Ecuador.  A partir  del  análisis  des- 
criptivo, el  siguiente  apartado  debate  la  importancia  de  la  unidad  de  análi- 
sis al  comparar  qué  economía  se  construye  cuando  se  usa  variables  moneta- 
rias para  medir  el  bienestar  frente  al  uso  de  la  variable  tiempo  para  medir  la 
buena  vida.  En  esta  sección  se  analiza  la  relación  existente  entre  la  desigual- 


12  Si  bien  en  1965  Gary  Becker  introduce  en  el  análisis  económico  el  ingreso  completo  (full  in- 
comé)  y la  variable  tiempo , la  crítica  que  haremos  más  adelante  está  asociada  a la  monetariza- 
ción  y por  tanto  a la  alienación  de  todo  espacio  de  la  vida  y de  las  relaciones  sociales.  ¿Es  el 
costo  de  oportunidad  de  tener  más  ingresos  el  valor  que  tiene  el  estar  con  la  persona  que  uno 
ama?  Esta  investigación  busca  analizar  en  detalle  el  uso  del  tiempo  durante  las  24  horas  del 
día  y busca  separarse  de  la  mirada  utilitaria  monetarista,  que  termina  siempre  por  reducir  el 
bienestar  a la  variable  dinero. 


Introducción 


21 


dad  de  ingreso  y la  desigualdad  de  tiempo  bien  vivido.  El  apartado  6 presenta 
econométricamente  los  determinantes  de  la  buena  vida.  Las  secciones  7 y 8 
abordan  la  geografía  del  Buen  Vivir  en  el  Ecuador  al  exhibir  el  índice  de  Vida 
Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV)  a nivel  territorial  y la  relación  existente  en- 
tre felicidad  y bienes  relaciónales,  respectivamente.  La  penúltima  sección  es- 
boza una  agenda  investigativa  de  contabilidad  macroeconómica  en  función 
del  tiempo  bien  vivido,  para  lo  cual  se  realiza,  de  manera  breve  y en  la  medida 
en  que  los  datos  lo  permiten,  un  análisis  descriptivo  indirecto  del  impacto 
de  la  liberalización  económica  en  el  Ecuador.  Se  consideran  además  las  ven- 
tajas cualitativas  de  incluir  la  variable  tiempo  en  la  contabilidad  biofísica  de 
los  países.  Finalmente,  el  artículo  concluye  presentando  una  síntesis  del  ar- 
gumento y los  resultados  principales  de  la  investigación. 


CAPITULO  SEGUNDO 


Marco  conceptual 

La  corriente  principal  de  la  teoría  económica  neoclásica  se  ha  fundamenta- 
do en  el  principio  de  la  libertad  de  elección  como  base  primordial  para  eva- 
luar la  economía  y la  sociedad.  El  bienestar  de  la  población,  visto  como  la 
suma  de  las  utilidades  de  los  individuos,  ha  sido  entendido  como  la  riqueza 
de  las  naciones  que  hay  que  promover  socialmente.  La  ecuación  es  simple: 
se  debe  producir  la  mayor  cantidad  de  bienes  para  que  los  individuos  de  una 
sociedad  tengan  mayores  opciones  para  elegir.  La  utilidad  que  recibe  un  in- 
dividuo se  evalúa  en  función  de  qué  canasta  de  productos  selecciona  de  las 
opciones  posibles  que  tiene  a su  alcance.  El  bienestar  del  individuo  se  consi- 
gue en  la  medida  en  que  satisface  su  deseo  a través  de  la  compra.  Este  deseo 
se  expresa  a través  de  la  preferencia  de  cada  individuo,  revelada  en  la  elec- 
ción que  hace  al  comprar  un  producto  y descartar  otro  del  mercado.  En  esta 
perspectiva  la  utilidad  se  equipara  a la  felicidad  y al  bienestar. 

Desde  este  enfoque  se  ha  evaluado  empíricamente  a la  sociedad  en  fun- 
ción del  ingreso1,  gasto  de  consumo  o producción  nacional.  La  riqueza  de 
las  naciones  estaría  en  expandir  el  potencial  de  compra  y,  por  lo  tanto,  de 
elección  que  tendría  cada  consumidor  (individuo)  de  una  sociedad,  para  lo 
cual  es  condición  la  especialización  laboral.  A lo  largo  del  tiempo,  la  base  de 
información  y unidad  de  medida  en  esta  perspectiva  ha  sido  el  dinero  y su 
poder  adquisitivo.  Desde  este  enfoque,  lo  opuesto  al  bienestar  es  la  pobre- 
za, que  se  mide  a través  del  ingreso  o el  gasto  que  cada  individuo  tiene  que 
alcanzar  para  satisfacer  sus  necesidades  alimenticias  (indigencia  o extrema 
pobreza)  o básicas  (pobreza),  dados  unos  precios  en  el  mercado.  La  maximi- 
zación  de  la  utilidad  se  da  cuando  la  tasa  subjetiva  a la  que  el  consumidor 
está  dispuesto  a renunciar  al  consumo  del  bien  Y por  una  unidad  adicional 
del  bien  X coincide  con  la  tasa  de  sustitución  que  determina  el  mercado  me- 
diante los  precios  de  los  bienes  (-Px/Py).  Esto  ha  construido  un  orden  social 
particular,  que  es  el  que  está  en  disputa  a lo  largo  del  texto. 

A partir  de  1974,  con  el  estudio  de  Easterlin,  surge  una  nueva  perspecti- 
va: la  del  «bienestar  subjetivo»  (BS),  que  parte  de  evidencia  empírica  que  po- 


1 Visto  como  variable  que  da  cuenta  del  potencial  de  compra  que  tiene  el  individuo,  y por  lo 
tanto  de  su  potencial  de  elección  y libertad. 


23 


24 


René  Ramírez  G. 


ne  en  jaque  la  corriente  principal  de  la  economía  neoclásica  al  colocar  en  tela 
de  duda  que  la  acumulación  de  la  riqueza  — medida  en  dinero  per  cápita — 
sea  la  mejor  variable  para  dar  cuenta  del  bienestar  de  la  población.  Dicho  au- 
tor evidencia  que  en  los  países  desarrollados  la  felicidad  de  los  individuos  se 
ha  mantenido  constante  a partir  de  cierto  nivel,  e incluso  ha  decrecido  a pe- 
sar de  que  la  riqueza  económica  se  ha  incrementado  (paradoja  de  Easterlin).2 
A partir  de  tal  constatación  se  han  multiplicado  las  investigaciones  sobre  feli- 
cidad y economía.  Ahora  la  variable  que  se  empieza  a evaluar  no  es  el  ingreso, 
el  consumo  o la  producción,  sino  la  felicidad  (ver  Van  Praag  y Ferrer-i-Carbo- 
nell,  2004).  En  contraposición  con  el  paradigma  neoclásico  que  señala  —co- 
mo se  mencionó—  que  un  incremento  en  los  bienes  materiales  implica  un  in- 
cremento en  el  bienestar,  otro  acercamiento  es  aquel  defendido  desde  el  BS, 
que  señala  que  la  satisfacción  de  la  vida  depende,  a más  del  ingreso/consu- 
mo3, parcialmente  de  la  historia  de  cada  individuo4;  pero  también  está  en  fun- 
ción de  la  comparación  que  hace  cada  ser  humano  con  la  situación  de  los 
otros  (Easterlin,  2005:  56).  Se  pasa  de  una  perspectiva  en  que  se  ordenan  las 
preferencias  a otra  que  cardinaliza  la  felicidad. 

Una  crítica  a ambas  aproximaciones  surge  de  la  perspectiva  de  capacida- 
des promulgada  principalmente  por  Amartya  Sen  y Martha  Nussbaum.  El 
economista  indio  refuta  lapidariamente  la  perspectiva  utilitarista  y la  bien- 
estarista.5  Su  crítica  se  basa  principalmente  en  señalar  que  es  un  error  igua- 

2 Quizá  una  de  las  mejores  explicaciones  de  tal  fenómeno  es  la  planteada  por  Bruni  (2006), 
quien  sostiene  que  la  «paradoja  de  Easterlin»  es  producto  de  la  ausencia  de  sociabilidad  que  se 
da  en  los  países  industrializados  como  consecuencia  de  la  individualización  del  sistema.  Para 
analizar  una  investigación  que  niega  y critica  la  paradoja  de  Easterlin,  ver  Veenhoven  (2005). 

3 El  marco  de  análisis  neoclásico  sigue  siendo  una  de  las  variables  más  importantes  del  BS.  Es- 
to se  puede  apreciar  explícitamente,  por  ejemplo,  en  los  artículos  que  estudian  la  satisfac- 
ción financiera  (ver  Van  Praag,  2005).  Al  generalizar  el  marco  para  estudiar  la  felicidad  con 
la  vida,  muchas  veces  se  suele  usar  el  mismo  marco  teórico  de  la  economía  neoclásica,  con 
la  única  diferencia  de  que  se  defiende  que  la  función  de  utilidad  puede  ser  cardinalizable  (ver 
Van  Praag  y Ferrer-i-Carbonell,  2004).  En  otras  ocasiones,  los  diversos  estudios  que  indagan 
en  diferentes  ámbitos  de  la  vida  (participación,  salud,  educación,  etc.)  tendrán  un  marco  teó- 
rico diferente  para  cada  subdominio  específico. 

4 No  obstante,  vale  señalar  que  desde  una  perspectiva  de  psicología  subjetiva  se  afirma  la  tenden- 
cia del  ser  humano  hacia  un  «punto  de  ajuste»  (. setpoint ):  «Se  considera  que  cada  individuo  tiene 
un  “punto  de  ajuste”  para  su  felicidad,  de  acuerdo  a la  genética  y su  personalidad.  Los  aconteci- 
mientos en  el  curso  de  la  vida,  tales  como  el  matrimonio,  la  pérdida  del  empleo,  o un  accidente 
grave,  pueden  desviar  a una  persona  hacia  arriba  o hacia  abajo  de  este  punto.  Pero  con  el  tiempo, 
la  adaptación  hedónica  va  a hacer  que  el  individuo  tienda  a regresar  hacia  el  punto  de  ajuste  ini- 
cial» (Easterlin,  2005: 29).  Pero  si  el  objetivo  de  la  política  pública  es  mejorar  el  bienestar  subjeti- 
vo, desde  esta  perspectiva  se  llega  a una  posición  nihilista  sobre  su  impacto. 

5 Mientras  la  perspectiva  utilitarista  mantiene  la  utilidad  como  un  valor  único  pero  no  busca 
maximizar  la  utilidad  social  total,  la  perspectiva  bienestarista  se  basa  en  la  maximización  de 
la  utilidad  social  total,  igualando  las  utilidades  marginales  de  todos. 


Marco  conceptual 


25 


lar  las  utilidades  de  todas  las  personas  en  virtud  de  que  la  equiparación  de 
la  utilidad  total  y marginal  arroja  resultados  diferentes  como  consecuencia 
de  la  diversidad  humana.  Asimismo,  Sen  critica  el  uso  de  la  felicidad  como 
criterio  social,  principalmente  porque  tal  sentimiento  puede  provenir  de  un 
proceso  de  adaptación  a las  circunstancias  de  cada  individuo.  De  igual  for- 
ma, señala  que  en  esta  perspectiva  no  existe  un  distanciamiento  real  respec- 
to a la  propuesta  paredaña  como  principio  guía  de  la  evaluación  social  (Sen, 
2001:  26-29). 6 

En  particular,  el  enfoque  analítico  de  la  teoría  de  las  capacidades  pue- 
de orientarse  hacia  los  «funcionamientos»  (aquello  que  una  persona  es  efec- 
tivamente capaz  de  realizar)  o hacia  el  «conjunto  de  alternativas»  (aquellas 
oportunidades  que  se  presentan  como  algo  factible  para  una  persona).  Es- 
tas dos  orientaciones  proveen  distintos  tipos  de  información:  «la  primera, 
sobre  lo  que  una  persona  hace,  y la  segunda  sobre  lo  que  una  persona  es, 
sustancialmente,  libre  de  hacer»  (Sen,  1999:  75).  La  dificultad  de  volver  ope- 
racional  el  concepto  de  capacidades  ha  sido  una  de  las  principales  críticas  a 
este  enfoque.7  Cada  capacidad  tiene  que  ser  evaluada  para  valorar  en  qué 
medida  una  persona  goza  de  libertades  o pobreza  de  capacidades.  Una  per- 
sona puede  tener  iguales  medios,  pero  no  siempre  transforma  de  la  misma 
forma  esos  medios  en  capacidades  para  funcionar  individualmente  y den- 
tro de  la  sociedad.  Dicha  perspectiva  implica  trabajar  sobre  espacios  mul- 
tidimensionales  de  información.  El  bienestar  se  mide  en  cada  uno  de  estos 
ámbitos  (nutrición,  analfabetismo,  democracia,  seguridad,  etc.)  y se  defien- 
de que  su  evaluación  se  debe  realizar  a través  de  un  escrutinio  público. 

Si  bien  las  investigaciones  sobre  felicidad  y economía  han  tenido  una 
curva  exponencial  en  las  últimas  décadas,  tienen  un  sesgo  teórico:  han  sido 
abordadas  principalmente  desde  la  perspectiva  utilitaria  benthamiana  de 
la  felicidad;  es  decir,  se  basan  en  la  perspectiva  hedónica  de  la  felicidad,  que 
considera  la  problemática  desde  el  placer  y el  dolor  que  hay  que  maximizar 
o minimizar,  respectivamente. 

El  presente  estudio  intenta  teóricamente  tomar  distancia  frente  a la 
perspectiva  utilitaria  hedónica  para  acercarse  a la  perspectiva  aristotéli- 
ca del  Buen  Vivir  o de  la  eudaimonía.  El  objetivo  de  estudio  de  la  economía 
neoclásica  ha  sido  cómo  los  compradores  consumen  y cuáles  son  sus  restric- 

6 Dicho  sea  de  paso,  Amartya  Sen  realiza  una  crítica  importante  al  filósofo  norteamericano  John 
Rawls,  señalando  que  este  confunde  medios  con  fines  y no  toma  en  cuenta  el  tema  de  la  diversi- 
dad humana  en  su  análisis.  Los  bienes  primarios  que  propone  Rawls  son  un  medio  y no  un  fin, 
razón  por  la  cual  no  constituyen  una  buena  variable  para  la  evaluación  del  bienestar  social. 

7 Para  un  análisis  conceptual  riguroso  de  lo  que  implica  volver  operativa  la  teoría  de  las  capa- 
cidades ver  Comim  (2008). 


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René  Ramírez  G. 


ciones  para  obtener  bienes  públicos  (Buchanan,  1968;  Hardin,  1968;  Stiglitz, 
2003,  entre  otros),  bienes  privados  (Smith,  2000;  Becker,  1976,  entre  otros)  o 
incluso  bienes  comunes  (Hardin,  1968;  Coase,  1960).8  Al  tiempo  que  vuelve  la 
mirada  a Aristóteles,  esta  investigación  aborda  económicamente  la  produc- 
ción/consumo de  los  bienes  relaciónales. 

Esta  investigación  sostendrá  de  manera  teórica  que  la  corriente  princi- 
pal de  la  disciplina  económica  únicamente  ha  considerado  una  parte  de  la 
vida,  centrada  en  la  producción  y el  consumo  de  bienes  y servicios.  Como 
sucede  en  el  caso  del  Ecuador,  si  una  persona  con  empleo  (entre  semana) 
trabaja  8,5  horas  y compra  0,30  horas  diarias  en  promedio,  la  disciplina  eco- 
nómica no  ha  estudiado  sistemáticamente  más  que  la  mitad  de  su  vida.  Lo 
más  desilusionador  es  que  tan  solo  en  el  3,4%  de  la  PEA  (población  econó- 
micamente activa)  en  Ecuador  no  se  da  una  separación  entre  el  mundo  del 
trabajo  y el  de  la  vida;  es  decir,  el  96,6%  de  la  PEA  lleva  una  vida  alienada  en 
el  trabajo.  A más  de  lo  mencionado,  se  puede  afirmar  que  la  vida  también 
está  relacionada  —entre  otras  cosas—  con  la  contemplación  de  la  belleza,  la 
búsqueda  de  la  verdad,  la  construcción  de  la  esfera  pública;  con  el  desarro- 
llo de  las  relaciones  sociales,  de  un  ambiente  de  paz,  de  la  participación  civil 
o política;  con  la  prolongación  de  las  culturas,  con  la  armonía  con  la  natu- 
raleza, con  el  amor,  con  la  amistad  o con  tener  tiempo  para  el  ocio.  A estas 
temáticas  la  disciplina  económica  neoclásica  las  ha  dejado  usualmente  en  el 
jardín  de  los  recuerdos. 

Pero  el  problema  no  está  en  que  la  economía  haya  tenido  una  perspec- 
tiva sesgada,  sino  sobre  todo  en  que  no  ha  abordado  temas  fundamentales 
de  la  vida  que  —siguiendo  a Aristóteles—  se  refieren  a cómo  alcanzar  la  eu- 
daimonía  o el  florecimiento  humano.9  Si  en  la  teoría  neoclásica  o utilitaria 
el  objetivo  es  la  maximización  de  la  utilidad,  vista  como  la  capacidad  ma- 
yor que  tiene  un  consumidor  para  obtener  la  mayor  cantidad  de  productos 
dada  una  restricción  presupuestaria,  esta  investigación  intentará  defender 
teórica  y empíricamente  que  el  objetivo  del  Buen  Vivir  consiste  en  —luego  de 
haber  satisfecho  las  necesidades  materiales  de  una  manera  ambientalmen- 


8 Vale  mencionar  a Elinor  Ostrom  (1990),  politóloga  y primera  mujer  premio  Nobel  de  Econo- 
mía en  2009,  quien,  desde  una  perspectiva  crítica,  demostró  cómo  los  bienes  comunes  pueden 
ser  administrados  de  forma  efectiva  por  un  grupo  colectivo  de  usuarios.  De  esta  manera  cues- 
tionó la  mirada  de  la  corriente  principal  de  la  economía,  que  daba  por  sentado  que  mantener 
los  recursos  comunes  requiere  ya  sea  de  la  intervención  estatal  o de  la  apropiación  privada  in- 
dividual, dado  que  la  propiedad  común  se  maneja  siempre  mal  («tragedia  de  los  comunes»). 

9 Siguiendo  al  filósofo  griego,  en  el  marco  teórico  se  defenderá  que  el  fin  último  de  la  buena 
vida  es  la  eudaimonía,  florecimiento  o felicidad,  dado  que  esta  siempre  es  un  fin  y nunca  es  un 
medio.  El  hecho  de  que  sea  una  felicidad  adaptada  (en  el  sentido  de  A.  Sen  o J.  Elster)  no  sig- 
nifica que  el  fin  sea  buscar  una  felicidad  no  adaptada. 


Marco  conceptual 


27 


te  sustentable  y expandiendo  las  capacidades  humanas  y de  los  colectivos— 
la  unificación  del  tiempo  de  trabajo  y el  tiempo  de  la  vida,  y en  maximizar10 
la  producción  y consumo  de  bienes  relaciónales n,  así  como  en  el  incremento 
de  la  posibilidad  de  contemplación  (en  sentido  aristotélico)  que  cada  ser  huma- 
no tiene  a lo  largo  de  la  vida. 

En  este  sentido,  la  presente  investigación  sostiene  que  el  marco  analíti- 
co (incluida  su  unidad  de  valoración:  el  dinero)  de  la  economía  no  es  sufi- 
ciente para  intentar  abordar  una  teoría  que  incluya  en  su  análisis  otros  ám- 
bitos de  la  vida  que  van  más  allá  de  la  producción  y el  consumo  de  bienes  y 
servicios  producidos  en  un  mercado;  razón  por  la  cual  se  propone  construir 
un  marco  analítico  alrededor  del  concepto  de  tiempo  y usarlo  como  varia- 
ble intermedia  para  medir  el  Buen  Vivir  de  las  personas  y de  la  sociedad.  Si 
bien  el  día  tiene  24  horas,  es  necesario  analizar  cómo  distribuye  cada  perso- 
na, y la  sociedad  en  su  conjunto,  el  tiempo,  si  lo  que  se  busca  es  maximizar 
el  tiempo  para  la  buena  vida  o vida  plena. 

Empero,  ¿qué  son  los  bienes  relaciónales?  Los  bienes  relaciónales  son 
en  primer  lugar  bienes  inmateriales.  Como  señala  acertadamente  Martha 
Nussbaum  (2005),  «amistad,  amor,  y participación  civil  o política»  son  los 
tres  bienes  básicos  relaciónales  en  la  ética  aristotélica.  A esta  perspectiva  ex- 
plícita aristotélica  habría  que  sumar  la  relación  bioética,  que  hace  alusión  a 
la  relación  que  tiene  el  ser  humano  con  la  naturaleza.  Además,  hay  que  con- 
siderar que  la  relación  no  puede  florecer  si  uno  no  tiene  capacidad  de  con- 
templar su  entorno,  reflexionar  sobre  el  otro  y conocerse  a sí  mismo12;  cla- 
ro está,  luego  de  solventar  los  problemas  materiales.13  En  otras  palabras,  la 
participación  en  la  vida  civil  o política,  el  tener  amigos  y amigas,  el  amar 

10  Como  se  verá  más  adelante  esta  maximización  es  combinada:  por  una  parte,  individual;  pe- 
ro, por  otra  parte,  coordinada  con  un  otro. 

11  En  la  producción/consumo  de  bienes  relaciónales  incluimos  la  relación  que  existe  entre  el 
ser  humano  y la  naturaleza.  Esta  arista  no  la  incluye  Aristóteles  al  momento  de  analizar  la 
buena  vida.  De  aquí  en  adelante,  cuando  nos  refiramos  a «bienes  relaciónales»  haremos  alu- 
sión a la  producción  de  vida  relacional  en  su  amplia  magnitud,  es  decir,  incluyendo  la  rela- 
ción del  ser  humano  con  la  naturaleza. 

12  Si  bien  en  estricto  sentido  Aristóteles  afirma  que  la  «vida  contemplativa»  es  superior  a la  «vi- 
da activa»,  al  mismo  tiempo  señala  la  necesidad  de  amigos,  de  amor  y de  participación  com- 
prometida en  la  vida  civil  y política.  Sostendremos  en  esta  investigación  que  la  calidad  del 
bien  relacional  está  asociada  con  la  posibilidad  de  tener  una  vida  contemplativa  plena.  Es 
por  ello  que  se  debe  analizar  tanto  la  posibilidad  de  la  contemplación  como  la  de  produc- 
ción y consumo  de  bienes  relaciónales. 

13  Como  se  observará  más  adelante,  la  producción  y consumo  de  bienes  relaciónales  está  con- 
dicionada por  las  condiciones  materiales  de  la  sociedad.  Es  por  ello  que  no  puede  separarse 
en  el  análisis  la  producción  de  este  tipo  de  bienes  (relaciónales)  de  los  que  permiten  la  satis- 
facción de  las  necesidades  básicas  de  los  individuos  (privados,  públicos,  comunes).  No  obs- 
tante, también  es  necesario  afirmar  que  el  hecho  de  que  no  se  hayan  satisfecho  las  condicio- 


28 


René  Ramírez  G. 


y ser  amados  y el  vivir  en  armonía  con  la  naturaleza  respetando  sus  dere- 
chos14, el  tener  tiempo  para  el  ocio  liberador  y la  no  separación  de  los  com- 
ponentes mencionados  con  el  mundo  del  trabajo  son  la  esencia  misma  de 
una  buena  vida. 

A diferencia  de  los  bienes  públicos  o privados,  los  bienes  relaciónales  so- 
lo pueden  disfrutarse  por  un  mutuo  acuerdo  y respeto15;  y,  puesto  que  de- 
penden de  la  interacción  con  otro  ser  humano,  son  apreciados  únicamen- 
te en  la  medida  en  que  generan  una  reciprocidad  compartida  (Bruni,  2005: 
130).  De  la  misma  forma,  podemos  señalar  que  son  bienes  co-producidos 
y co-consumidos,  al  mismo  tiempo,  por  los  sujetos  involucrados  en  la  rela- 
ción. En  este  sentido  —siguiendo  a Nussbaum  (1986)—,  sostenemos  que  la 
producción/consumo  de  la  relación  en  sí  misma  constituye  un  bien.  Desde 
esta  perspectiva,  es  este  bien  el  que  busca  maximizar  el  individuo,  la  socie- 
dad y los  territorios. 

En  este  marco,  nos  alejamos  de  las  visiones  habituales  de  la  economía 
que  sostienen  que  para  tener  una  buena  sociedad  es  suficiente  con  tener  ins- 
tituciones correctas  que  transformen  los  vicios  privados  en  virtudes  públicas. 

Ahora  bien,  en  términos  de  respeto  a las  diferentes  cosmovisiones,  en  el 
mundo  indígena  el  tiempo  es  una  variable  más  valorada  que  el  dinero.  Co- 
nocer algo  desde  la  racionalidad  Abya  Yala  implica  tener  «una  comprensión 
espacio-temporal,  simultánea;  las  categorías  temporales:  ñawpa  (pasado  y 
tiempo  que  viene),  kay  (aquí  y ahora),  quipa  (después)»  (Universidad  Inter- 
cultural  Amawtay  Wasi  y UNESCO,  2004:  179).  En  la  visión  indígena,  el  an- 
tes y después  están  presentes  al  mismo  tiempo;  la  noción  del  tiempo  es  cí- 
clica, lo  que  acaba  da  inicio  a lo  que  comienza;  es  decir,  se  funde  el  pasado 
con  el  tiempo  que  viene,  sin  que  esto  implique  acumulación  detrás.  En  este 
sentido,  desde  esta  racionalidad  el  espacio-tiempo  es  multidireccional  (ñaw- 
papacha  es  un  vocablo  común  para  antes  y después).16  Si  bien  esta  inves- 


nes  materiales  no  implica  que  los  individuos  que  carecen  de  éstas  no  produzcan  y consuman 
bienes  relaciónales. 

14  La  construcción  del  paradigma  del  Buen  Vivir  es  sobre  todo  un  proceso  político  que  se  dife- 
rencia de  otros  paradigmas  conceptuales  que  no  parten  de  ningún  pacto  social.  En  este  mar- 
co, el  pacto  de  convivencia  sellado  en  la  Constitución  de  la  República  del  Ecuador  de  2008 
otorga  derechos  a la  naturaleza,  razón  por  la  cual  la  relación  que  se  describe  en  este  artículo 
entre  el  ser  humano  y la  naturaleza  se  inscribe  en  tal  contexto  histórico. 

15  Si  bien  en  sentido  estricto  el  mutuo  acuerdo  no  aplica  a la  relación  ser  humano/naturaleza, 
metafóricamente  se  podría  sostener  que  el  cambio  climático  es  la  expresión  de  un  «no  acuer- 
do» de  la  naturaleza  en  la  relación  que  mantiene  con  el  ser  humano. 

16  «El  pasado  está  presente  en  el  tiempo  actual  de  diferentes  maneras  (los  antepasados  siguen 
viviendo  en  la  comunidad)  y el  después  está  detrás,  es  el  paraíso  perdido,  la  tierra  sin  males 
y que  está  muy  viva.  Es  como  si  pasado,  presente  y tiempo  que  viene  estuvieran  muy  pegadi- 


Marco  conceptual 


29 


tigación  tiene  claramente  una  visión  occidental,  sostenemos  que  un  acer- 
camiento a través  del  tiempo  puede  permitir  con  mucha  mayor  facilidad 
establecer  puentes  para  articular  otras  epistemologías  y permitir  una  me- 
jor compresión  intercultural  y un  mayor  diálogo  entre  diferentes  saberes.17 
En  la  búsqueda  por  establecer  dichos  canales  de  comunicación,  el  presente 
estudio  propone  evaluar  la  vida  a través  del  tiempo,  como  parte  del  sumak 
kawsay  o Buen  Vivir.  Quizá  muy  apegado  a los  valores  indígenas  y con  una 
mirada  biocéntrica,  esta  investigación  plantea,  entre  otras  aristas,  evaluar  el 
valor  de  la  Pachamama  («madre  tierra»)  al  estimar  la  esperanza  de  vida  (años) 
de  la  naturaleza  por  habitante  y kilómetro  cuadrado.18 

A partir  de  tal  marco  de  análisis,  esta  investigación  cuestiona  principal- 
mente la  unidad  de  análisis  y el  marco  conceptual  de  la  economía  neoclásica. 
La  economía  como  disciplina  no  tiene  que  analizar  únicamente  la  produc- 
ción de  bienes  y la  revelación  de  preferencias  que  se  da  a través  del  consumo, 
sino  todos  los  espacios  de  la  vida;  pero  sobre  todo  la  producción  de  bienes 
relaciónales  y aquello  que  permite  que  dichos  bienes  tengan  alta  calidad  al 
momento  de  co-producirse  y co-consumirse:  el  ocio  emancipador.19 

Para  analizar  tal  producción  y consumo,  proponemos  utilizar  como  va- 
riable intermedia  (unidad  de  valor  y de  análisis)  del  Buen  Vivir  al  tiempo  (so- 
bre todo,  aquel  vivido  a plenitud).20  Dicho  de  otra  forma,  si  para  medir  el 
bienestar  de  la  población  la  economía  neoclásica  utiliza  el  ingreso  o consu- 
mo per  cápita  calculado  a través  de  una  unidad  monetaria,  la  propuesta  in- 
ductiva de  esta  investigación  es  indagar  si  el  Buen  Vivir  puede  ser  evaluado 
indirectamente  a partir  del  tiempo  y su  distribución.  La  riqueza  de  las  socie- 
dades o naciones  no  se  reduce  a incrementar  la  posibilidad  de  compra  o pro- 


tos,  muy  articulados  en  el  aquí  y ahora,  de  ahí  el  poder  del  ahora  y la  posibilidad  de  habitar 
diversos  mundos»  (Amawtay  Wasi  y UNESCO,  2004:  179). 

17  Whiteford  y Barns  (1999)  plantean  sugerencias  metodológicas  para  aplicar  la  teoría  del  uso 
del  tiempo  entre  diferentes  culturas. 

18  No  está  por  demás  aclarar  que  en  esta  investigación,  si  bien  buscamos  establecer  puentes  de 
diálogo  con  el  mundo  indígena,  no  podemos  afirmar  que  el  Buen  Vivir  defendido  en  estas 
páginas  sea  el  que  forma  parte  de  la  cosmovisión  indígena. 

19  La  calidad  de  la  relación  depende  en  gran  medida  de  la  reflexión  (teorización,  creación,  con- 
templación) que  cada  persona  ha  hecho  sobre  su  entorno,  sobre  el  otro  y sobre  sí  mismo.  San 
Agustín,  retomando  a Aristóteles,  afirmaría  que  debemos  «contemplar  para  amar». 

20  De  hecho  se  podría  discutir  si  la  economía  es  capaz  de  medir  el  fin  de  la  sociedad.  Si  los  asun- 
tos importantes  de  la  vida  son  la  verdad,  la  belleza,  la  democracia,  la  paz,  la  acción  colectiva, 
la  producción  artística,  el  amor,  la  amistad,  las  potencialidades,  el  florecimiento,  únicamente 
se  podrán  evaluar  empíricamente  los  medios  y no  los  fines.  Por  este  motivo  se  propone  estudiar 
solamente  una  variable  instrumental  que  permite  evaluar  potencialmente  en  qué  medida  un  in- 
dividuo o la  sociedad  procura  alcanzar  la  verdad,  la  belleza,  la  democracia,  la  paz,  etc.:  el  tiempo. 


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René  Ramírez  G. 


ducción  de  bienes  materiales  y hacer  aumentar  el  dinero,  sino  que  requie- 
re discutir  en  qué  medida  la  sociedad  maximiza  y distribuye  de  una  manera 
justa  el  tiempo  para  la  producción  y consumo  de  calidad  de  bienes  relació- 
nales entre  los  miembros  de  una  comunidad  política  determinada,  en  don- 
de paralelamente  se  hayan  satisfecho  las  necesidades21  de  su  población  de 
una  manera  digna  y en  armonía  con  la  naturaleza.22 

En  el  afán  de  hacer  el  vínculo  con  la  problemática  planteada  podemos 
señalar  que  el  presente  estudio  intenta  demostrar  que  la  vida  plena  está  aso- 
ciada directamente  con  el  tiempo  que  tiene  cada  ser  humano  para  la  con- 
templación y la  co-producción/co-consumo  de  bienes  relaciónales  como  el 
amor23,  la  amistad,  la  participación  civil  o política  y la  relación  con  la  natu- 
raleza. Únicamente  se  incluirá  como  parte  de  la  producción  de  bienes  rela- 
ciónales aquel  trabajo  no  alienado,  es  decir,  aquel  tiempo  de  aquellas  per- 
sonas en  el  que  no  se  produce  un  divorcio  entre  el  tiempo  bien  vivido  y el 
tiempo  del  trabajo.  Vale  señalar  que,  si  bien  siguiendo  a Aristóteles  se  inten- 
tará evaluar  el  tiempo  dedicado  a la  contemplación  y a la  generación/disfru- 
te de  bienes  relaciónales,  dichos  momentos  solo  son  viables  en  la  medida  en 
que  se  analiza  la  distribución  del  tiempo  en  las  otras  esferas  de  la  vida:  que- 
haceres domésticos,  trabajo,  consumo,  necesidades  biológicas,  sueño,  etc.24 


21  Vale  aclarar  que  una  parte  de  la  satisfacción  de  las  necesidades  es  el  esfuerzo  que  hacen 
las  personas  en  el  marco  del  trabajo  no  remunerado.  El  no  tomar  en  cuenta  la  economía 
del  cuidado  es  algo  que  también  ha  sido  usual  dentro  del  marco  teórico  de  la  economía 
neoclásica. 

22  Al  sostener  que  el  hombre  es  un  animal  político/gregario  como  lo  hace  Aristóteles,  el  tiem- 
po dedicado  a la  vida  contemplativa  busca  que  esa  gregariedad  florezca. 

23  Un  propósito  no  menos  importante  para  futuras  investigaciones  es  evaluar  la  relación  exis- 
tente entre  amor  y felicidad.  Concretamente  entre  amar  y ser  amado,  y la  felicidad  que  esto 
produce  en  cada  individuo. 

24  Un  texto  que  trata  una  problemática  similar  es  el  escrito  por  Robert  Goodin  y otros,  Discretio- 
nary  Time.  A New  Measure  ofFreedom  (2008).  El  «tiempo  discrecional»  es  aquel  que  queda  lue- 
go de  haber  usado  el  tiempo  estrictamente  necesario  para  el  trabajo  remunerado,  no  remu- 
nerado y el  cuidado  personal.  Teóricamente,  para  los  autores  del  libro  mencionado  el  tiempo 
discrecional  es  aquel  sobre  el  cual  una  persona  tiene  un  control  autónomo.  Para  los  autores 
el  antónimo  de  «autonomía»  es  «necesidad»  (ver  p.  34).  Cabría  preguntarse,  ¿acaso  los  seres 
humanos  tienen  la  «opción»  (discrecionalidad)  de  no  vivir  en  sociedad  relacionándose  con 
otros  seres  humanos?  De  acuerdo  a esta  perspectiva  y dado  que  no  existen  los  mundos  de 
Robinson  Crusoe,  supondríamos  que  en  el  tiempo  discrecional  estaría  incluido  el  tiempo  de- 
dicado al  amor,  la  amistad,  la  participación  pública.  De  ser  así  como  se  ha  visto  y se  analiza- 
rá con  más  detalle  a lo  largo  del  texto—,  desde  otra  perspectiva  llegamos  conceptualmente  al 
principal  conflicto  que  plantea  la  ética  aristotélica:  la  vida  contemplativa  es  autárquica  pero 
depende  de  la  philia.  De  la  misma  forma  podemos  señalar  que  si  bien  gran  parte  del  tiempo 
discrecional  los  individuos  lo  dedican  a relacionarse  con  las  otras  personas,  y el  tiempo  dis- 
crecional es  el  tiempo  en  el  cual  se  ejerce  la  libertad  o autonomía  personal,  entonces  la  líber- 


Marco  conceptual 


31 


Si  bien  la  propuesta  aristotélica  pone  como  fin  último  la  felicidad,  en 
este  artículo  no  se  abordará  cabalmente  la  relación  existente  entre  tiempo  y 
felicidad,  sino  sobre  todo  se  discutirá  el  proceso  para  llegar  a la  eudaimonía  y 
se  confrontará  al  ingreso/consumo  como  variable  intermedia  de  evaluación 
económica  frente  a la  variable  tiempo.25 


2.1.  Del  bienestar  al  Buen  Vivir 

Directa  o indirectamente,  uno  de  los  principales  objetivos  de  la  teoría  eco- 
nómica en  los  últimos  trescientos  años  ha  sido  estudiar  el  bienestar  de  la 
población  a través  de  las  barreras  que  hay  que  superar,  necesidades  que  hay 
que  satisfacer  o capacidades  que  hay  que  potenciar  para  conseguir  el  Buen 
Vivir  y la  felicidad  de  la  población.  En  términos  generales,  podríamos  sim- 
plificar señalando  que  en  la  teoría  económica  han  existido  tres  perspectivas 
con  las  cuales  se  ha  intentado  evaluar  el  bienestar,  ya  sea  directa  o indirecta- 
mente: el  «enfoque  del  bienestar  objetivo»  (EBO),  el  «enfoque  de  las  capaci- 
dades» (EC26),  y el  «enfoque  del  bienestar  subjetivo»  (EBS27). 

En  la  (micro)economía  moderna  el  EBO  ha  sido  teóricamente  monopo- 
lizado por  el  utilitarismo,  a través  de  la  teoría  del  comportamiento  del  con- 
sumidor. El  concepto  de  BO  ha  sido  entonces  reformulado,  en  su  totalidad, 
en  términos  de  preferencias  y utilidades  del  consumidor,  de  manera  que  la 
utilidad  es  considerada  solo  como  una  forma  de  describir  las  preferencias. 
En  la  teoría  del  consumidor  uno  de  los  supuestos  más  importantes  se  rela- 
ciona con  la  preferencia  revelada.  En  esta  perspectiva,  como  se  mencionó,  las 
utilidades  —en  forma  de  felicidad,  deseos  o preferencias—  se  convierten  en  la 
base  de  información  para  una  evaluación  normativa,  en  donde  la  preferen- 
cia es  sinónimo  de  bienestar  (utilidad:  autointerés  = preferencia  = elección 


tad  individual  florece  al  concretar  la  gregariedad  de  las  personas.  En  este  sentido,  la  culmi- 
nación de  la  libertad  individual  se  alcanza  en  función  de  las  posibilidades  de  realización  del 
sentido  gregario  de  los  seres  humanos.  En  este  marco,  la  perspectiva  únicamente  individua- 
lista cae  por  su  propio  peso.  Por  otra  parte  —y  refiriéndonos  al  libro  mencionado—  se  puede 
demostrar  empíricamente  que  existe  un  sesgo  importante  cuando  se  contabiliza  exhaustiva- 
mente cada  actividad  (como  se  hace  en  la  presente  investigación)  frente  a aquella  que  por  di- 
ferencia de  las  168  horas  semanales  obtiene  el  tiempo  discrecional  o tiempo  libre  (como  se 
hace  en  el  libro  mencionado). 

25  La  relación  entre  tiempo  y felicidad  es  parte  de  una  investigación  de  más  largo  alcance  que 
estoy  realizando  como  parte  de  un  proyecto  de  investigación  doctoral.  Para  un  análisis  de  la 
relación  específica  entre  bienes  relaciónales  y felicidad,  ver  Bruni  y Stanca  (2006). 

26  Muy  cercano  a esta  aproximación  encontramos  el  enfoque  sobre  el  florecimiento  humano. 

27  En  esta  perspectiva  incluimos  al  «bienestar  psicológico»  (BP). 


32 


René  Ramírez  G. 


= satisfacción  = bienestar).  En  la  práctica,  cuando  se  parte  del  axioma  de  la 
«preferencia  revelada»  se  da  por  supuesto  que  el  bienestar  coincide  con  el 
poder  adquisitivo  (ingreso  o consumo;  ver  Gasper,  2005:  187).28 

Si  bien  dentro  del  marco  de  análisis  señalado  la  «utilidad»  ha  sido  me- 
dida en  términos  de  consumo  o riqueza  monetaria,  en  la  discusión  sobre 
bienestar  han  surgido  también  posicionamientos  que  valoran  la  utilidad  a 
través  de  medidas  subjetivas  (EBS)  relacionadas  con  la  felicidad  o la  satisfac- 
ción con  la  vida  (Easterlin,  1974;  Scitovsky,  1976;  Layard,  1980;  Van  Praag, 
1968  y 1971;  Veenhoven,  1989;  Van  Praag  y Ferrer-i-Carbonell,  2004,  entre 
otros).  Vale  señalar  que  también  dentro  del  marco  de  la  perspectiva  subje- 
tiva se  han  elaborado  investigaciones  que  abordan  el  bienestar  desde  una 
mirada  psicológica,  razón  por  la  cual  esta  perspectiva  ha  recibido  el  nom- 
bre de  «bienestar  psicológico»  (BP),  siendo  su  mayor  representante  el  pre- 
mio Nobel  en  2005,  Daniel  Kahneman.  A través  de  métodos  psicológicos,  la 
perspectiva  del  BP  busca  medir  la  «utilidad  experimentada»:  si  la  utilidad 
de  una  decisión  se  revela  a través  de  la  elección,  la  utilidad  experimentada 
se  mide  mediante  métodos  psicofísicos.  En  esta  aproximación,  y muy  cerca 
de  la  perspectiva  hedónica  propuesta  por  Bentham,  la  felicidad  se  considera 
como  la  minimización  del  dolor  o la  maximización  del  placer. 

Es  importante  señalar  que  tanto  la  teoría  del  consumidor  como  los 
acercamientos  subjetivos  para  medir  el  bienestar  usualmente  han  tenido  su 
base  principalmente  en  el  utilitarismo  benthamiano. 

Recientemente,  un  grupo  de  teorías  que  provienen  de  diferentes  disci- 
plinas han  alcanzado  relevancia  en  la  ciencia  social  ya  que  proveen  guías 
para  evaluar  el  bienestar  humano  (BH),  como  sucede  con  el  enfoque  de  las 
capacidades  (Comim,  2005:  1).  El  enfoque  de  las  capacidades  (EC),  bajo  la 
influencia  principal  de  los  trabajos  de  Amartya  Sen  (1984,  1999)  y Martha 
Nussbaum  (2000),  promueve  la  inclusividad  teórica,  enfatizando  la  «auto- 
nomía» y la  «agencia  humana»  como  dimensiones  fundamentales  del  BH.29 
Una  visión  ligada  a esta  última  perspectiva  —aunque  intenta  ser  crítica  prin- 

28  Una  crítica  incisiva  a la  medición  del  bienestar  a través  del  PIB,  el  consumo  o el  ingreso,  vie- 
ne desde  la  economía  ecológica.  La  incorporación  de  los  problemas  intergeneracionales  y la 
sostenibilidad  ambiental  es  quizá  uno  de  los  mayores  aportes  de  este  marco  de  análisis  obje- 
tivo. El  uso  de  medidas  biofísicas  (biomasa)  o la  huella  ecológica  son  metodologías  que  bus- 
can incorporar  las  temáticas  ambientales  en  el  análisis  económico. 

29  La  dificultad  para  volver  operativo  el  concepto  de  capacidades  ha  sido  una  de  las  principales 
críticas  a este  enfoque.  Quizá  gracias  a los  indicadores  sintéticos  como  el  propuesto  por  el 
propio  Sen  a través  del  índice  de  Desarrollo  Humano  (IDH)  se  pueda  sortear,  en  cierta  me- 
dida, esta  limitación.  Las  metodologías  propuestas  en  la  Comisión  Stiglitz  en  Francia  o la 
realizada  por  la  New  Economic  Foundation  (NEF)  en  Inglaterra  tienen  una  mirada  multidi- 
mensional  alternativa  para  medir  el  bien-estar. 


Marco  conceptual 


33 


cipalmente  con  la  perspectiva  de  Sen  sobre  las  capacidades—  es  el  enfoque 
del  florecimiento  humano  (EFH).30  El  EFH  considera  el  desarrollo  de  las 
fuerzas  esenciales  humanas,  es  decir,  busca  satisfacer  necesidades  y desarro- 
llar y potenciar  capacidades;  sus  mayores  exponentes  son  Nussbaum,  Marx, 
Markus,  Boltvinik.  Este  enfoque  caracteriza  el  bienestar  o la  pobreza  según 
la  amplitud  o estrechez  con  la  cual  se  conciben  las  necesidades  humanas,  los 
satisfactores  que  posibilitan  su  satisfacción,  los  recursos  (o  fuentes  de  bienes- 
tar) que  hacen  posible  el  acceso  a los  satisfactores  y las  potencialidades  que 
puede  conseguir  cada  persona.  En  este  marco,  los  obstáculos  para  el  flore- 
cimiento están  relacionados  con  la  insatisfacción  de  las  necesidades  huma- 
nas (pobreza)  y la  alienación  de  los  individuos  (o  la  separación  del  tiem- 
po de  trabajo  y el  tiempo  libre).  Estas  entradas,  si  bien  evalúan  el  bienestar 
o calidad  de  vida  de  una  manera  objetiva,  también  incorporan  en  su  análi- 
sis la  perspectiva  subjetiva  para  evaluar  el  bienestar  de  la  población.  En  es- 
tos enfoques  no  existe  una  variable  objetiva,  sino  que  se  evalúa  cada  capaci- 
dad, cada  funcionamiento  o cada  necesidad  como  una  variable  objetiva  en 
sí  misma.  El  EC  o el  EFH  utilizan  variables  multidimensionales  o compues- 
tas para  evaluar  el  bienestar  o,  en  su  defecto,  realizan  evaluaciones  especí- 
ficas dependiendo  del  ámbito  de  la  vida:  hambrunas,  democracia,  servicios 
básicos,  descentralización,  salud,  sostenibilidad  ambiental,  etc.  El  enfoque 
de  capacidades  propone,  como  diría  Edgar  Morin,  un  pensamiento  comple- 
jo que  articule  miradas  multidimensionales,  metodologías  multicriterio,  y 
toma  en  cuenta  la  pluridiversidad  de  la  humanidad,  tanto  lo  subjetivo  co- 
mo lo  objetivo,  lo  absoluto  como  lo  relativo,  lo  cualitativo  como  lo  cuanti- 
tativo, entre  otras  cosas.  Quizá  su  mayor  defecto  resulta  su  mayor  virtud,  al 
evitar  la  simplificación  de  la  realidad  a la  que  ha  conducido  la  economía  uti- 
litaria o neoclásica.  Si  bien  al  especificar  el  marco  de  acción  de  estudio  (sa- 
lud, nutrición,  etc.)  el  EC  o el  EFH  pueden  ser  mucho  más  rigurosos,  aún 
subyace  el  problema  de  que  puede  haber  tantas  aristas  como  ámbitos  tenga 
la  vida.  En  el  caso  de  construir  variables  compuestas,  no  dejará  de  presentar 
dificultades  la  simplificación  (variables  omitidas)  o complejidad  que  pueda 
tener  el  índice  de  acuerdo  a cómo  se  delimite  al  concepto  de  capacidades  o 
florecimiento.31  Vale  señalar  que  el  EC  y el  EFH  basan  buena  parte  de  su  sus- 

30  Vale  recordar  que  las  críticas  que  hace  Julio  Boltvinik  al  enfoque  de  capacidades  propuestas 
principalmente  por  Sen  son:  «1.  no  considera  la  unidad  necesidad-capacidad  como  elemen- 
to constitutivo  del  enfoque  del  florecimiento  humano,  2.  aborda  directa  y exclusivamente  el 
eje  del  nivel  de  vida  porque  solo  considera  los  funcionamientos  asociados  al  uso  de  bienes  y 
servicios,  3.  solo  considera  las  capacidades  asociadas  al  poder  de  compra  y no  a las  capacida- 
des humanas  como  tales»  (Boltvinik,  2007:  66). 

31  Dicho  sea  de  paso,  a diferencia  de  Martha  Nussbaum,  Amartya  Sen  jamás  creó  una  lista  que 
definiese  cuáles  son  las  capacidades  básicas. 


34 


René  Ramírez  G. 


tentó  argumentativo  principalmente  en  la  perspectiva  aristotélica  y,  en  al- 
gunos aspectos,  marxista. 

Dentro  de  este  marco,  podríamos  anotar  que  en  las  configuraciones  se- 
ñaladas existe  una  tensión  tanto  teórica  como  empírica  entre  la  perspecti- 
va de  Bentham  y la  de  Aristóteles.  En  términos  generales  podríamos  afirmar 
que  la  teoría  del  consumidor  y la  teoría  subjetiva  y psicológica  del  bienes- 
tar se  encuadran  en  la  perspectiva  benthamiana,  en  tanto  que  la  teoría  de 
capacidades  y la  del  florecimiento  humano  responden  a un  marco  filosófi- 
co más  aristotélico. 

En  efecto,  desde  un  punto  de  vista  teórico  podríamos  sostener  que  existe 
un  debate  entre  la  idea  subjetiva  hedónica  de  la  felicidad  propuesta  desde  el 
enfoque  utilitario  (teoría  del  consumidor  racional  y BP)  y la  idea  objetiva  de 
la  perspectiva  de  la  eudaimonía.  En  la  mirada  hedonista,  la  felicidad  es  el  resul- 
tado de  evitar  el  dolor  y alcanzar  el  placer.  En  contraste,  desde  la  perspectiva  eu- 
demónica  la  felicidad  crece  en  función  a cómo  el  individuo  desarrolla  sus  potencialida- 
des y cómo  la  gente  interactúa  dentro  de  la  sociedad  (Bruni  y Porta,  2007:  7).32  Vale 
señalar,  no  obstante,  que  entre  ambos  autores  existe  un  punto  de  convergen- 
cia (en  su  resultado,  no  así  en  el  proceso):  el  bien  más  importante  de  la  vida 
es  la  «felicidad». 

Como  bien  ha  señalado  Bruni,  en  la  revisión  de  la  bibliografía  sobre  feli- 
cidad y economía,  la  perspectiva  hedónica  ha  recibido  total  atención,  dejando 
a un  lado  la  aproximación  desde  la  eudaimonía  aristotélica  (Bruni,  2006:  20). 

Si  bien  la  perspectiva  utilitaria  benthamiana  ha  sido  evaluada  empírica- 
mente a través  del  consumo  o «autoevaluación  subjetiva  de  la  felicidad»,  el 
enfoque  aristotélico  no  ha  sido  evaluado  de  una  forma  completa  en  sentido 
estricto  ni  por  el  EC  ni  por  el  EFEl.  De  hecho,  una  de  las  principales  críticas 
al  EC  ha  sido  su  imposibilidad  de  volver  plenamente  operativo  el  concepto, 
y por  lo  tanto  la  dificultad  de  evaluarlo33;  mientras  que  el  EFH  se  ha  concen- 
trado en  la  satisfacción  de  las  necesidades  como  variables  intermedias  de  la 
búsqueda  del  bienestar. 


32  Como  se  leerá  más  adelante,  quisiera  recalcar  que  no  estudiaré  directamente  el  fin  del  Buen 
Vivir  sino  los  medios  que  llevan  a ese  fin.  Debemos  señalar  que  para  Aristóteles  ese  fin  es  la 
felicidad,  que  es  un  bien  perfecto  «pues  la  elegimos  siempre  por  ella  misma  y nunca  por  otra 
cosa,  mientras  que  los  honores,  el  placer,  el  entendimiento  y toda  virtud  los  deseamos  cier- 
tamente en  sí  mismos,  pero  sobre  todo  en  vista  de  la  felicidad»  (1994a:  39).  No  quisiera  co- 
meter el  error  en  que  ha  incurrido  la  economía  utilitaria  y neoclásica  al  equiparar  la  utilidad 
—que  es  el  fin  último  según  tal  perspectiva—  con  el  medio  para  conseguirla,  que  para  los  uti- 
litarios es  el  consumo/ingreso. 

33  A pesar  de  lo  mencionado,  existen  esfuerzos  por  buscar  formas  de  volver  operativo  el  con- 
cepto de  capacidades.  Ver  por  ejemplo  las  partes  II  y III  de  Comim,  Qizilbash  y Alkire  (2008). 
Volveremos  sobre  esta  temática  más  adelante. 


Marco  conceptual 


35 


Es  necesario  señalar  que  el  EC  y el  EFEI  critican  el  uso  de  la  felicidad  co- 
mo variable  objetiva,  puesto  que  los  individuos  pueden  «adaptar  sus  pre- 
ferencias» (gustos  baratos  y gustos  caros)  a sus  circunstancias.  Justamen- 
te para  no  entrar  en  el  debate  sobre  las  críticas  al  concepto  de  felicidad  que 
se  da  en  la  discusión  de  la  bibliografía  económica,  abordaré  la  problemática 
desde  los  procesos  y no  a partir  de  los  fines,  ya  que  teóricamente  aquí  radi- 
ca la  diferencia  entre  la  perspectiva  hedónica  (Bentham)  frente  a la  eudemóni- 
ca  (Aristóteles):  mientras  que  según  el  inglés,  para  vivir  bien  hay  que  ser  feliz,  para  el 
filósofo  griego  solo  quien  vive  bien  puede  ser  feliz.  Por  eso  la  importancia  de  anali- 
zar el  proceso  de  alcanzar  la  felicidad  es  fundamental  en  la  perspectiva  aris- 
totélica, razón  por  la  cual  consideraremos  en  este  texto  el  medio  que  permi- 
te a las  personas  y a la  sociedad  llegar  a ese  florecimiento/felicidad. 

Podríamos  señalar  —en  términos  generales  y siguiendo  a Aristóteles— 
que  los  tres  espacios  a través  de  los  cuales  el  ser  humano  puede  conseguir 
la  mayor  felicidad  posible  —luego  de  haber  satisfecho  necesidades  entre  las 
que  se  incluye  gozar  de  buena  salud—  están  asociados  al  goce  contemplativo 
que  puede  obtener  a través  del  ocio  emancipador  (tiempo  libre34);  a la  posi- 
bilidad que  cada  individuo  tiene  de  participar  en  la  vida  pública,  civil  o po- 
lítica ( philt'a 35);  y a la  voluntad  de  amar  y ser  amado.36  Desde  esta  perspectiva 
de  análisis,  estas  últimas  características  son  los  componentes  de  lo  que  se  ha 
denominado  en  la  bibliografía  especializada  como  producción/consumo  de 
«bienes  relaciónales».37  Para  Aristóteles  estas  características  son  partes  esen- 


34  Es  el  tiempo  dedicado  a teorizar,  pensar,  filosofar,  comprender(nos),  crear,  autoconocerse,  cono- 
cer y amar  la  naturaleza  y el  entorno  en  el  que  vivimos.  Si  bien  usualmente  el  ocio  ha  sido  enten- 
dido como  opuesto  a trabajo,  en  caso  de  que  exista  una  fusión  entre  ambos  serán  entendidos  co- 
mo sinónimos;  es  decir,  el  trabajo  emancipador  sería  parte  del  tiempo  liberador,  y viceversa. 

35  En  la  filosofía  aristotélica,  la  philia  no  se  circunscribe  a la  amistad  entre  amigos  sino  que  tie- 
ne que  ver  principalmente  con  la  relación  entre  ciudadanos;  es  decir,  tiene  que  ver  con  la  na- 
turaleza esencialmente  gregaria  y política  del  ser  humano. 

36  En  este  componente  se  incluyen  las  relaciones  sociales  con  amigos  que  cada  persona  puede 
desarrollar  a lo  largo  de  su  vida.  Además,  tal  perspectiva  implica  una  mirada  biocéntrica  en 
la  cual  se  incorpora  el  amor  por  la  naturaleza  en  el  marco  de  la  relación  entre  sociedad  y me- 
dio ambiente. 

37  Siguiendo  a Aristóteles  y a los  filósofos  griegos,  podríamos  señalar  que,  basándonos  en  el  he- 
cho de  que  el  ser  humano  es  un  ser  gregario  por  naturaleza,  la  contemplación  parte  del  au- 
toconocimiento  y del  amor  que  se  puede  llegar  a tener  uno  mismo.  La  producción  de  bie- 
nes relaciónales  se  fundamenta  en  el  hecho  de  que  en  la  propia  contemplación  me  conozco 
y mientras  mejor  me  conozca  puedo  amar  más  genuinamente  al  otro.  En  ese  sentido,  el  pri- 
mer paso  de  la  producción  de  bienes  relaciónales  está  ligado  al  propio  proceso  de  teorizar  y 
pensarse  uno  mismo  para  conocerse  y poder  amar  al  otro,  al  entorno  y a la  naturaleza.  En  tal 
virtud,  en  este  texto  incluimos  como  una  condición  constitutiva  de  la  generación  y disfrute 
de  los  bienes  relaciónales  a la  contemplación  en  sentido  aristotélico. 


36 


René  Ramírez  G. 


cíales  de  una  vida  plena,  de  una  vida  feliz.  En  este  marco,  tan  importante  co- 
mo analizar  la  felicidad  es  estudiar  el  proceso  a través  del  cual  se  llega  a ser 
feliz;  es  decir,  las  variables  que  explicarían  el  resultado  final.  Nos  concen- 
traremos en  este  texto  en  los  medios  y no  en  el  fin  mismo  de  la  vida  plena.38 

Como  bien  señala  Bruni  (2006),  la  buena  vida  es  al  mismo  tiempo  cons- 
titutivamente civil  y por  ello  frágil.39  Renunciar  a esa  fragilidad  significaría 
renunciar  a la  buena  vida  en  sí  misma,  nos  dice  Bruni.  He  aquí  la  «paradoja 
de  la  vida  civil».  En  la  historia  de  la  economía  y de  la  filosofía  política  mo- 
derna podemos  observar  que  para  resolver  esta  paradoja  se  renunció,  de  he- 
cho, a una  vida  cívica  completa,  buscando  con  ello  evadir  dicha  fragilidad. 
En  este  proceso,  la  mayor  invención  de  la  modernidad  fue  el  mercado,  el 
cual  analíticamente  respondía  a este  objetivo: 

[...]  más  allá  de  cualquier  otra  invención,  el  mercado  nos  emancipa  a nosotros 
de  la  dependencia  de  las  otras  personas  [...].  El  mercado  emancipa  de  tal 
dependencia,  pero,  al  hacerlo,  remueve  el  locus  de  la  genuina  sociabilidad 
(Bruni,  2006:  15).40 

Con  la  creación  del  mercado  se  resuelve  la  paradoja  de  la  vida  civil.  Es  por 
esto  que,  a nuestro  modo  de  ver,  el  andamiaje  conceptual  neoclásico  (de 
mercado)  por  definición  (por  construcción)  es  anti-buena-vida  al  ser  indi- 
vidualista y eliminar  la  fragilidad  de  la  felicidad  civil.  Este  artículo  preten- 
de deliberadamente  traer  nuevamente  al  centro  del  debate  de  la  economía 
—tanto  conceptual  como  empíricamente—  la  fragilidad  que  está  en  disputa 
en  la  búsqueda  del  florecimiento  vital. 

Desde  la  perspectiva  aristotélica,  y siguiendo  a Martha  Nussbaum 
(1986)  y Luigino  Bruni  (2005),  la  presente  investigación  basa  el  análisis  del 


38  Esto  no  quiere  decir  que  la  perspectiva  aquí  presentada  no  busque  incentivar  un  análisis  de 
fines  donde  sea  posible  realizarlo.  Si  una  capacidad  importante  en  la  vida  es  saber  leer  y es- 
cribir, deberíamos  construir  indicadores  que  permitan  visibilizar  el  porcentaje  de  personas 
alfabetas  en  un  territorio.  Lo  que  sí  se  reconoce  en  este  trabajo  es  que  temas  fundamentales 
de  la  vida  como  la  búsqueda  de  la  verdad,  el  sentimiento  de  paz,  de  amor,  la  contemplación 
de  la  belleza  son  categorías  no  susceptible  de  medición  a plenitud  (incluso  habría  que  pre- 
guntarnos si  sería  deseable  hacerlo).  Para  no  perder  la  exhaustividad  de  su  teoría,  quizá  es- 
te argumento  sea  una  de  las  razones  por  las  cuales  el  premio  Nobel  Amartya  Sen  se  niegue  a 
establecer  una  lista  de  capacidades  o funcionamientos  como  hace  Martha  Nussbaum.  Que- 
darse en  el  espacio  de  la  teoría  puede  ser  una  estrategia  epistemológica  para  no  cerrar  puer- 
tas de  análisis. 

39  Quizá  la  mayor  tensión  de  la  ética  aristotélica  radica  en  que  la  eudaimonía  es  a la  vez  autosu- 
ficiente  y autárquica,  y al  mismo  tiempo  depende  de  un  otro.  La  vida  contemplativa  es  supe- 
rior, pero  depende  de  la  philia  (ver  Bruni,  2006). 

40  Traducción  propia  y énfasis  añadido. 


Marco  conceptual 


37 


Buen  Vivir  no  solo  en  los  bienes  públicos  o privados  que  consumen  las  per- 
sonas y en  cómo  se  producen,  sino  sobre  todo  en  qué  medida  y bajo  qué 
condiciones  se  producen/consumen  bienes  relaciónales.41  Como  se  mencio- 
nó anteriormente,  los  bienes  relaciónales  son  aquellos  bienes  que  solo  pue- 
do «poseer»  en  un  acuerdo  con  un  otro ; aquellos  bienes  que  tienen  compo- 
nentes afectivos  y comunicativos;  aquellos  bienes  que  no  tienen  un  precio 
de  mercado  sino  que  son  valorados  porque  responden  a una  necesidad  sub- 
jetiva de  interacción;  aquellos  bienes  que  son  co-consumidos  y co-produci- 
dos  al  mismo  tiempo  por  los  sujetos  involucrados;  aquellos  bienes  que  solo 
pueden  ser  disfrutados  en  la  medida  que  involucren  potencial  de  recipro- 
cidad; aquellos  bienes  en  que  la  relación,  por  sí  misma,  constituye  un  bien 
(ver  Bruni,  2005:  130-135).  La  producción  de  bienes  relaciónales  no  puede 
florecer  socialmente  si  existen  niveles  altos  de  desigualdad  social,  dado  que 
en  sociedades  desiguales  la  posibilidad  de  mutuo  reconocimiento  se  desva- 
nece. Es  por  esta  razón  que  una  de  las  condiciones  para  que  florezca  la  bue- 
na vida  es  la  construcción  de  sociedades  lo  suficientemente  igualitarias  pa- 
ra que  la  relación  y el  mutuo  reconocimiento  prospere. 

Bajo  el  marco  conceptual  señalado,  la  propuesta  de  esta  investigación 
es  indagar  en  qué  medida  el  tiempo  y sobre  todo  la  optimización  del  tiempo 
para  la  contemplación  (el  autoconocimiento)  y la  creación  de  bienes  relació- 
nales puede  ser  un  indicador  intermedio  adecuado  para  medir  el  Buen  Vivir 
o sumak  kawsay  de  las  personas  y de  la  sociedad. 

2.2.  Del  ingreso  pleno  (full  incomé)  a la  vida  plena  (full  Ufe): 
el  tiempo  como  Buen  Vivir  y riqueza  de  los  pueblos 

Como  se  mencionó  anteriormente,  el  utilitarismo  económico  ha  reducido 
empíricamente  la  utilidad  o felicidad  a la  revelación  de  preferencias  que  ha- 
ce el  individuo  cuando  escoge  «canastas»  de  productos  para  su  consumo. 
En  estricto  rigor,  la  microeconomía  utiliza  variables  intermedias  para  eva- 
luar el  bienestar  de  la  población.  La  variable  microeconómica  principal  que 
utiliza  el  utilitarismo  es  el  gasto  (consumo)  o la  posibilidad  de  gasto  que  tie- 
ne cada  individuo  (ingreso).  A nivel  agregado  se  usan  el  Producto  Interno 
Bruto  (PIB),  el  Producto  Nacional  Bruto  (PNB),  el  Producto  Nacional  Neto 
(PNN)42;  variables  que  luego  se  dividen  para  la  población  de  un  territorio. 


41  Como  se  mencionará  más  adelante,  sistemas  productivos  compatibles  con  la  economía  del 
Buen  Vivir  son  la  economía  social,  popular  y solidaria,  la  economía  ecológica  y la  economía 
del  cuidado  o feminista. 

42  Para  Adam  Smith  la  riqueza  nacional  constituiría  lo  que  hoy  en  día  se  denomina  la  renta  nacional. 


38 


René  Ramírez  G. 


Estas  variables  aluden  a la  capacidad  que  tiene  un  país  de  generar  riqueza, 
la  cual  se  calcula  a través  de  la  cantidad  de  «canastas»  que  produce  la  socie- 
dad, y que  potencialmente  puede  consumir/vender  una  población  dada,  ya 
sea  al  interior  o afuera  de  su  territorio. 

Vale  señalar  que  el  enfoque  neoclásico/utilitario  —a  partir  de  Gary  Bec- 
ker  (1976)—  introduce  la  variable  tiempo  en  el  análisis  incorporando  en  el 
ingreso  el  costo  de  oportunidad  del  tiempo  no  productivo.  Para  medir  el 
bienestar,  entonces,  Becker  calcula  el  ingreso  pleno  (full  incomé).  En  contras- 
te con  la  propuesta  teórica  realizada  por  Becker,  esta  investigación  preten- 
de analizar  la  vida  plena  o Buen  Vivir  (full  Ufe  o good  Ufe)  considerando  cómo 
se  distribuye  el  tiempo  y cuánto  se  disfruta  en  la  producción/consumo  de 
bienes  relaciónales. 

En  la  propuesta  de  Becker,  al  ingreso  se  añade  el  «gasto»  del  tiempo  de 
no  trabajo  remunerado  medido  en  unidades  monetarias.  En  la  presente  in- 
vestigación planteamos,  por  el  contrario,  que  el  Buen  Vivir  debe  analizar- 
se no  a través  de  cuánto  ingreso  tengo  o podría  tener,  sino  a través  de  cómo 
cada  individuo  y sociedad  asignan  el  tiempo,  y cuánto  disfrutan  de  aquella 
asignación  —y  cuánta  vida  (biodiversidad),  medida  en  tiempo,  tiene  el  terri- 
torio en  que  habita—.  En  nuestra  propuesta,  la  unidad  de  análisis  de  la  eco- 
nomía no  sería  el  dinero  sino  el  propio  tiempo  (segundos,  minutos,  horas, 
semanas,  años,  etc.),  y sobre  todo  el  tiempo  del  que  dispone  la  sociedad  y las 
personas  para  la  producción  genuina  de  bienes  relaciónales:  la  vida  buena  co- 
mo riqueza  de  los  pueblos  y sociedades;  la  vida  vivida  a plenitud  y en  armonía  con  la 
naturaleza,  expresada  en  el  tiempo  bien  vivido  y en  el  tiempo  de  vida  de  la  naturaleza 
como  riqueza  de  los  pueblos,  de  las  sociedades  y de  los  territorios. 

Quizá  aquí  cabría  una  pequeña  digresión  sobre  el  uso  del  concepto  de 
bienestar  en  castellano.  En  un  estudio  anterior  (Ramírez  G.,  2008b)  sugerí 
que  la  palabra  bien-estar  es  un  concepto  que  en  el  idioma  castellano  resulta 
problemático  dado  que  en  inglés  ( well-being ) el  verbo  to  be  significa  «ser»  y «es- 
tar», y en  su  equivalente  castellano  solo  se  toma  en  cuenta  el  estar  de  las  per- 
sonas y no  su  ser.  Más  allá  de  que  el  concepto  de  bienestar  tenga  sus  propias 
connotaciones  teóricas,  dado  el  proceso  histórico  y político  que  vive  Ecuador, 
defenderemos  que  el  concepto  de  Buen  Vivir43  o sumak  kawsay  es  una  noción 
que  no  solo  toma  en  cuenta  al  estar,  sino  sobre  todo  al  ser  de  la  vida. 

El  debate  teórico/político  que  aquí  se  plantea  es  de  gran  relevancia  por- 
que lo  que  está  en  juego  es  una  forma  de  civilización  disputada  desde  la  dis- 


43  Quizá  resulte  repetitivo,  pero  no  es  de  menor  importancia  insistir  en  que  el  marco  de  análisis  del 
Buen  Vivir  surge  de  un  pacto  de  convivencia  político  de  la  sociedad  ecuatoriana  y no  de  un  marco 
conceptual  académico.  Para  estudiar  una  interpretación  sobre  dicho  pacto,  ver  Ramírez  G.  (2010). 


Marco  conceptual 


39 


ciplina  económica.  En  efecto,  si  bien  los  modelos  neoclásicos  han  abordado 
el  tema  temporal,  dicho  enfoque  ve  al  tiempo  no  productivo  como  un  cos- 
to de  oportunidad  que  debe  ser  incorporado  a la  función  de  utilidad  de  los 
hogares.  Tal  coste  se  debe  medir  monetariamente,  ya  que  el  tiempo  dedica- 
do a actividades  no  productivas,  no  mercantiles  o domésticas,  podría  haber 
sido  utilizado  productivamente.44  El  enfoque  del  ingreso  total  o pleno  incor- 
pora entonces  el  trabajo  productivo  y no  productivo.  Implícitamente  po- 
dríamos señalar  que  en  tal  modelo,  como  afirma  Julio  Boltvinik,  el  hogar 
ideal  para  los  economistas  neoclásicos  sería  aquel  en  que  todos  los  miem- 
bros son  asalariados,  realizan  todas  sus  comidas  fuera  del  hogar  y contra- 
tan los  servicios  de  lavado,  planchado  y aseo  del  hogar;  es  decir,  los  requeri- 
mientos del  tiempo  de  trabajo  doméstico  serían  igual  a cero,  necesitándose 
tiempo  únicamente  para  el  trabajo  remunerado  y el  consumo  (Boltvinik  cit. 
por  Damián,  2007:  485).  Desde  el  enfoque  neoclásico,  en  dicho  consumo 
podríamos  afirmar  que  la  producción  de  bienes  relaciónales  sería,  implíci- 
tamente, parte  de  la  industria  del  entretenimiento  individual  y social.  Des- 
de esta  perspectiva,  en  una  cita  de  dos  amigos  para  tomar  un  café  lo  impor- 
tante sería  la  utilidad  que  se  obtiene  de  la  venta  del  café,  y no  la  amistad. 

Vale  recordar  que  desde  la  microeconomía  neoclásica  al  analizar  el  mer- 
cado laboral,  el  individuo  busca  maximizar  su  utilidad/satisfacción  en  fun- 
ción del  consumo  y del  ocio,  sujeto  a la  restricción  del  tiempo  y el  salario. 
Si  bien  parecería  que  aquí  se  incorpora  la  variable  tiempo,  el  análisis  usual- 
mente se  circunscribe  a cómo  maximizar  el  ingreso  para  poder  consumir 
más,  dado  que  el  tiempo  libre  es  un  bien  más  de  consumo,  para  lo  cual  exis- 
te —por  ejemplo—  la  industria  del  entretenimiento.  No  es  casual  que  en  in- 
glés se  suele  decir  to  waste  time  (vamos  a «gastar  el  tiempo»)  o en  castellano 
«perder  el  tiempo».  A lo  que  nos  referimos  es  a que,  en  estricto  rigor,  tal  mi- 
rada supuestamente  neutra  implica  una  propuesta  de  vida:  la  de  la  opulen- 
cia y la  insatisfacción  permanente  («acumular  más  es  siempre  mejor»).  La 
profecía  se  cumple  en  la  medida  en  que  se  construye  un  discurso  hegemóni- 
co  en  donde  el  bienestar  depende  del  consumo  y este  del  ingreso,  razón  por 
la  cual  se  puede  afirmar  que  la  mayor  utilidad  se  consigue  en  cuanto  más  in- 
greso/consumo obtenga  cada  ciudadano. 

En  países  como  los  nuestros,  con  mercados  laborales  segmentados,  el 
pleno  empleo  es  una  falacia  en  la  mayoría  de  la  economía  y,  por  lo  tanto, 
también  es  falaz  el  supuesto  trade-off  entre  salario  y ocio.  No  es  casualidad 

44  Una  de  las  críticas  que  suelo  hacer  a la  perspectiva  feminista  de  incorporación  en  el  PIB  del 
trabajo  no  remunerado  es  que  terminan  mercan tilizándolo  (caen  en  la  misma  lógica  que  cri- 
tican), pero  sobre  todo  asignan  —usualmente—  el  valor  monetario  más  bajo  y menos  valo- 
rado de  la  sociedad  capitalista,  que  es  el  del  servicio  doméstico. 


40 


René  Ramírez  G. 


que  el  promedio  de  horas  de  trabajo  en  el  Ecuador  sea  de  42  horas  semana- 
les y que  aquellos  que  tienen  un  segundo  empleo  en  promedio  trabajen  15 
horas  semanales,  a pesar  de  que  la  ley  señala  que  se  debe  trabajar  solo  40.  No 
olvidemos  también  que  el  10%  más  pobre  según  el  ingreso  solo  trabaja  35 
horas  semanales  de  una  manera  no  voluntaria;  que  el  32%  de  la  población 
desearía  trabajar  más  horas  y no  puede;  o que  de  las  personas  que  se  encuen- 
tran descontentas  con  el  trabajo,  el  32%  señala  que  se  debe  al  exceso  de  ho- 
ras de  trabajo.  La  decisión  real  que  toma  cada  ciudadano  es  cómo  distribuye 
el  tiempo  descontando  el  tiempo  que,  sí  o sí,  tiene  que  utilizar  para  traba- 
jar y/o  para  satisfacer  sus  necesidades.  Incluso  podríamos  señalar  que  el  tra- 
bajador —siguiendo  la  lógica  del  «agente-principal»—  busca  robar  tiempo  al 
trabajo  y obtener  el  mismo  salario.45  En  el  sistema  capitalista  en  que  funcio- 
nan nuestras  economías,  la  mejor  forma  de  resolver  este  problema  es  tener 
niveles  significativos  de  desempleo,  como  han  evidenciado  Stiglitz  y Shapi- 
ro  (1984)  siguiendo  la  propuesta  de  Marx  del  «ejército  de  reserva».  El  des- 
empleo funciona  como  un  mecanismo  disciplinador  y como  una  amenaza 
latente  para  los  «holgazanes».46 

Parafraseando  ajuliet  Schor  en  The  Overworked  American,  podríamos  afir- 
mar que  hemos  pagado  un  precio  muy  alto  por  la  prosperidad  (cit.  por  Levine, 
2006:  193).  El  capitalismo  ha  permitido  a algunos  alcanzar  un  altísimo  están- 
dar de  vida,  pero  al  costo  de  una  vida  de  trabajo  mucho  más  exigente.47  Asi- 
mismo, podríamos  decir  que  a costa  de  menos  tiempo  para  el  florecimiento 
individual  y social.  La  televisión  a color,  el  microondas,  el  iPod  e internet,  mu- 
chas veces  cumplen  el  objetivo  de  ser  instrumentos  para  dispersarnos  y hacer- 
nos olvidar  el  trabajo  agotador.48  Instrumentos  como  el  celular  ( Blackberry ) o 
el  mismo  iPad  son  artefactos  que  viabilizan  que  las  personas  puedan  seguir 
trabajando  incluso  en  su  supuesto  tiempo  libre.  «La  creencia  popular  de  que 
el  progreso  económico  nos  ha  dado  más  cosas,  así  como  más  descanso,  es  di- 
fícil de  sostener»  (Schor  cit.  por  Levine,  2006:  193).49 


45  Quizá  en  reacción  a lo  que  Marx  llamaría  «la  usurpación  del  tiempo  por  parte  del  capitalista». 

46  Explícitamente  pongo  este  adjetivo  porque  así  se  suele  usar  provocativamente  en  la  biblio- 
grafía del  mercado  de  trabajo  luego  del  estudio  de  Stiglitz  y Shapiro  (1984). 

47  Como  se  verá  más  adelante,  sostenemos  que  el  objetivo  final  es  que  el  propio  trabajo  sea  un  es- 
pacio de  realización  de  la  vida.  Lamentablemente,  el  capitalismo  ha  hecho  que  esa  escisión  sea 
de  fado  y que  el  espacio  del  trabajo  no  necesariamente  sea  un  espacio  de  florecimiento  humano. 

48  Bruni  y Stanca  (2006)  demostraron  empíricamente  que,  por  ejemplo,  ver  televisión  va  en  de- 
trimento del  consumo  y producción  de  bienes  relaciónales. 

49  Una  reflexión  más  profunda  se  debería  hacer  respecto  al  impacto  de  sistemas  como  Face- 
book  o Twitter,  que  constituyen  espacios  virutales  que  potencialmente  permiten  generar  y 
disfrutar  de  más  bienes  relaciónales.  No  obstante,  cabe  preguntarse  y discutir  si  dichas  he- 


Marco  conceptual 


41 


Desde  una  nueva  perspectiva,  en  términos  intuitivos  podríamos  señalar 
que  el  individuo  puede  realizar  multiplicidad  de  actividades  sobre  las  cua- 
les tiene  que  tomar  una  decisión,  entre  ellas  dedicar  tiempo  para  gastar  su 
salario  en  consumo  de  bienes  y servicios.  Luego  de  usar  el  tiempo  necesa- 
rio para  satisfacer  las  necesidades  vitales,  si  tenemos  dos  individuos  hipo- 
téticos en  iguales  condiciones  y el  individuo  A decide  dedicar  su  tiempo  al 
trabajo  comunitario  y el  individuo  B a oír  música,  podríamos  señalar  que 
al  primero  le  produce  (ese  momento)  mayor  «felicidad»  el  trabajo  colecti- 
vo, en  tanto  que  al  segundo,  el  disfrute  cultural.  En  este  sentido,  si  noso- 
tros realizamos,  por  ejemplo,  dos  actividades  con  una  frecuencia  al  y a2  a 
lo  largo  del  día,  la  importancia  que  asignamos  a tales  actividades  viene  da- 
da por  el  tiempo  que  dedicamos  a las  mismas;  es  decir,  ti  y t2,  respectiva- 
mente. El  valor  no  se  mide  por  el  precio  sino  por  el  tiempo  que  asigna  o 
puede  asignar  una  persona  a cada  actividad  a lo  largo  de  un  período  tem- 
poral determinado  (un  día,  una  semana,  un  mes,  un  año,  etc.).  En  este  sen- 
tido, la  restricción  individual  viene  dada  por  la  suma  de  la  frecuencia  de  ca- 
da actividad  a lo  largo  de  un  período  dado,  multiplicada  por  el  tiempo  que 
dedica  el  individuo  a cada  actividad,  el  cual  tiene  que  ser  igual  a 24  horas50: 
al  tl  + a2  t2  = 24.  El  ciudadano  o ser  humano  (no  el  consumidor)  evalúa  las 
actividades  en  función  del  Buen  Vivir  que  le  produce  BV(al,  a2 ).  En  este  sen- 
tido, en  función  de  la  multiplicidad  de  actividades  que  el  individuo  pue- 
de hacer,  el  ejercicio  consiste  en  maximizar  el  Buen  Vivir  sujeto  a la  restric- 
ción al  ti  +d2  t2  = 24.  Incluso  podríamos  mencionar  que  tal  maximización 
se  realiza  descontando  el  tiempo  dedicado  a aquellas  actividades  que  un  ser 
humano  no  puede  dejar  de  hacer  y que  tienen  que  ver  con  la  satisfacción 
de  las  necesidades  vitales  ( nv ) y el  tiempo  comprometido  de  antemano  ca- 
da día  (te51).  Ponemos  por  separado,  para  hacerlo  explícito,  el  tiempo  dedi- 
cado al  trabajo/consumo  (í52),  razón  por  la  cual  la  restricción  que  pone  lími- 
te a la  función  del  Buen  Vivir  (BV53)  sería:  at  t +a2 12  = 24  - ( nv  t + íc  t + í t5). 


rramientas  no  producen  «soledades  acompañadas»  de  sustitución  de  la  «fisicalidad»  por  la 
intangibilidad  virtual.  Tema  de  debate  para  futuras  investigaciones. 

50  La  restricción  de  24  horas  puede  cambiar  si  se  modifica  el  horizonte  de  sentido  de  lo  desea- 
do. Por  ejemplo,  algunas  actividades  pueden  posponerse  para  el  fin  de  semana,  para  el  si- 
guiente mes  o para  el  año  venidero. 

51  En  este  rubro  se  incluye,  para  simplificar,  el  trabajo  no  remunerado. 

52  Este  tiempo  comprende  la  restricción  presupuestaria  para  la  satisfacción  de  las  necesidades, 
razón  por  la  cual  no  se  incluye  como  variable  el  ingreso  o el  gasto  (poder  de  compra).  Asimis- 
mo, en  la  función  del  tiempo  de  trabajo  y consumo  se  debe  considerar  la  función  que  garan- 
tice la  sostenibilidad  de  la  vida  natural. 

53  Símil  de  la  función  de  utilidad  en  la  teoría  neoclásica. 


42 


René  Ramírez  G. 


Desde  otra  perspectiva,  en  general  el  individuo  busca  minimizar  el  tiem- 
po dedicado  a las  actividades  del  lado  derecho  de  la  ecuación  para  tener  ma- 
yor tiempo  para  realizar  aquellas  actividades  en  que  más  florece  su  vida,  y 
que  están  asociadas  al  tiempo  libre  no  enajenado  y a la  producción  de  bie- 
nes relaciónales.  No  obstante,  más  allá  del  tiempo  para  la  contemplación  y 
el  autoconocimiento,  es  importante  señalar  que  dicha  maximización  toma 
en  cuenta  también  a un  otro  (amigo,  familiar,  pareja),  con  quien  va  a com- 
partir el  bien  relacional54;  es  decir,  una  maximización  coordinada  y no  úni- 
camente individual. 

Desde  una  aproximación  marxista,  podríamos  sostener  que  cada  indivi- 
duo tiene  un  tiempo  necesario  para  reproducir  la  vida,  un  tiempo  exceden- 
te del  trabajo  y un  tiempo  social,  que  es  en  donde  cada  persona  encuentra 
el  mayor  disfrute.  El  capitalismo  ha  tenido  como  objetivo  la  maximización 
del  tiempo  excedente  del  trabajo,  con  el  objetivo  de  producir  la  mayor  gene- 
ración de  riqueza  del  capitalista,  contabilizado  en  dinero.55  Una  nueva  pers- 
pectiva tendría  como  objetivo  minimizar  el  tiempo  excedente  del  cual  se 
apropia  el  capitalista;  para  ello  se  deben  buscar  nuevas  formas  de  organiza- 
ción y propiedad,  y distribuir  ese  tiempo  remanente  para  maximizar  el  tiem- 
po social;  es  decir,  liberar  tiempo  para  el  ocio  emancipador  y la  producción 
de  relaciones  sociales. 

En  la  minimización  del  tiempo  excedente  debería  incorporarse  el  te- 
ma de  la  sostenibilidad  ambiental.  En  este  proceso,  la  ciencia  y tecnología 
juegan  un  papel  fundamental,  que  debería  ser  diferente  al  que  actualmen- 
te desempeñan.  A medida  que  se  desarrolla  la  ciencia,  se  puede  construir 
un  sistema  económico  armónico  con  la  naturaleza:  desarrollo  productivo 
sin  desposesión,  siguiendo  a Harvey  (2007).  Asimismo,  se  puede  depender 
menos  del  trabajo  manual,  razón  por  la  cual  se  puede  liberar  más  tiempo 
para  la  generación/disfrute  de  bienes  relaciónales  en  un  ambiente  más  sa- 
ludable. Esto  implica  pasar  de  tener  una  ciencia  que  libera  tiempo  para  dis- 
minuir costos  y aumentar  la  circulación  del  capital  (mercancías  y dinero) 
a una  ciencia  que  libere  el  tiempo  para  el  disfrute  de  la  vida.  En  este  nuevo 
marco,  el  beneficio  de  la  ciencia  no  se  acumularía  privadamente,  sino  social 


54  Un  artículo  que  demuestra  empíricamente  la  importancia  de  la  coordinación  para  disfrutar  el 
ocio  es  el  escrito  por  Jenkins  y Osberg  (2005).  En  este  artículo  se  analiza  el  comportamiento  de 
parejas  británicas,  y se  otorga  evidencia  de  que  la  propensión  a participar  en  actividades  aso- 
ciativas dependerá  de  la  disponibilidad,  fuera  del  hogar,  de  compañeros  de  ocio  adecuados. 

55  Es  necesario  aclarar  que  en  el  plusvalor  del  trabajador  hay  que  incluir  el  trabajo  no  remune- 
rado dentro  de  la  unidad  familiar.  El  capitalista  no  solo  se  apropia  del  tiempo  del  trabaja- 
dor sino  del  tiempo  de  aquella  persona  que  con  su  trabajo  no  remunerado  permite  sostener 
a aquella  persona  que  sí  tiene  trabajo  remunerado. 


Marco  conceptual 


43 


y públicamente.56  Quizá  esto  podría  confirmar  la  tesis  de  Marx  de  que  el  de- 
sarrollo científico  y tecnológico,  a la  vez  que  le  permite  al  capital  reprodu- 
cirse más  eficazmente,  puede  acentuar  las  contradicciones  sociales  que  con- 
ducirán al  capitalismo  a su  propia  abolición. 

De  la  misma  forma,  el  análisis  del  tiempo  para  el  florecimiento  no  pue- 
de estar  separado  del  análisis  del  tiempo  del  trabajo  y del  sistema  económi- 
co imperante.  Si  bien  existen  personas  que  no  se  acogen  al  retiro  y se  man- 
tienen en  el  trabajo  toda  su  vida,  diferenciando  poco  entre  trabajo  y tiempo 
libre,  un  número  significativo  de  personas  viven  una  vida  en  que  se  produ- 
ce una  escisión  entre  la  vida  y el  trabajo,  lo  cual,  siguiendo  a Marx,  no  es  más 
que  la  escisión  entre  el  ser  humano  y la  existencia  humana.57  Esto  se  da  prin- 
cipalmente como  consecuencia  del  despojo  del  control  del  proceso  produc- 
tivo por  parte  del  trabajador.  En  efecto, 

si  lo  único  que  posee  la  persona  lo  usa  alguien  más  por  ocho  o más  horas 
diarias,  ¿qué  es  la  persona?  Si  en  ese  uso  que  otro  hace  de  sus  capacidades 
humanas  la  persona  no  se  siente  realizada,  no  siente  sus  fuerzas  esenciales 
transformando  al  mundo  y transformándose  a sí  misma;  si  solo  se  siente 
ajeno  [...]  ya  que  pertenece  al  patrón,  qué  sentido  tiene  que  la  paga  recibida 
sea  suficiente  para  sobrevivir,  si  al  día  siguiente,  y al  año  siguiente,  será 
igual  (Boltvinik,  2005:  419). 

En  el  caso  del  Ecuador,  el  1,8%  de  la  población  o el  3,4%  de  la  PEA  continúa 
—voluntariamente—  realizando,  en  sus  horas  libres,  las  mismas  actividades 
que  suele  hacer  en  las  horas  «oficiales»  de  trabajo.  Así,  podríamos  decir  que 
en  este  pequeño  grupo  existe  una  mínima  o nula  separación  entre  la  vida  y 


56  Para  un  análisis  del  papel  que  desempeñan  la  universidad  y la  ciencia  con  enfoque  liberador, 
ver  Ramírez  G.,  coord.  (2010).  Vale  la  pena  señalar  que  es  en  este  marco  que  se  ha  propuesto 
el  Plan  Nacional  para  el  Buen  Vivir  del  Ecuador,  en  donde  se  ha  considerado  como  centro  de 
la  transformación  productiva  el  bioconocimiento  (Ramírez  G.,  2010).  Asimismo,  es  importan- 
te recordar  que  el  propio  Presidente  Rafael  Correa  ha  buscado  en  foros  mundiales  el  recono- 
cimiento a nivel  internacional  de  tratar  al  conocimiento  como  un  bien  público.  La  creación 
del  Consejo  Suramericano  de  Educación,  Cultura,  Ciencia,  Tecnología  e Innovación  (Co- 
seccti),  llevada  a cabo  durante  la  Presidencia  pro  tempore  de  la  Unasur  a cargo  del  Ecuador, 
sin  lugar  a dudas  constituye  una  iniciativa  idónea  para  construir  un  conocimiento  emanci- 
pador en  la  región. 

57  Considerado  desde  la  cultura  indígena,  la  separación  entre  el  mundo  del  trabajo  y el  mundo 
de  la  producción  de  bienes  relaciónales  no  existe.  El  trabajo  es  comunitario  y es  en  este  es- 
pacio —sobre  todo—  donde  se  producen  y consumen  bienes  relaciónales.  Empíricamente  es- 
to se  evidenciará  en  el  indicador  que  mide  la  «esperanza  de  vida  saludable  y bien  vivida»  en 
razón  de  la  cantidad  de  años  en  que  incrementaría  el  indicador  mencionado  si  tomamos  en 
cuenta  el  peso  que  tiene  a escala  nacional  el  trabajo  no  escindido  que  se  da  en  el  mundo  in- 
dígena, y la  generación  de  bienes  relaciónales. 


44 


René  Ramírez  G. 


el  trabajo.  Este  grupo  dedica,  en  promedio,  aproximadamente  cincuenta  mi- 
nutos al  día  en  su  tiempo  de  ocio  a actividades  que  realiza  en  su  cotidianidad 
laboral  (ver  anexo  1).  En  esto  radica  quizá  el  primer  objetivo  del  Buen  Vivir: 
procurar  que  el  trabajo  sea  en  sí  mismo  un  espacio  de  deleite  y (reproduc- 
ción de  la  vida.  La  recuperación  del  juego  en  el  mundo  del  trabajo58,  como 
propone  Lütticken  (2011),  es  probablemente  una  salida  para  superar  la  esci- 
sión mencionada. 

En  este  marco  es  necesario  repensar  un  sistema  económico-productivo 
alternativo,  con  nuevas  formas  de  propiedad  de  los  medios  de  producción  y 
nuevas  formas  de  organización  de  la  producción,  en  donde  se  amplíe  el  ám- 
bito de  elección  de  la  organización  de  la  vida,  así  como  el  de  las  posibilida- 
des de  los  individuos  de  construir  sociedad  (socializar). 

En  términos  aristotélicos  podríamos  decir  que  el  objetivo  del  ser  huma- 
no, en  lo  referente  a ratificar  su  naturaleza  gregaria,  es  maximizar  el  tiem- 
po de  cada  individuo  para  que  pueda  dedicarse  a la  contemplación,  al  dis- 
frute o producción  artística,  a las  relaciones  sociales,  al  amor,  a departir  con 
amigos,  a medida  que  se  satisfacen  las  necesidades  materiales  y se  amplían 
las  capacidades  en  el  marco  de  un  sistema  económico  ambientalmente  ami- 
gable. La  teoría  económica  únicamente  ha  abordado  una  arista  de  la  vida, 
la  que  tiene  que  ver  con  el  consumo  y la  producción59;  en  términos  esencia- 
les, ha  conjugado  el  verbo  tener.  Es  una  teoría  que  se  ha  olvidado  de  los  ám- 
bitos del  ser,  estar  y sentir  de  la  vida,  razón  por  la  cual  podemos  señalar  que 
es  una  disciplina,  por  decir  lo  menos,  pobre,  insuficiente  y sesgada.  Una  de 
las  ventajas  importantes  que  tendría  un  análisis  de  la  economía  del  Buen  Vi- 
vir (socioecología  política  del  tiempo)  es  que  incorpora  en  la  función  de  la 
buena  vida  social  el  trabajo  no  remunerado  doméstico  y público  como  par- 
te de  la  riqueza  social. 

En  esta  perspectiva,  si  el  objetivo  es  maximizar  el  tiempo  para  la  vida 
plena,  luego  de  la  satisfacción  de  las  necesidades  básicas  y el  florecimiento 
humano,  es  necesario  tener  en  cuenta  que  este  tiempo  debe  poseer  una  ca- 


58  Creemos  que  tendrá  mayor  probabilidad  de  éxito  la  estrategia  de  trabajar  jugando  para 
construir  espacios  laborales  emancipadores,  si  el  sistema  educativo  incorpora  desde  niños 
en  su  pedagogía  lo  lúdico,  las  humanidades  y las  artes  (incluso  como  parte  del  aprendizaje 
de  las  ciencias  denominadas  «duras») 

59  Incluso  en  la  economía  ecológica  el  centro  de  atención  es  la  producción  y el  consumo,  vis- 
tos en  términos  de  los  diferentes  metabolismos  sociales  que  existen  (por  ejemplo,  el  biofísi- 
co).  Esta  disciplina  busca,  desde  la  economía,  las  formas  para  construir  un  planeta  sosteni- 
ble  (producción  de  bienes  relaciónales  entre  el  ser  humano  y la  naturaleza),  pero  dice  muy 
poco  con  respecto  a lo  que  hemos  denominado  producción/consumo  de  bienes  relaciónales 
entre  los  propios  seres  humanos. 


Marco  conceptual 


45 


racterística:  no  ser  alienado  ni  alienante.  Con  la  escisión  entre  tiempo  de  traba- 
jo y tiempo  de  ocio  se  organizó  la  gran  «matanza  del  tiempo».  El  tiempo  li- 
bre pasa  a ser  espacio  de  aburrimiento,  razón  por  la  cual  es  necesario  «matar 
el  tiempo».  Considerando  lo  dicho,  como  bien  señala  Damián,  el  tiempo  es 
el  enemigo  al  que  hay  que  matar;  es  decir,  debemos  atentar  contra  nuestra 
propia  vida  (Damián,  2007:  140).  En  este  contexto,  y siguiendo  a Toti,  ob- 
servamos que  la  industria  del  entretenimiento  crece  y se  fortalece  median- 
te actividades  que  controlan  el  tiempo  vacío  de  trabajo:  «solo  producen  dis- 
tracciones, valores  muertos  que  se  queman  y únicamente  dejan  las  cenizas 
del  tiempo»  (cit.  por  Damián,  2007:  140).  Esto  es  justamente  todo  lo  contra- 
rio de  lo  que  pensaba  Aristóteles  sobre  lo  que  es  el  tiempo  de  ocio  (tiempo 
para  la  contemplación,  para  la  creación,  para  el  arte,  para  filosofar):  el  tiem- 
po libre  moderno  también  puede  ser  un  tiempo  alienante  y alienado,  para  la 
estupidización  personal. 

Por  otra  parte,  en  términos  utópicos  y remitiéndonos  de  nuevo  a Toti,  es 
necesario  poner  como  objetivo  la  unificación  del  tiempo  libre  y el  tiempo  de 
trabajo.  Este  debe  dejar  de  ser  trabajo  para  convertirse  en  actividad  creadora 
(cit.  por  Boltvinik,  2007:  29).  El  objetivo  sería  transformar  el  tiempo  del  tra- 
bajo en  tiempo  de  libertad,  y para  lograr  esta  unificación  es  fundamental  la 
eliminación  de  las  clases  sociales  (Damián,  2007: 141-147).  Lamentablemen- 
te, podemos  señalar  —sin  temor  a equivocarnos  y como  evidenciamos  ante- 
riormente— que  solo  excepcionalmente  el  trabajo  es  un  espacio  de  creativi- 
dad y autorrealización,  dadas  las  condiciones  estructurales  desiguales  de  los 
mercados  de  trabajo  y del  comercio  mundial,  como  veremos  más  adelante. 

Esta  aproximación  permitirá  problematizar  el  ámbito  de  la  política  pú- 
blica en  función  de  una  variable  focal  distinta  a aquella  que  busca  incre- 
mentar el  ingreso  o el  consumo.  En  este  marco  teórico,  al  ser  el  tiempo  la 
variable  focal,  todas  las  políticas  públicas  tendrán  que  redefinir  su  objetivo. 
Por  dar  un  ejemplo,  no  se  procurará  la  redistribución  del  ingreso  per  se,  sino 
la  redistribución  material  que  tenga  como  fin  la  redistribución  del  tiempo 
emancipador,  para  lo  cual  se  tendrá  que  intervenir  con  políticas  que  dismi- 
nuyan la  disparidad  en  la  concentración  del  tiempo  dedicado  a quehaceres 
domésticos  por  parte  de  las  mujeres  frente  a los  hombres60,  o la  participa- 
ción pública  por  parte  de  los  hombres  frente  a las  mujeres.  El  objetivo  úni- 
co de  nuestra  búsqueda  no  sería  entonces  trabajar  menos  para  que  trabajen  to- 
dos, sino  trabajar  menos  para  que  todos  vivan  a plenitud. 

Finalmente,  una  cuestión  no  menor  que  diferencia  la  perspectiva  neoclá- 
sica utilitarista  o bienestarista  frente  a la  del  Buen  Vivir  radica  en  el  concep- 


60  Para  un  análisis  más  detallado  ver  la  propuesta  teórica  descrita  en  Ramírez  G.  (2008a). 


46 


René  Ramírez  G. 


to  de  acumulación.  Mientras  en  la  economía  neoclásica  la  riqueza  está  vincula- 
da con  la  acumulación  del  capital  y es  este  el  objetivo  mismo  del  sistema,  en  la 
economía  del  Buen  Vivir  —al  ser  el  tiempo  (bien  vivido)  la  unidad  de  análisis- 
no  se  puede  dar  acumulación  posible.  La  finitud  de  la  vida  (tiempo)  no  pue- 
de ser  acumulable;  la  añoranza  de  algo  que  no  sucedió,  más  que  vida,  es  muer- 
te. Entonces,  frente  al  concepto  de  acumulación  de  la  economía  crematística,  la 
contraparte  en  la  economía  del  Buen  Vivir  es  la  memoria  individual  y/o  colec- 
tiva. La  herencia  (potencial)  de  una  persona  a otra  o de  una  sociedad  a otra  no 
consiste  en  la  riqueza  material  que  se  lega  a hijos,  hijas,  nietas  o nietos  sino  so- 
bre todo  en  la  apropiación  individual  o colectiva  de  las  generaciones  futuras  y 
de  la  experiencia  intransferible  vivida  en  la  relación  con  esas  personas  o con  el 
colectivo;  es  decir,  la  herencia  está  en  el  modo  en  el  cual  las  siguientes  genera- 
ciones recuerdan  y reconstruyen  la  vida  de  la  comunidad  política  o de  los  se- 
res amados.  Es  frente  al  concepto  de  la  memoria  en  donde  el  pasado  adquiere 
importancia  y se  articula  con  el  presente  y el  futuro.  La  historia  podría  consi- 
derarse el  principal  stock  social.  De  esta  forma,  podríamos  señalar  que  a mayor 
memoria,  mayor  stock  de  riqueza;  y,  por  el  contrario,  las  sociedades  que  «olvi- 
dan» son  sociedades  que  pierden  riqueza  social.  En  este  contexto,  no  puede 
haber  Buen  Vivir  sin  historia,  sin  memoria  o sin  recuerdos. 

Es  así  como  la  economía  del  Buen  Vivir  busca  poner  en  tela  de  duda  el  he- 
cho mismo  de  que  el  marco  conceptual  de  la  economía  neoclásica  sea  el  idó- 
neo para  interpretar  la  realidad  social  en  su  amplia  magnitud.  Considerando 
lo  dicho,  la  economía  del  Buen  Vivir  se  nutre  de  las  perspectivas  de  la  econo- 
mía del  cuidado  (crítica  feminista),  la  economía  social  y solidaria,  la  economía 
ecológica  y el  enfoque  de  capacidades,  disciplinas  todas  que  han  cuestionado 
los  supuestos  en  los  que  se  basa  la  economía  neoclásica/utilitaria.61 

Lo  que  se  procura  en  la  elaboración  del  marco  teórico  del  presente  estu- 
dio es  proponer  una  disciplina  económica  que  analice  los  mundos  vitales  de 
los  seres  humanos,  distintos  al  de  producir-consumir  únicamente,  y que  po- 
nen en  duda  el  imperio  absoluto  de  la  producción  (y  el  productivismo)  que 
se  busca  satisfacer  a través  del  consumo.  Si  bien  el  mundo  del  trabajo  es  fun- 
damental en  la  reproducción  social,  no  puede  ser  el  único  interés  analítico 

61  La  crítica  feminista  ha  enfatizado  en  el  trabajo  no  remunerado  y la  economía  del  cuidado;  la 
economía  social  y solidaria  ha  concentrado  su  análisis  en  la  economía  del  trabajo  solidario 
no  capitalista,  y la  economía  ecológica  ha  puesto  el  acento  en  la  capacidad  de  carga  de  la  eco- 
nomía y en  la  sostenibilidad  ambiental.  En  el  ámbito  de  la  producción  de  bienes  y servicios, 
son  disciplinas  que  guardan  concordancia  con  la  economía  del  Buen  Vivir.  Como  se  analiza- 
rá más  adelante,  la  producción/consumo  de  bienes  relaciónales  no  puede  pensarse  obvian- 
do cómo  se  dan  las  relaciones  en  el  ámbito  productivo.  De  hecho,  sin  modificar  las  relacio- 
nes de  poder  en  el  aparato  productivo  vigente  no  puede  haber  posibilidad  de  construir  una 
economía  diferente  ligada  a los  principios  del  Buen  Vivir. 


Marco  conceptual 


47 


de  la  disciplina  económica.  A lo  que  nos  referimos  es  a que  hay  que  situar- 
se en  la  perspectiva  más  amplia  de  la  transformación  de  las  relaciones  socia- 
les en  sentido  emancipador62,  liberando  tiempo  para  el  ocio  creador,  para  el 
erotismo,  para  el  arte  y la  artesanía,  para  el  descubrimiento  personal  y la  in- 
dagación existencial,  para  el  estudio,  para  el  viaje,  para  los  amigos,  para  la 
participación  democrática,  para  la  fiesta  y la  celebración,  para  el  cuidado  de 
las  personas  y el  goce  de  la  naturaleza,  para  la  minga  dentro  de  la  comuni- 
dad. Tal  situación  se  vincula  con  los  objetivos  de  la  abolición  de  la  división 
sexual  del  trabajo  y un  reequilibrio  de  los  tiempos  sociales  que  reduzca  la 
importancia  del  trabajo  en  beneficio  de  otras  dimensiones  de  la  existencia 
humana  (Riechman  y Recio,  1997:  110). 


62  De  hecho,  en  el  marco  de  la  sociedad  del  conocimiento  lo  que  se  buscaría  es  una  ciencia  y tec- 
nología no  para  maximizar  la  utilidad  del  capitalismo  y garantizar  su  reproducción  sino  un 
conocimiento  para  emancipar  a la  sociedad  a través  de  liberar  más  tiempo  para  la  vida  ple- 
na. En  efecto,  como  señala  Marx:  «en  la  medida  en  que  la  gran  industria  se  desarrolla,  la  crea- 
ción de  la  riqueza  efectiva  se  vuelve  menos  dependiente  del  tiempo  de  trabajo  y del  cuánto 
de  trabajo  empleados,  que  del  poder  de  los  agentes  puestos  en  movimiento  durante  el  tiem- 
po de  trabajo,  poder  que  a su  vez  —su  powerful  effectiveness—  no  guarda  relación  alguna  con  el 
tiempo  de  trabajo  inmediato  que  cuesta  su  producción,  sino  que  depende  más  bien  del  esta- 
do general  de  la  ciencia  y del  progreso  de  la  tecnología,  o de  la  aplicación  de  esta  ciencia  a la 
producción»  (1973:  220). 


CAPITULO  TERCERO 


Metodología 

La  presente  investigación  intenta  plantear  una  propuesta  que  mida  la  bue- 
na vida  a través  de  la  variable  tiempo.  La  gestión  de  esta  variable  puede  cons- 
tituir el  principal  medio  (instrumento)  para  conseguir  el  florecimiento,  en 
el  sentido  aristotélico. 

Si  bien  la  economía  del  Buen  Vivir  propone  un  pluralismo  metodoló- 
gico, y un  pluralismo  de  unidades  de  análisis  (la  energía,  lo  biofísico,  etc.), 
identificando  ventajas  y desventajas  de  cada  acercamiento,  en  esta  ocasión 
únicamente  se  intentará  evidenciar  cómo  el  uso  de  una  unidad  de  análisis 
diferente  al  dinero  (el  tiempo)  puede  producir  distintas  interpretaciones  de 
la  misma  sociedad.  En  este  sentido,  se  exhibirá  claramente  la  carencia  de 
neutralidad  de  la  ciencia  económica  y la  disputa  de  sentidos  que  existe  alre- 
dedor de  su  aparataje  conceptual. 

A pesar  de  lo  mencionado,  el  uso  unidimensional  de  la  variable  tiem- 
po como  unidad  de  análisis  no  solo  que  puede  sintetizar  espacios  multidi- 
mensionales  de  la  vida  sino  que  es  una  variable  que  políticamente  puede  ha- 
cer competencia  a la  variable  «dinero»  en  la  vida  de  las  personas;  es  decir,  es 
una  variable  que  los  seres  humanos  valoramos  y no  le  sentimos  alejado  de 
nuestras  vidas. 

Metodológicamente  abordaremos  el  problema  en  dos  fases:  en  la  pri- 
mera, nos  centraremos  en  el  cálculo  de  la  producción/consumo  de  bienes 
relaciónales  y en  la  especificación  del  modelo  para  evaluar  empíricamente 
los  determinantes  de  la  buena  vida.1  En  la  segunda  fase,  propondremos  dos 
indicadores  sintéticos  temporales  que  creemos  permiten  evaluar  y compa- 
rar el  Buen  Vivir  en  territorios  diferentes:  (i)  el  índice  de  vida  saludable  bien 
vivida  (IVSBV),  al  cual  denominaremos  también  esperanza  de  vida  saluda- 
ble vivida  a plenitud;  y (ii)  los  años  de  vida  de  la  naturaleza  por  habitante  y 
kilómetro  cuadrado. 


1 No  se  incluirá  en  este  apartado,  por  falta  de  información,  la  producción/consumo  relacional 
entre  el  ser  humano  y la  naturaleza.  Sin  embargo,  más  adelante  se  discutirá  teóricamente. 


49 


50 


René  Ramírez  G. 


3.1.  Fase  A.  Cálculo  de  los  bienes  relaciónales 


Generación/disfrute  (producción/consumo)  de  bienes  relaciónales 

Como  hemos  señalado  a lo  largo  de  las  páginas  anteriores,  las  actividades  pa- 
ra producir/consumir  bienes  relaciónales  (a^)  incluyen  actividades  relaciona- 
das al  trabajo  emancipador  (ae),  a la  contemplación  (ac),  a la  creación  de  socie- 
dad (as)  y a la  vida  pública  (civil  y política:  ap).  Estas  se  ejecutan  luego  de  haber 
realizado  las  actividades  diarias  para  satisfacer  las  necesidades  (asn)  humanas. 

El  tiempo  dedicado  al  trabajo  emancipador  (t  ) incluye  únicamente  el  tiem- 
po de  aquel  grupo  de  personas  en  el  que  no  se  da  una  separación  entre  el  tra- 
bajo y el  mundo  de  la  re-producción  de  la  vida. 

El  tiempo  potencial  de  contemplación  (t ) incluye  el  tiempo  dedicado  a la  pro- 
ducción y consumo  de  cultura  y arte,  al  deporte,  al  esparcimiento  y desarrollo 
personal,  a la  lectura,  a la  «contemplación»  de  la  naturaleza;  es  el  tiempo  en  el 
cual  escuchamos  música,  reflexionamos  y meditamos,  entre  otras  actividades 
de  este  tipo.  Este  tiempo  es  fundamental  en  la  creación  de  bienes  relaciónales 
puesto  que  es  parte  esencial  del  autoconocimiento  de  la  persona. 

El  tiempo  social  (ts)  está  relacionado  principalmente  con  el  amor  y la 
amistad.  Es  el  tiempo  que  cada  persona  dedica  a convivir  con  la  familia,  con 
los  amigos  y las  amigas,  y con  la  persona  a la  que  ama.2 

El  tiempo  público  (tp)  abarca  el  tiempo  dedicado  a la  participación  públi- 
ca, ya  sea  esta  civil  o política,  por  ejemplo,  participar  en  mingas  comunita- 
rias para  el  beneficio  del  barrio,  hacer  voluntariado  o colaborar  en  una  orga- 
nización, actividad  social,  de  acción  ciudadana,  gremial,  política  o religiosa 
de  carácter  gratuito. 

En  suma,  el  tiempo  bien  vivido  (tBV3)  es  el  tiempo  emancipador  y aquel  que 
las  personas  destinan  a la  contemplación,  a interactuar  con  amigos  y amigas; 
es  el  tiempo  que  comparten  con  las  personas  a las  que  aman  y en  el  cual  par- 
ticipan en  actividades  públicas  (civiles  o políticas)  dentro  de  la  comunidad. 

2 Como  se  mencionó  anteriormente,  también  se  realizará  una  estimación  —por  separado—  toman- 
do en  cuenta  la  cosmovisión  indígena  en  donde  no  se  da  la  separación  entre  el  mundo  del  tra- 
bajo y el  mundo  de  la  producción  de  bienes  relaciónales.  Para  dicha  estimación,  se  incorporará 
al  tiempo  relacional  total  el  tiempo  de  trabajo  de  aquellos  indígenas  o afroecuatorianos  que  no 
se  encuentran  en  relación  de  dependencia.  Debido  a su  cosmovisión,  para  todos  los  indígenas  se 
añade  también  el  tiempo  dedicado  al  autoconsumo  como  parte  del  tiempo  relacional.  El  incre- 
mento en  el  IVSBV  estará  en  un  margen  entre  el  tiempo  que  los  indígenas  dedican  a la  produc- 
ción del  autoconsumo  y la  adición,  al  tiempo  relacional,  del  supuesto  de  que  en  todo  trabajo  in- 
dígena no  existe  separación  entre  el  tiempo  de  trabajo  y el  tiempo  de  la  buena  vida. 

3 El  tiempo  bien  vivido  es  sinónimo  de  tiempo  relacional,  tiempo  vivido  a plenitud  o tiempo 
para  el  sumak  kawsay. 


Metodología 


51 


En  este  marco,  podemos  simplificar  lo  dicho  proponiendo  que  la  gene- 
ración de  bienes  relaciónales  será  igual  a: 


--t  +t  +t  +t 

te  C S P 


Especificación  del  modelo 

En  este  apartado,  y simplemente  con  fines  ilustrativos  para  demostrar  que  ba- 
jo la  misma  lógica  de  pensamiento  neoclásica  y sus  herramientas  se  puede  sa- 
lir de  la  perspectiva  aurista,  presentaremos  la  función  del  Buen  Vivir,  (BV): 

(1)  BV=/(atBV,(aJ,aJ 


donde  abr  son  las  actividades  necesarias  que  se  deben  realizar  para  la  pro- 
ducción/consumo de  bienes  relaciónales  y BV  es  el  Buen  Vivir  del  otro  y los 
otros  con  quienes  se  debe  coordinar;  a¡n  lo  constituyen  las  acciones  de  cada 
individuo  para  satisfacer  las  necesidades  de  vida  material:  aquí  se  incluye  el 
trabajo,  que  permite  obtener  un  salario,  y la  compra  de  bienes. 

El  objetivo  es  maximizar  la  función  del  Buen  Vivir  sujeto  a dos  restric- 
ciones: (a)  hay  que  considerar  el  tiempo  dedicado  a las  otras  actividades  que 
ineludiblemente  se  tiene  que  realizar  para  vivir,  el  cual  se  denominará  tiem- 
po para  la,  satisfacción  de  necesidades  (t  ).  Vale  señalar  que  el  t incluye  el  tiempo 
dedicado  al  trabajo  para  obtener  los  recursos  monetarios  necesarios  para  vi- 
vir dignamente.  Y (b)  el  tiempo  total  no  puede  superar  las  24  horas  que  tiene 
un  día  o los  7 días  que  tiene  una  semana  o los  365  días  que  tiene  un  año  (H). 


(2)  max 

(3)  s.a. 


BV=f(abrBV.(aJ,aJ 


H=  a.t, 

br  br 


a t 

sn  sn 


Así,  t es  el  tiempo  que  se  ocupa  para  producir/consumir  bienes  relacióna- 
les (siendo  este  igual  a f = f = t + 1 + t + t ),  y t es  el  tiempo  que  se  ocupa 
para  el  resto  de  actividades. 

Haciendo  un  poco  de  álgebra  a través  del  multiplicador  de  Lagrange, 
podemos  obtener: 


(4)  L = BV(a.  a ) - X (a.t,  + a t -H) 

\ / ' br  srr  ' br  br  sn  sn 


52 


René  Ramírez  G. 


dBV  (a  br)/da  t 

(5)  -=  — 

' ' dBV  (a  )/da  t 

Dicha  ecuación  significa  económicamente  la  tasa  marginal  de  sustitución 
(TMgS)  del  bien  relacional  frente  a las  otras  actividades  de  la  vida.  Expresa- 
do de  otra  forma,  la  TMgS  es  el  ratio  de  los  tiempos  para  producir/consu- 
mir bienes  relaciónales  y el  tiempo  que  se  necesita  para  satisfacer  las  otras 
necesidades  vitales,  lo  cual  constituye  el  costo  de  oportunidad  formulado 
en  términos  temporales. 

Es  importante  notar  que  el  cambio  marginal  de  BV  con  respecto  a abr  es: 


,6.  da  BV  df  df  dBV. 

da.  da.  dBV  da, 

br  br  j br 

El  factor  dBV/dabr no  depende  de  quién  está  maximizando  el  Buen  Vivir  sino 
del  otro  y de  los  otros,  pues  f (el  tiempo  invertido  en  la  producción/consu- 
mo de  a,J  incluye  el  tiempo  social  t (relacionado  con  el  amor  y la  amistad) 
y el  tiempo  público  tp  (dedicado  a la  participación  pública). 

En  otras  palabras,  la  ecuación  (6)  es  importante  en  la  medida  en  que 
permite  salir  de  la  economía  autista,  ya  que  deja  traslucir  que  el  Buen  Vivir 
de  una  persona  está  vinculado  con  el  Buen  Vivir  de  otro(s)  individuo(s),  de- 
mostrando de  esta  forma  la  necesidad  de  coordinación  para  producir  y con- 
sumir bienes  relaciónales.  En  este  marco,  frente  a la  economía  individua- 
lista neoclásica,  la  economía  del  Buen  Vivir  deja  en  claro  la  necesidad  de 
gregariedad  del  ser  humano. 

Siguiendo  la  misma  lógica,  se  evaluará  empíricamente  la  función  de  la 
producción  de  bienes  relaciónales,  la  cual  está  relacionada  con  el  tiempo 
utilizado  en  otras  actividades  y con  las  condiciones  económico-sociales  y 
demográficas  de  una  población. 


Empíricamente  se  pueden  utilizar  dos  especificaciones:  (a)  de  acuerdo  a la 
participación  en  actividades  para  producir  y consumir  bienes  relaciónales, 
y (b)  según  el  tiempo  que  dedica  cada  persona  a la  generación  de  bienes  re- 
laciónales. En  el  presente  trabajo,  solo  se  tomará  en  cuenta  la  segunda  es- 


Metodología 


53 


petrificación  por  ser  una  variable  continua  y por  la  riqueza  que  conlleva  tal 
situación.  Dicho  modelo  se  expresará  en  logaritmos.  En  este  sentido,  la  des- 
agregación específica  del  modelo  del  tiempo  para  la  generación  de  bienes  re- 
laciónales queda  como  sigue: 

ln  t.  . = c + B\nt  ..  + BAnY  + B,Z  + s, 

orí  o 1 sm ) 2 i 2 i i 


Donde  t,  es  el  tiempo  que  el  individuo  i dedica  a la  generación  de  bienes  re- 
laciónales, tsn¡.  es  el  tiempo  consagrado  a la  actividad  j a lo  largo  de  un  perío- 
do dado  de  tiempo,  Y es  el  ingreso  (laboral  y no  laboral),  Z son  las  variables 
sociodemográficas  del  individuo  i,  y £ es  el  margen  de  error. 

3.2.  Fase  B.  Indicadores  sintéticos  del  Buen  Vivir 

3.2.1.  Esperanza  de  vida  saludable  y bien  vivida 

El  índice  de  Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV)  es  un  indicador  sintéti- 
co que  evalúa  cuántos  años  viviría  saludablemente  y a plenitud  una  perso- 
na que  nace  el  día  de  hoy  bajo  las  condiciones  sociales  (mortalidad)  del  pe- 
ríodo analizado,  suponiendo  que  tiene  igual  libertad  en  su  vida  que  la  que 
posee  un  ecuatoriano  promedio  del  año  en  que  se  calcula  el  indicador.  Si  el 
valor  incrementa  significa  que  la  sociedad  tiene  más  años  de  vida  saludable 
y bien  vivida. 

El  IVSBV  se  puede  descomponer  en  cuatro  variables:  (i)  la  esperanza 
(promedio)  de  vida  propiamente  dicha,  (ii)  el  tiempo  de  enfermedad,  (iii)  el 
tiempo  dedicado  a la  producción  de  bienes  relaciónales  y (iv)  los  años  de  es- 
colaridad. A continuación  describiremos  sucintamente  por  qué  utilizamos 
estas  variables  y cómo  lo  volveremos  metodológicamente  operativo. 

(i)  Esperanza  de  vida  al  nacer 

El  primer  componente  de  una  buena  vida  está  relacionado  con  la  vida  mis- 
ma; es  decir,  cuánto  tiempo  potencial  se  tiene  para  vivir  una  vida  plena.  Una 
sociedad  tiene  una  mayor  vida  latente,  mientras  más  tiempo  tiene  para  vi- 
virla. Si  se  agota  la  vida,  se  cierra  la  posibilidad  de  tener  una  buena  vida.  Es- 
te indicador  es  un  indicador  estructural  que  recoge  el  estado  de  salud  de 
una  población  y la  calidad  de  vida  de  la  misma.  Al  construir  el  indicador  a 
partir  de  la  mortalidad  de  una  población  se  refleja  cuán  adecuados  son  los 
servicios  de  salud,  el  estado  nutricional  de  los  habitantes,  las  deficiencias  (o 


54 


René  Ramírez  G. 


ausencia  de  ellas)  en  los  servicios  de  seguridad  social;  e,  incluso,  este  indica- 
dor está  asociado  con  los  niveles  educativos  de  una  población.  Como  bien 
señala  Amartya  Sen,  la  posibilidad  de  evitar  la  falta  de  alimento,  el  hambre 
y la  muerte  prematura  se  valora  por  sí  misma  (Sen,  2007:  81).  Usualmente, 
se  mide  este  indicador  a través  de  la  esperanza  de  vida.  De  no  tener  este  in- 
dicador para  monitorear  cada  año,  se  podría  utilizar  el  promedio  de  vida  de 
una  población  determinada. 

(ii)  Tiempo  de  enfermedad 

La  enfermedad  constituye  la  antítesis  del  Buen  Vivir.  Una  persona  enferma  no 
lleva  una  vida  plena.  ¿Cuánto  tiempo  de  vida  pasa  enfermo  un  ciudadano  pro- 
medio? En  la  matriz  de  uso  del  tiempo,  se  mide  empíricamente  cuánto  tiempo 
de  un  período  dado  una  persona  se  encontró  enferma.  En  este  caso,  el  indicador 
mide,  en  un  año  particular,  cuánto  tiempo  pasó  enfermo  el  individuo  i. 

(iii)  Tiempo  relacional 

El  tiempo  relacional  lo  hemos  dividido  en  cuatro  aristas:  1.  El  tiempo  de  tra- 
bajo emancipador;  2.  el  tiempo  dedicado  a la  contemplación  y el  ocio  eman- 
cipador; 3.  el  tiempo  consagrado  al  amor  y a la  amistad;  y 4.  el  tiempo  desti- 
nado a la  participación  pública  (civil  y política).4 

1.  Tiempo  de  trabajo  emancipador 

El  trabajo  es  una  de  las  actividades  a las  que  más  tiempo  dedica  el  ser  huma- 
no a lo  largo  de  la  vida;  quizá  únicamente  menos  que  el  tiempo  que  le  dedi- 
ca a dormir.  No  obstante,  no  todo  trabajo  es  liberador.  De  hecho,  en  el  sis- 
tema productivo  imperante  (el  capitalismo),  al  darse  un  despojo  del  control 
del  proceso  productivo  de  los  trabajadores,  las  personas  no  se  sienten  reali- 
zadas a plenitud  dado  que  se  sienten  ajenos  al  producto  obtenido.  Esta  si- 
tuación conduce  a que  el  trabajador  establezca  una  diferencia  radical  entre 
el  mundo  del  trabajo  y el  mundo  de  la  vida  a plenitud.  En  el  presente  marco 
conceptual,  en  el  tiempo  para  la  buena  vida  únicamente  se  incluye  el  traba- 
jo en  el  cual  se  da  una  fusión  entre  el  trabajo  y el  tiempo  del  ocio  emancipa- 
dor; es  decir,  en  vez  de  ser  conceptos  antagónicos  son  parte  de  un  solo  con- 
tinuo. De  darse  la  escisión  entre  mundo  del  trabajo  y de  la  vida,  el  trabajo 
es  tomado  en  cuenta  como  tiempo  útil  para  satisfacer  necesidades  básicas. 

2.  Tiempo  dedicado  a la  contemplación 

La  calidad  de  la  producción  y consumo  de  bienes  relaciónales  está  vincula- 
da a la  capacidad  que  tiene  cada  persona  de  autoconocerse.  Para  el  autoco- 


4 El  tiempo  del  desempleo  no  se  incluye  como  parte  del  tiempo  relacional. 


Metodología 


55 


nocimiento  se  necesita  tiempo  libre  que  permita  a cada  persona  encontrar- 
se consigo  misma  y reflexionar  sobre  la  vida.  Una  variable  proxy  que  puede 
dar  cuenta  de  esto  es  la  cantidad  de  tiempo  libre  que  tiene  cada  persona  para 
esa  «contemplación».  En  este  marco,  el  Buen  Vivir  estaría  relacionado  con  el 
tiempo  dedicado  a la  producción  y al  consumo  del  arte,  al  deporte,  a la  me- 
ditación, al  esparcimiento,  a la  práctica  de  instrumentos  musicales,  al  dis- 
frute de  la  naturaleza,  a la  reflexión. 

3.  Tiempo  consagrado  al  amor  y a la  amistad 
El  Buen  Vivir  de  las  personas  y de  la  comunidad  está  asociado  a la  amistad, 
cuyo  sustento  es  el  amor.  En  efecto,  para  Aristóteles  el  amor  parece  ser  la 
virtud  de  los  amigos.  Sin  amigos,  nadie  quisiera  vivir,  aunque  tuviera  todos 
los  otros  bienes;  incluso  los  que  poseen  riquezas,  autoridad  o poder  bus- 
can tener  amigos  (Aristóteles,  2007:  212).  Hablar  de  la  amistad  es  hablar  de 
la  gregariedad  del  ser  humano.  Como  mencionamos  anteriormente,  nadie 
preferiría  vivir  solo,  ya  que  el  hombre  es  un  ser  social  dispuesto  por  la  natu- 
raleza a vivir  con  otros  y otras.  Los  seres  humanos  viven  juntos  no  solo  pa- 
ra la  procreación,  sino  también  para  los  demás  fines  de  la  vida  (Aristóteles, 
2007:  235). 

Así  como  una  de  las  principales  características  del  ser  humano  es  la  ca- 
pacidad que  tiene  para  contemplar  (filosofar,  pensar,  reflexionar,  admirar 
y producir  arte),  Aristóteles  señala  que  el  vivir  parece  consistir  también  en 
sentir,  siendo  el  amor  uno  de  los  principales  sentimientos  que  conducen  a 
la  felicidad.  En  este  marco,  el  tiempo  dedicado  a amigos  y amigas,  a compar- 
tir con  los  familiares  y con  la  pareja  para  producir  relaciones  sociales  es  un 
tiempo  que  potencialmente  permite  tener  una  buena  vida. 

Es  necesario  recordar  la  importancia  que  atribuye  Aristóteles  a la  phi- 
lía  en  el  marco  del  mutuo  reconocimiento  y la  igualdad.  Como  bien  recuer- 
da Luc  Boltanski,  la  necesidad  del  reconocimiento  mutuo  explica  la  impor- 
tancia que  el  filósofo  griego  adjudica  a las  condiciones  de  espacio  y tiempo: 

[...]  la  realización  de  la  philía  tiene  por  condición  la  copresencia  en  un 
mismo  espacio.  La  amistad  tiende  a debilitarse  cuando  los  seres  están 
alejados.  La  philía  se  funda  en  el  reconocimiento  de  los  méritos  recíprocos, 
para  aquello  se  necesita  que  ambos  sean  dignos  de  ser  amados,  lo  cual 
implica  un  saber  común  de  lo  que  realza  al  otro.  Esto  no  se  puede  dar  sino 
existe  una  condición  mutua  de  igualdad  (Boltanski,  2000:  152). 

En  este  marco,  Aristóteles  señala  que  la  igualdad  es  la  base  de  la  verdadera 
amistad  y por  esta  razón  afirma  que  el  mejor  régimen  político  es  la  demo- 


56 


René  Ramírez  G. 


cracia,  donde  los  ciudadanos,  al  ser  iguales,  tienen  muchas  cosas  en  común 
y puede  así  prosperar  la  amistad  fraternal  (Aristóteles,  2007:  233). 

4.  Tiempo  destinado  a la  participación  pública  (civil  o política) 

El  concepto  de  amistad  (phili'a ),  para  Aristóteles,  no  se  circunscribe  única- 
mente a la  amistad  entre  amigos  y amigas,  sino  que  incluye  la  relación  en- 
tre familiares  y entre  ciudadanos;  y también  esta  dimensión  es  parte  de  la 
buena  vida.  En  efecto,  para  el  filósofo  griego  la  vida  política  también  exhi- 
be, aunque  en  menor  grado  que  la  vida  contemplativa,  los  rasgos  propios 
de  la  vida  plena:  es  un  fin  último,  autosuficiente,  grato  y virtuoso.  En  con- 
tra de  la  hipótesis  del  zóon  oikonomikón,  podemos  considerar  la  hipótesis  del 
zóon  politikón.  Aristóteles  sostiene  que  el  hombre  es,  por  naturaleza,  un  ani- 
mal político. 

La  razón  por  la  cual  el  hombre  es  un  ser  social,  más  que  cualquier  abeja  y 
que  cualquier  animal  gregario,  es  evidente:  la  naturaleza  no  hace  nada  en 
vano,  y el  hombre  es  el  único  animal  que  tiene  palabra.  La  palabra  es  para 
manifestar  lo  conveniente  y lo  perjudicial,  así  como  lo  justo  y lo  injusto.  Y 
esto  es  lo  propio  del  hombre  frente  a los  demás  animales:  posee,  él  solo,  el 
sentido  del  bien  y del  mal,  de  lo  justo  y de  lo  injusto,  y de  los  demás  valores, 
y la  participación  comunitaria  de  estas  cosas  constituye  la  casa  y la  ciudad. 

[...]  En  todos  existe  por  naturaleza  la  tendencia  hacia  tal  comunidad... 
(1994c:  1253al0-1253al3,  1253al5). 

Basada  en  esta  perspectiva,  la  buena  vida  se  expresa  a través  de  la  participa- 
ción en  acciones  colectivas.  Parte  fundamental  de  la  buena  vida  es  la  paz.  La 
inseguridad  provoca  una  privatización  del  espacio  público.  Lo  opuesto  a in- 
seguridad es  convivencia,  lo  cual  implica  recuperación  del  espacio  público. 
Tal  como  han  demostrado  algunos  investigadores  del  enfoque  del  bienes- 
tar subjetivo,  los  seres  humanos  necesitamos  un  concepto  de  bien  común, 
y esto  implica  un  esfuerzo  común  y una  participación  compartida  (Layard, 
2005:  234).  Dicho  esfuerzo  común  se  realiza  tanto  en  la  participación  pú- 
blica civil  como  en  la  política,  e indirectamente  refleja  el  nivel  de  paz  de  una 
sociedad. 

A la  vez,  un  hecho  constitutivo  de  la  buena  vida  es  la  radicalización  de  la 
democracia  participativa.  Generar  espacios  de  encuentro,  de  debate,  de  de- 
liberación, es  parte  fundamental  de  la  evaluación  social  de  una  vida  plena. 

Vale  la  pena  señalar  que  la  economía  del  Buen  Vivir  considera  las  crí- 
ticas hechas  al  concepto  de  eficiencia  como  óptimo  paredaño.  La  toma  de 
nuevas  decisiones  debe  promoverse  en  el  marco  de  un  debate  plural.  En  lu- 
gar de  buscar  las  «soluciones  óptimas»  se  trata  de  priorizar,  como  sociedad, 


Metodología 


57 


las  dimensiones  de  la  vida  y las  políticas  más  costo-efectivas  en  términos  so- 
cio-económico-ambientales,  para  alcanzar  objetivos  y llegar  a «soluciones 
compromiso»  (Martínez-Alier,  Munday  O 'Neill,  1998). 

Nos  oponemos  a la  mirada  paredaña  en  la  medida  en  que  partimos  del 
hecho  de  que  los  mercados  no  son  perfectos  o,  para  ser  precisos,  muy  pocos 
mercados  son  perfectos;  razón  por  la  cual  el  criterio  paretiano  no  funciona. 
Así  mismo,  muy  rara  vez  nos  encontramos  socialmente  en  la  frontera  de  po- 
sibilidades de  utilidad;  es  decir,  en  economías  como  la  nuestra  el  bienestar 
social  no  parte  de  condiciones  de  «pleno  empleo».  Por  el  contrario,  en  so- 
ciedades que  parten  de  un  nivel  inicial  de  alta  desigualdad  y sin  encontrarse 
en  la  frontera  de  posibilidades  de  utilidad,  se  puede  mejorar  el  bienestar  de 
una  persona  sin  empeorar  el  de  otra;  pero  el  que  experimenta  la  mejora  pue- 
de ser  el  que  se  encuentra  mejor  ubicado  socialmente.  Por  otra  parte,  cree- 
mos que  la  ética  paredaña  se  contrapone  a la  sociedad  del  Buen  Vivir  en  la 
medida  en  que  se  centra  únicamente  en  el  bienestar  individual.  Esto  conlleva 
que  la  ética  paredaña  sea  una  ética  apolítica,  en  la  medida  en  que  pretende 
evitar  los  juicios  sobre  la  distribución  para  dejarle  al  mercado  la  asignación 
de  recursos.  Es  necesario  recalcar  que  el  Buen  Vivir  es  un  concepto  eminen- 
temente político  desde  su  nacimiento,  y en  la  mirada  aristotélica  la  eudaimo- 
nía  es  el  fin  de  la  política.  Frente  a tal  postura,  no  se  pretende  de  antema- 
no establecer  un  criterio  como  el  óptimo  de  Pareto,  sino  auspiciar  espacios 
de  encuentro  para  dilucidar  debates  que  busquen  soluciones  a los  proble- 
mas comunes.  A su  vez,  como  bien  señalamos  anteriormente,  la  produc- 
ción/consumo de  bienes  relaciónales  implica  una  maximización  coordina- 
da con  un  otro,  es  decir,  con  aquel  que  se  va  a compartir  el  tiempo. 

En  este  marco,  la  participación  pública  —no  sesgada  ni  homogénea  (ver 
Ramírez  G.,  2008a)—  es  condición  para  construir  una  alternativa  de  agrega- 
ción social  frente  a la  propuesta  paredaña.  El  tiempo  que  dedica  una  perso- 
na a participar  en  acciones  colectivas,  públicas,  ya  sean  civiles  o políticas,  se 
usará  como  referente  de  una  buena  vida  en  el  contexto  de  uno  de  los  objeti- 
vos principales  de  la  socioecología  política  del  Buen  Vivir:  la  radicalización 
de  los  procesos  democráticos. 

(iv)  Años  de  escolaridad 

Cuando  Aristóteles  habla  de  la  contemplación  como  fin  de  la  eudaimonía  se 
refiere  a la  capacidad  de  filosofar  y teorizar,  es  decir,  de  reflexionar.  El  flo- 
recimiento humano  está  relacionado  con  las  facultades  que  tiene  cada  per- 
sona para  reflexionar  sobre  sí  misma,  sobre  los  otros,  la  sociedad  y la  na- 
turaleza, y entenderse/entenderlos.  A nivel  agregado,  la  racionabilidad,  la 
capacidad  de  argumentación  y de  participación  pública  para  deliberar  so- 


58 


René  Ramírez  G. 


bre  los  intereses  públicos  existe  de  acuerdo  al  nivel  educativo  que  tiene  la 
sociedad.5  A su  vez,  hoy  en  día  la  calidad  de  la  democracia  está  ligada  al 
incremento  de  los  niveles  educativos  de  la  comunidad  política.  Asimismo 
podríamos  señalar  que  la  emancipación  social  depende  de  la  capacidad  de 
pensarse  como  sociedad  y del  conocimiento  generado  para  solucionar  pro- 
blemas y buscar  expandir  las  potencialidades  individuales,  sociales  y territo- 
riales. En  términos  de  tiempo,  la  variable  que  puede  dar  cuenta  de  manera 
sintética  de  la  liberación  producida  por  la  educación  es  los  años  de  escolari- 
dad que  tiene  una  población.6 

Metodología  de  cálculo 

Una  variable  proxy  del  Buen  Vivir  es  el  índice  o la  Esperanza  (promedio)  de 
Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV),  el  cual  tiene  los  siguientes  compo- 
nentes: 

Esperanza  de  Vida:  EV,  que  es  igual  al  tiempo  de  duración  de  la  vida 
(esperanza  o promedio)  de  un  ciudadano  en  un  territorio  particular. 
Vida  No  Saludable:  VNS,  que  es  la  parte  de  la  vida  en  que  se  está  enfer- 
mo o no  se  goza  de  salud  plena  (p). 

Promedio  de  vida  saludable:  (1)  VS  = EV  - [p  EV]  (años  de  vida  salu- 
dable). 

Luego  de  calcular  los  años  de  vida  saludable  se  obtiene  los  años  de  vida  que 
se  vivió  bien  o a plenitud. 


Vida  Bien  Vivida:  período  de  la  vida  que  se  vivió  consumiendo  y produ- 
ciendo bienes  relaciónales  (bv): 


(2)  IVSBV  = bv*VS 


Se  sugiere  ponderar  este  indicador  con  la  escolaridad  de  la  siguiente  forma: 


(3)  IVSBV 


i justado  x escolaridad 


= IVSBV* 


(1  + # años  de  escolaridad) 
100 


5 Incluso  sucede  que,  como  ha  señalado  Adam  Smith,  las  personas  con  bajos  niveles  educati- 
vos muchas  veces  tienen  vergüenza  de  participar  en  público. 

6 No  obstante,  debe  quedar  claro  que  nos  referimos  a una  educación  no  castrante  del  pensa- 
miento, es  decir  emancipadora.  Es  por  ello  que  este  indicador  podría  ser  sopesado  por  aná- 
lisis cualitativos  sobre  qué  implica  una  educación  liberadora  de  pensamiento,  que  emancipe 
tanto  individual  como  socialmente. 


Metodología 


59 


Así  mismo,  y dado  que  el  Buen  Vivir  está  en  función  de  tener  una  sociedad 
cohesionada,  finalmente  se  calcula  el  indicador  tomando  en  cuenta  los  ni- 
veles de  desigualdad  de  un  territorio: 


(4)  IVSBV 


ijustado  x escolaridad  y desigualdad 


-IVSBV 


ijustado  x escolaridad 


x [1-Gini] 


En  suma,  el  IVSBV  simplificando  sería  igual  a: 

(1)  IVSBV  = bvxEVx(l-p) 

(2)  IVSBVa.ustado  = bvx  EV  x (1-p)  x [l+(Escolaridad/100)]  x (1-Gini) 

Vale  señalar  que,  de  igual  forma  y siguiendo  las  recomendaciones  del  último 
informe  del  índice  de  Desarrollo  Humano  (2010),  se  puede  ajustar  el  IVSBV 
con  la  fórmula  de  medición  de  la  desigualdad  de  Atkinson  (A),  fijando  el  pa- 
rámetro de  aversión  £ en  1 (A=l-g/p),  donde  g es  la  media  geométrica  y p es 
la  media  aritmética  de  la  distribución  (PNUD,  2010:  238).  El  logro  promedio 
en  una  dimensión  X Se  ajusta  con  la  desigualdad,  de  manera  similar  a como 
se  hizo  anteriormente:  X*=X  (1-A );  siendo  X el  valor  de  las  variables  usadas 
para  calcular  el  IVSBV.  Lo  que  busca  este  ajuste  es  considerar  la  pérdida  de 
Buen  Vivir  como  consecuencia  de  la  desigualdad  en  cada  componente.  Da- 
do que  no  contamos  con  toda  la  información  a nivel  micro  para  cada  varia- 
ble —como  por  ejemplo  la  esperanza  de  vida—,  no  podemos  hacer  cálculos 
para  las  diferentes  unidades  territoriales  del  estudio  y solo  obtendremos  re- 
sultados a nivel  agregado  de  país. 

Para  analizar  el  impacto  y estudiar  cambios  en  el  orden  jerárquico  del 
IVSBV  a nivel  de  los  diferentes  territorios  analizados  se  utilizará  la  ecua- 
ción (4). 

3.2.2.  Esperanza  (años)  de  vida  de  la  naturaleza 
por  habitante  y kilómetro  cuadrado 

Sin  lugar  a dudas,  el  Buen  Vivir  está  relacionado  con  la  vida  en  un  sentido 
amplio,  incluso  más  allá  de  la  vida  humana.  Se  refiere  también  a la  vida  de 
las  especies  que  existen  en  la  Tierra.  Uno  de  los  indicadores  más  precisos 
para  analizar  la  pérdida  de  capital  natural  es  la  deforestación,  que  se  suele 
medir  en  hectáreas  perdidas.  No  obstante,  este  indicador  no  da  cuenta  por 
ejemplo  de  la  diversidad  que  se  destruye  con  la  deforestación.  Los  estudios 
biológicos  pueden  determinar  el  tiempo  de  vida  de  un  bosque  nativo.  Para 
el  indicador  deforestación,  medido  en  hectáreas,  da  lo  mismo  si  se  talan  árbo- 
les en  un  parque  nacional  megadiverso  que  en  un  bosque  de  pinos. 


60 


René  Ramírez  G. 


Foto  1 

Las  Golondrinas  (izquierda)  y Parque  Nacional  Yasuní  (derecha),  2010 


Nota:  Ambos  cuadrantes  tienen  0,25  km2.  Para  el  indicador  de  deforestación  es  indiferente  que 
se  deforeste  una  zona  como  Las  Golondrinas  o un  Parque  Nacional  como  el  Yasuní. 


Por  esta  razón  proponemos  calcular  los  años  de  vida  promedio  que  tiene  un 
lugar  determinado  en  relación  con  la  extensión  total  del  territorio  o en  fun- 
ción de  la  cantidad  de  población.  De  la  misma  forma,  usualmente  se  hace 
la  diferencia,  para  analizar  el  impacto  neto,  entre  deforestación  y reforesta- 
ción. Empero,  cien  hectáreas  deforestadas  no  equivalen  a cien  hectáreas  re- 
forestadas, dado  que  en  las  primeras  se  pierden  muchos  más  años  de  vida. 

Sabiendo  que 

EVN  = la  esperanza  (promedio  de  años)  de  vida  de  la  naturaleza 
SVN  = stock  de  vida  natural  medida  en  años 
D = deforestación  medida  en  años 
R = reforestación  medida  en  años 

entonces, 


EVN  = SVN  + R-D 

EVN  = EVN 

pc  

población 


Metodología 


61 


Este  último  indicador  da  cuenta  del  tiempo  de  vida  natural  por  habitante.7 
La  vida  plena  está  asociada  a convivir  con  mayor  biodiversidad  por  persona. 
Si  comparamos  dos  territorios  con  condiciones  sociales  iguales,  podríamos 
afirmar  que  mientras  más  biodiverso  sea  uno,  en  términos  per  cápita,  me- 
jor vive  su  población.  Este  último  indicador  no  se  presentará  en  este  artícu- 
lo, por  falta  de  información.8 

Sobre  la  data 

Los  estudios  sobre  el  uso  del  tiempo  se  sirven  de  una  variedad  de  métodos  pa- 
ra obtener  información.  Por  una  parte,  podemos  considerar  los  métodos  cua- 
litativos, entre  los  que  se  incluyen  las  etnografías.  Estos  métodos  pueden  ser 
ricos  en  información,  pero  a la  vez  suelen  ser  muy  costosos  y con  poca  vali- 
dez científica  en  términos  de  representación  estadística.  Podría  decirse  que  la 
observación  directa  es  el  método  más  apropiado,  aunque  resulta  extremada- 
mente costoso,  y también  hay  que  considerar  que  el  comportamiento  de  los 
sujetos  observados  puede  alterarse  por  la  intromisión  del  observador.  El  dia- 
rio de  tiempo  provee  medios  más  comprehensivos  para  obtener  datos  sobre  el 
uso  del  tiempo:  se  registran  todas  las  actividades  de  un  período  específico,  in- 
cluyendo los  momentos  de  inicio  y final  de  cada  actividad. 

En  esta  investigación  usaremos  las  encuestas  sobre  frecuencia  y dura- 
ción de  las  actividades.  A menudo,  este  método  propone  una  lista  de  acti- 
vidades para  que  los  sujetos  provean  información  sobre  la  frecuencia  y du- 
ración de  su  participación  en  cada  una  de  ellas,  lo  cual  requiere  que  cada 
persona  indique  el  tiempo  dedicado  a cada  punto  de  una  lista  completa  de 
actividades  que  realiza  a lo  largo  de  la  semana,  y que  están  predefinidas  con 
anterioridad  en  el  cuestionario.9 

Para  el  análisis  del  tiempo  se  utilizará  la  Encuesta  Nacional  de  Empleo, 
Desempleo  y Subempleo  del  año  2007  (Enemdu,  2007).  Esta  encuesta  es  de 
carácter  nacional  y con  representatividad  urbana,  rural  y provincial.  Exis- 
ten datos  de  76.922  encuestados.  Se  trabajará  con  las  personas  mayores  de 
12  años  puesto  que  solo  este  grupo  de  población  responde  al  cuestionario 
sobre  el  uso  del  tiempo.  En  este  caso,  el  tamaño  de  la  muestra  es  de  54.845. 

En  el  módulo  del  tiempo  se  incluyen  y miden  130  actividades  que  un 
ciudadano  puede  realizar  a lo  largo  de  la  semana.  La  información  sobre  los 
días  laborables  se  considera  separadamente  de  la  del  fin  de  semana. 

7 De  igual  forma,  se  puede  calcular  para  medir  según  la  extensión  de  un  territorio,  en  km2. 

8 En  este  momento,  la  Secretaría  Nacional  de  Educación  Superior,  Ciencia,  Tecnología  e Inno- 
vación (Senescyt)  se  encuentra  calculando  este  indicador  para  Ecuador. 

9 Para  un  análisis  de  los  métodos  para  medir  el  uso  del  tiempo,  señalando  ventajas  y desven- 
tajas, ver  United  Nations  (2004)  y Pentland  etal.  (1999). 


CAPITULO  CUARTO 


Análisis  descriptivo  y perfil  del 
ecuatoriano  que  vive  bien1 

Un  ecuatoriano  promedio  dedica  el  36%  de  su  tiempo  semanal  a satisfacer  sus 
necesidades  biológicas;  es  decir,  60,96  horas  a la  semana.  De  esta  cantidad  de 
tiempo,  50,5  horas  están  destinadas  a dormir  (aproximadamente  7,22  horas 
diarias).  Por  otra  parte,  el  ecuatoriano  promedio  consagra  un  29%  del  tiem- 
po a trabajar,  ya  sea  remuneradamente  o no.2  Pero  si  bien  se  destinan  en  pro- 
medio 25  horas  a la  semana  para  el  trabajo3  remunerado,  existe  una  diferen- 
cia entre  hombres  y mujeres.  En  efecto,  mientras  que  los  hombres  trabajan  33 
horas  a la  semana,  las  mujeres  trabajan  17, 58.4  No  obstante,  la  distribución 
del  tiempo  cambia  cuando  se  analiza  el  trabajo  no  remunerado.  Mientras  las 
mujeres  trabajan  sin  remuneración  36  horas  a la  semana,  los  hombres  única- 
mente emplean  1 1,3  horas  a la  semana  en  el  mismo  tipo  de  actividad.  Consi- 
derando estos  datos  podemos  señalar  que  en  Ecuador  las  mujeres  son  doble- 
mente explotadas:  trabajan  casi  10  horas  más  a la  semana  y la  mayor  cantidad 
de  su  tiempo  es  no  remunerado  (ver  anexo  l).5 


1 Como  mencionamos  anteriormente,  a menos  de  que  se  diga  lo  contrario  y con  el  fin  de  tra- 
bajar con  una  sola  fuente  de  datos,  no  se  incluye  en  las  secciones  que  siguen  el  tiempo  dedi- 
cado al  trabajo  emancipado.  Vale  señalar  que  los  resultados  se  modificarían  marginalmente 
puesto  que,  como  ya  se  señaló,  en  Ecuador  únicamente  en  el  1,8%  de  la  población  —de  acuer- 
do a la  metodología  presentada—  se  da  una  fusión  entre  el  mundo  de  trabajo  y el  mundo  de 
la  re-producción  de  la  vida.  En  el  tiempo  agregado  de  Buen  Vivir  se  debería  incluir  el  tiempo 
de  trabajo  de  este  grupo  de  población  incorporando  el  tiempo  que  dedica  a continuar  con 
su  actividad  creadora  en  el  «tiempo  de  ocio». 

2 En  este  porcentaje  se  incluye  tanto  a empleados  como  desempleados,  como  población  eco- 
nómicamente inactiva.  Si  se  considera  únicamente  a la  población  económicamente  activa 
(PEA)  empleada,  se  puede  señalar  que  este  grupo  poblacional  dedica  el  40%  de  la  semana  a 
trabajar,  ya  sea  remuneradamente  o no. 

3 Vale  la  pena  aclarar  que  este  valor  comprende  toda  la  población  mayor  a 12  años.  Cuando  se 
toma  en  cuenta  como  parte  de  la  PEA  únicamente  a aquellas  personas  que  declaran  haber  tra- 
bajado la  semana  pasada,  se  puede  señalar  que  en  promedio  se  trabaja  42,4  horas  a la  semana. 

4 Según  la  PEA  empleada,  la  diferencia  entre  hombres  y mujeres  es  de  6,58  horas.  Mientras  los 
hombres  empleados  de  la  PEA  trabajan  44,6  horas,  las  mujeres  trabajan  38,02  horas  semanales. 

5 A lo  mencionado  es  necesario  añadir  que  existe  otro  nivel  de  injusticia:  si  consideramos  dos 
personas  con  iguales  condiciones  socioeconómicas,  con  la  única  diferencia  de  que  el  uno  es 
hombre  y la  otra  mujer,  el  primero  gana  17%  más  que  la  mujer.  Vale  anotar  que  de  la  brecha 
salarial  existente  entre  hombres  y mujeres,  el  61%  es  producto  de  la  discriminación  de  géne- 
ro (ver  Ramírez  G.,  2008a:  177). 


63 


64 


René  Ramírez  G. 


Por  otra  parte,  cabría  preguntarse  ¿cuánto  tiempo  dedica  un  ecua- 
toriano para  producir  y consumir  bienes  relaciónales?  En  Ecuador,  un 
ciudadano  promedio  vive  una  vida  plena  aproximadamente  24  horas  a la 
semana.  Esto  equivale  a decir  que  el  14,3%  de  su  vida  un  ecuatoriano  pro- 
medio produce/consume  bienes  relaciónales.  Del  total  de  tiempo  relacio- 
nal  mencionado,  el  59%  es  tiempo  libre  dedicado  a la  contemplación  y au- 
toconocimiento  (14  horas),  el  39%  es  tiempo  consagrado  al  amor  y a la 
amistad  (9,44  horas),  y el  2%  es  tiempo  dedicado  a la  participación  públi- 
ca (0,47  horas).  Si  bien  la  participación  en  actividades  para  la  contempla- 
ción y el  autoconocimiento,  y la  participación  en  la  producción  de  relacio- 
nes sociales  equivale  a alrededor  del  85%  del  tiempo  relacional,  preocupa 
la  escasa  participación  en  actividades  públicas  (civiles  y políticas).  No  so- 
lo que  se  participa  con  poco  tiempo,  sino  que  participan  pocas  personas: 
apenas  el  8,8%. 

Dado  el  sistema  económico  en  el  que  vivimos,  el  trabajador  rara  vez 
tiene  interés  en  su  trabajo,  pues  ha  sido  despojado  del  control  del  proceso 
productivo.  Es  por  eso  que  parte  fundamental  del  análisis  del  tiempo  rela- 
cional es  estudiar  qué  categorías  de  trabajadores  cuentan  con  mayor  o me- 
nor tiempo  para  la  vida  plena,  y si  existe  relación  o no  con  los  niveles  de  ex- 
clusión y discriminación  social. 

La  carencia  de  tiempo  relacional  se  corresponde  con  los  empleos  más 
explotados  y de  menor  calidad.  En  efecto,  de  acuerdo  a la  categoría  de  ocu- 
pación, las  personas  que  son  empleados  del  Gobierno,  del  sector  privado 
o patronos,  son  aquellas  que  gozan  de  mayor  tiempo  para  llevar  una  bue- 
na vida.  En  el  otro  extremo,  el  trabajador  (no  remunerado)  del  hogar,  el 
jornalero  o peón  y las  empleadas  domésticas  son  las  personas  que  menos 
tiempo  relacional  tienen.  Mientras  un  empleado  del  Gobierno  tiene  25,7 
horas  de  buena  vida  a la  semana,  un  trabajador  (no  remunerado)  del  hogar 
o un  peón  tienen  solo  18  y 19  horas  semanales,  respectivamente. 

Dicha  situación  está  relacionada  —entre  otras  cosas—  con  la  certidum- 
bre que  da  el  tipo  de  contrato.  Una  persona  que  tiene  nombramiento  (tra- 
bajo estable)  tiene  casi  7 horas  más  de  tiempo  bien  vivido  que  una  perso- 
na que  trabaja  por  jornada.  De  la  misma  forma,  la  brecha  es  significativa  al 
comparar  un  trabajador  que  goza  de  seguridad  social  frente  a otro  que  ca- 
rece de  protección.  Un  trabajador  que  tiene  seguridad  social  goza  de  31,4 
horas  semanales  de  tiempo  para  la  buena  vida,  en  tanto  que  un  trabajador 
sin  seguridad  solo  tiene  23,86  horas/semana.  Claramente,  esta  situación 


Análisis  descriptivo  y perfil  del  ecuatoriano  que  vive  bien 


65 


está  vinculada  con  ser  parte  o no  del  mercado  formal.  El  informal  no  sue- 
le tener  seguridad  social,  gana  menor  salario  y compensa  su  remuneración 
con  trabajo  no  remunerado,  lo  que  resta  tiempo  para  la  producción  y con- 
sumo de  bienes  relaciónales.  Para  muestra  un  ejemplo:  mientras  un  traba- 
jador informal  usa  7,3  horas  de  su  semana  para  los  quehaceres  culinarios, 
un  trabajador  del  sector  formal  usa  4,4  horas/semana.  En  otro  marco,  no 
es  sorpresivo  que  los  inactivos  sean  el  sector  económico  con  mayor  nivel 
de  tiempo  relacional,  ya  que  aquí  se  cuentan  los  jubilados  y dependientes 
de  otros  miembros  de  la  familia.  Es  clara  la  evidencia  de  que  la  precarie- 
dad en  el  mercado  de  trabajo  está  inversamente  relacionada  con  la  capaci- 
dad que  tienen  los  ciudadanos  de  producir/consumir  bienes  relaciónales. 

Desde  otra  arista,  al  considerar  el  tiempo  dedicado  al  Buen  Vivir  se- 
gún la  autoidentificación  étnica  podemos  observar  algo  que  no  llama  la 
atención:  los  blancos  y mestizos  tienen  casi  10  horas  más  de  tiempo  rela- 
cional que  los  indígenas.  No  obstante,  se  evidencia  que  el  grupo  étnico  con 
mayor  tiempo  de  vida  plena  es  el  de  los  afroecuatorianos  o mulatos,  quie- 
nes incluso  tienen  en  promedio  más  horas  dedicadas  a la  buena  vida  que 
los  blancos  o los  mestizos. 

A la  vez,  la  evidencia  empírica  revela  que  a mayor  nivel  educativo,  se 
goza  de  mayor  tiempo  relacional.  En  efecto,  una  persona  con  estudios  de 
postgrado  tiene  casi  17  horas  más  de  vida  plena  a la  semana  que  una  per- 
sona analfabeta. 


66 


René  Ramírez  G. 


Tabla  1 

Producción/ consumo  de  bienes  relaciónales  según  categorías 
socioeconómicas  2007 


Categorías 

Tiempo  para  la 
contemplación  y el 
autoconocimiento 

Tiempo 

social 

Tiempo 

público 

Tiempo 

relacional 

Categoría  de  ocupación 

Empleado  público 

14,69 

10,48 

0,53 

25,69 

Empleado  privado 

13,98 

9,39 

0,38 

23,74 

Tercerizado 

11,97 

9,76 

0,22 

21,95 

Jornalero  o peón 

10,59 

8,18 

0,42 

19,19 

Patrono 

14,05 

10,22 

0,58 

24,85 

Cuentapropista 

12,35 

8,83 

0,68 

21,86 

Trabajador  (no  remu- 
nerado) del  hogar 

10,01 

7,59 

0,45 

18,05 

Empleada  doméstica 

11,71 

8,27 

0,43 

20,41 

Tipo  de  contrato 

Nombramiento 

14,59 

10,24 

0,53 

25,36 

Contrato  permanente 

13,52 

9,32 

0,33 

23,17 

Contrato  temporal 

12,84 

8,79 

0,35 

21,98 

Por  obra  o a destajo 

12,24 

8,73 

0,53 

21,50 

Por  horas 

12,99 

8,86 

0,61 

22,47 

Por jornada 

10,23 

7,94 

0,35 

18,52 

Seguridad  social 

Con  seguro  social 

17,30 

12,94 

1,15 

31,39 

Sin  seguro  social 

14,03 

9,38 

0,46 

23,86 

Sector 

Inactivos 

16,45 

10,17 

0,41 

27,03 

Formal 

14,06 

9,82 

0,41 

24,28 

Informal 

11,57 

8,42 

0,57 

20,57 

Autoidentificación  étnica 

Indígena 

7,47 

6,72 

0,82 

15,00 

Blanco 

15,85 

9,15 

0,49 

25,49 

Mestizo 

14,36 

9,67 

0,45 

24,49 

Afroecuatoriano 

16,36 

9,78 

0,34 

26,48 

Mulato 

15,43 

9,61 

0,40 

25,45 

Análisis  descriptivo  y perfil  del  ecuatoriano  que  vive  bien 


67 


Nivel  educativo 

Analfabeto 

8,60 

7,27 

0,51 

16,39 

Centro  de 
alfabetización 

7,47 

6,34 

0,90 

14,70 

Primaria 

11,75 

8,67 

0,57 

20,98 

Educación  básica 

15,23 

8,79 

0,27 

24,28 

Secundaria 

14,61 

9,82 

0,47 

24,89 

Educación  media 

18,69 

10,51 

0,30 

29,49 

Superior  no 
universitaria 

14,59 

11,11 

0,98 

26,67 

Superior 

universitaria 

17,47 

11,58 

0,52 

29,57 

Posgrado 

19,39 

13,32 

0,82 

33,53 

Estado  civil 

Casado 

12,72 

10,01 

0,64 

23,37 

Separado 

14,00  8,50 

0,53 

23,03 

Divorciado 

17,16 

10,28 

1,00 

28,44 

Viudo 

13,79  8,18 

0,66 

22,64 

Unión  libre 

12,78 

9,50 

0,36 

22,63 

Soltero 

15,83 

9,18 

0,32 

25,32 

Sexo 

Hombre 

14,50 

9,41 

0,40 

24,35 

Mujer 

13,50 

9,48 

0,54 

23,55 

Necesidades  básicas  insatisfechas  (NBI) 

# NBI  = 0 

16,60 

10,69 

0,48 

27,78 

# NBI  = 1 

13,45  8,62 

0,41 

22,47 

# NBI  = 2 

10,27 

8,00 

0,55 

18,82 

# NBI  = 3 

9,93  8,00 

0,47 

18,41 

# NBI  = 4 

9,54 

7,80 

0,32 

17,7 

Promedio  total 

14,1  9,44 

0,47 

24 

Participación  total 

85% 

86% 

8,8% 

90% 

Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


68 


René  Ramírez  G. 


Al  analizar  el  estado  civil,  se  puede  observar  que  las  personas  divorciadas  y las 
solteras  son  las  que  más  dedican  su  tiempo  a la  producción/consumo  de  bie- 
nes relaciónales.  La  tabla  evidencia  que  los  hombres  tienen  más  tiempo  rela- 
cional  que  las  mujeres,  como  consecuencia  de  que  las  mujeres  se  dedican  con 
mucha  mayor  frecuencia  a trabajos  domésticos  no  remunerados  en  el  espacio 
de  lo  privado.  En  efecto,  como  ejemplo  podemos  señalar  que  las  mujeres  de- 
dican 1 1 horas  más  que  los  hombres  a actividades  culinarias.  Como  se  men- 
cionó anteriormente,  esta  cantidad  de  horas  se  compensa  semanalmente  con 
el  tiempo  promedio  que  dedica  un  hombre  al  trabajo  remunerado  frente  a las 
mujeres,  razón  por  la  cual  la  diferencia  no  resulta  tan  grande  cuando  analiza- 
mos la  brecha  de  buena  vida  que  existe  entre  ambos  sexos.6 

Finalmente,  podemos  constatar  que  aquellas  personas  que  viven  en  fami- 
lias con  mayores  necesidades  básicas  insatisfechas  son  las  que  poseen  menor 
tiempo  relacional.  Si  una  persona  vive  en  una  familia  cuyas  necesidades  básicas 
están  satisfechas,  tiene  en  promedio  10  horas  más  de  vida  plena  que  una  perso- 
na que  tiene  cuatro  o más  necesidades  básicas  insatisfechas. 

Gráfico  1 

Productividad  laboral  (USD/hora)  y tiempo  relacional  (hora/semanal),  2007 

40  - 

V 35  - 

© 
ea 

| 30  - 

© 
w 

I 25  - 

o 

j= 

75  20  - 

c 
o 
’o 

— 15  - 

© 

o 

E 10  - 

© 

5 - 
0 -- 

0 2 4 6 8 10 

Productividad  laboral  (Ingreso  laboral/hora) 


Post- 


Empl.  con  grado 
seguro  ^ 


Indígena 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


6 La  brecha  es  mayor  cuando  tomamos  en  cuenta  únicamente  a la  PEA  (población  económi- 
camente activa)  empleada. 


Análisis  descriptivo  y perfil  del  ecuatoriano  que  vive  bien 


69 


Gráfico  2 

Productividad  laboral  (USD/hora)  y trabajo 
no  remunerado  (hora/semanal),  2007 


Mujer 


♦ ♦ 


Cuasi-analfabeto 


Indígena 


Empleada  doméstica 
♦ Cuenta  propista 


Nombramiento 


Empl.  con  seguro 
social 


Post-grado 


> ♦ ♦♦  ♦ 


2 3 4 5 6 7 8 

Productividad  laboral  (ingreso  laboral/hora) 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Ahora  bien,  deberíamos  preguntarnos  cuál  es  la  relación  de  lo  mencionado 
con  el  mundo  del  trabajo.  Claramente,  como  se  puede  apreciar  en  el  gráfi- 
co 1,  las  personas  con  una  mayor  productividad  por  hora  son  las  que  tienen 
mayor  tiempo  relacional,  y viceversa.  Al  analizar  las  categorías  de  la  tabla 
1 y estudiar  la  relación  entre  productividad  y tiempo  relacional  se  puede 
observar  que  son  los  indígenas,  los  analfabetos,  los  trabajadores  por  jor- 
nada o peones  los  que  tienen  menor  ingreso  laboral  por  hora  y los  que  me- 
nos tiempo  tienen  para  vivir  una  vida  plena.  En  el  otro  extremo,  las  personas 
que  estudiaron  postgrado,  tienen  empleo  con  seguro  social  y nombramien- 
to, trabajan  en  el  Estado  o son  patronos,  son  las  personas  que  reciben  mayor 
ingreso  laboral  por  hora  y que,  además,  tienen  mayor  tiempo  relacional  se- 
manal. Adicionalmente,  como  habíamos  señalado,  se  da  una  doble  expropia- 
ción del  excedente  del  trabajo  en  el  mercado  laboral.  Por  una  parte,  el  traba- 
jador deja  su  plusvalor  —en  términos  de  Marx—  en  posesión  del  dueño  de  los 
medios  de  producción,  pero  a su  vez  este  se  lleva  el  excedente  del  trabajo  de 


70 


René  Ramírez  G. 


aquella  persona  que  trabaja  en  el  hogar  de  una  manera  no  remunerada  y que 
es  la  que  permite  que  el  trabajo  remunerado  del  otro  sea  posible.7  De  hecho, 
como  se  puede  apreciar  en  el  gráfico  2,  la  relación  entre  trabajo  no  remunera- 
do y productividad  laboral  es  inversa  y toma  la  forma  de  una  media  U inverti- 
da. Como  se  había  señalado,  los  trabajadores  con  mayor  salario  por  hora  (in- 
dividuos con  postgrado,  con  nombramiento,  patronos  y que  tienen  empleo 
con  seguridad  social)  son  los  que  menos  tiempo  dedican  al  trabajo  no  remu- 
nerado. En  el  otro  lado,  aquellas  personas  que  tienen  más  baja  productividad 
laboral  son  aquellas  que  más  tiempo  tienen  que  dedicar  a compensar  el  sala- 
rio con  trabajo  no  remunerado.  En  este  último  grupo  se  encuentran  los  anal- 
fabetos, las  mujeres,  los  indígenas,  las  empleadas  domésticas  y los  trabajado- 
res por  cuenta  propia  (informales). 

En  suma,  si  partimos  del  hecho  de  que  el  tiempo  es  limitado  y «no  re- 
tornable»,  se  puede  evidenciar  que  la  expropiación  del  tiempo  está  vincula- 
da al  funcionamiento  de  la  propia  sociedad;  concretamente,  a la  precarie- 
dad del  mercado  laboral,  la  discriminación  y las  condiciones  materiales  de 
vida.  El  nivel  de  explotación  de  una  sociedad  no  se  mide  únicamente  en  di- 
nero, sino  que  se  evidencia  sobre  todo  en  el  tiempo  que  se  tiene  para  la  re- 
producción de  la  vida  y la  emancipación  social  y personal,  es  decir,  el  tiempo 
que  se  tiene  para  vivir  una  vida  plena.  Como  se  ha  podido  demostrar  clara- 
mente, la  estratificación  y exclusión  social  que  tiene  el  país,  la  heterogenei- 
dad del  mercado  de  trabajo  y la  discriminación  étnica  configuran  las  condi- 
ciones que  terminan  por  determinar  el  nivel  de  expropiación  del  tiempo  que 
debería  estar  destinado  al  florecimiento.  La  conclusión  es  evidente:  los  indi- 
viduos más  excluidos  y discriminados  son  los  que  menos  tiempo  tienen  pa- 
ra vivir  una  vida  digna  y plena. 

4.1.  Desigualdad  y concentración  del  Buen  Vivir 

La  economía  neoclásica,  amparada  muchas  veces  en  marcos  conceptuales 
liberales,  pone  el  énfasis  en  la  igualación  de  oportunidades  (bienes  prima- 
rios, recursos  o capacidades).  En  este  contexto,  lo  que  importa  es  la  equidad 
en  el  acceso  al  bien  primario,  recurso  o capacidad  priorizada,  pero  —como 
he  mencionado  en  otras  oportunidades—  dado  el  transcurrir  inexorable  del 

7 En  sentido  estricto,  podríamos  decir  que  existen  tres  niveles  de  plusvalor  usurpados  por  el 
dueño  de  los  medios  de  producción:  el  directo,  que  despoja  al  trabajador  in  situ;  el  del  trabajo 
cooperativo,  en  el  cual  se  apropia  del  tiempo  ganado  por  el  trabajo  colectivo;  y el  indirecto,  en 
el  cual  el  capitalista  se  adueña  también  del  valor  producido  por  el  trabajador  que  se  queda  en 
el  hogar  realizando  labores  sin  remuneración.  Entonces,  ¿cuántos  minutos  acumula?,  ¿cuánta 
vida  se  lleva? 


Análisis  descriptivo  y perfil  del  ecuatoriano  que  vive  bien 


71 


tiempo,  dicha  situación  no  lleva  necesariamente  a reducir  las  distancias  so- 
ciales ni  permite  por  sí  misma  construir  espacios  de  encuentro  común  (Ra- 
mírez G.  y Minteguiaga,  2009). 

La  economía  del  Buen  Vivir  no  tiene  como  referente  la  muerte  sino  la 
vida;  no  se  fundamenta  únicamente  en  el  individuo  sino  en  la  sociedad.  La 
igualación  de  mínimos  no  lleva  necesariamente  a la  construcción  de  un  lu- 
gar común.  En  este  sentido,  lo  que  interesa  es  analizar  cuánta  distancia  se- 
para a las  personas  de  una  comunidad  política  y cuán  concentrado  está  su 
encuentro.  La  recuperación  de  lo  público  y de  la  igualdad,  vistos  en  rela- 
ción a otro,  adquiere  importancia  frente  a la  mirada  privada  e individual  de 
la  economía  neoclásica.  En  este  marco,  propusimos  un  principio  rector  de 
la  justicia  basado  en  la  igualdad  y en  el  marco  del  respeto  a la  diversidad,  el 
cual  considera  tanto  el  lado  de  la  igualdad  negativa  o desigualdad  como  el 
de  la  igualdad  positiva: 

El  principio  rector  de  la  justicia  relacionado  con  la  igualdad  tiene  que 
materializarse  (objetiva  y subjetivamente)  —en  el  lado  negativo—  por  la 
eliminación  de  las  desigualdades  que  producen  dominación,  opresión, 
indignidad  humana,  subordinación  o humillación  entre  personas,  colectivos 
o territorios  y —en  el  lado  positivo—  por  la  creación  de  escenarios  que 
fomenten  una  paridad  que  viabilice  la  emancipación  y la  autorrealización  de 
las  personas  (colectivos)  y donde  los  principios  de  solidaridad  y fraternidad 
(comunidad)  puedan  prosperar,  y con  ello  la  posibilidad  de  un  mutuo 
reconocimiento  (o  posibilidad  de  reciprocidad)  entre  los  miembros  y 
territorios  de  una  sociedad  (Ramírez  G.,  2008a:  32). 

La  «coincidencia»  de  tiempo  es  quizá  uno  de  los  objetivos  de  la  economía 
del  Buen  Vivir;  es  decir,  el  encuentro.  La  generación  y disfrute  de  bienes  rela- 
ciónales no  es  viable  si  no  se  da  esa  coincidencia  de  tiempo.  Dicho  encuen- 
tro tiene  barreras  si  la  sociedad  tiene  altos  niveles  de  concentración  en  la 
producción  y el  consumo  de  tiempo  relacional. 

Con  estos  antecedentes,  podríamos  señalar  que  tan  importante  como 
evaluar  la  diferencia  de  ingresos  o capacidades  que  existe  en  una  sociedad  es 
observar  la  brecha  que  existe  en  la  producción  y consumo  de  bienes  relació- 
nales. A primera  vista,  y basándonos  en  lo  mencionado  en  el  apartado  ante- 
rior, parecería  que  el  perfil  de  las  personas  monetariamente  más  ricas  coin- 
cide con  el  de  las  que  viven  bien. 

Al  igual  que  se  suele  dividir  el  ingreso  en  «n-tiles»  (percentiles,  quinti- 
les o deciles)  para  comparar  los  más  ricos  con  los  más  pobres,  la  economía 
del  Buen  Vivir  puede  considerar  también  los  «n-tiles»  de  tiempo  bien  vivi- 


72 


René  Ramírez  G. 


do  para  comparar  aquellas  personas  que  viven  a plenitud  frente  a aquellas 
que  llevan  una  vida  alienada.  De  la  misma  forma,  este  cálculo  permite  ana- 
lizar el  nivel  de  desigualdad  y concentración  que  existe  en  una  sociedad  en 
la  generación  y uso  de  tiempo  relacional.  Altos  niveles  de  concentración  im- 
plicarían que  una  sociedad  tiene  menos  probabilidades  de  producir  sociabi- 
lidad, de  construir  esfera  pública  (espacios  de  encuentro  común)  y de  gene- 
rar proyectos  compartidos. 


Gráfico  3 

Curva  de  Lorenz  del  tiempo  relacional,  2007 


o 

•o 

■> 

> 


% acumulado  de  pblación  según  deciles  de  tiempo  «bien  vivido» 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Como  se  puede  observar,  el  20%  con  más  tiempo  bien  vivido  (más  «rico»)  en 
el  Ecuador  usa  el  42%  del  total  de  tiempo  relacional  que  tiene  la  sociedad 
ecuatoriana.  En  el  otro  extremo,  el  20%  con  menor  tiempo  vivido  a plenitud 
(más  «pobre»)  goza  de  apenas  el  6,77%  del  total  de  tiempo  relacional  que  ge- 
nera la  sociedad  en  un  año.  Si  calculamos  el  coeficiente  de  Gini  de  la  cur- 


Análisis  descriptivo  y perfil  del  ecuatoriano  que  vive  bien 


73 


va  de  Lorenz  obtenemos  0,379,  lo  cual  es  significativamente  más  bajo  que  el 
coeficiente  de  Gini  del  ingreso  per  cápita,  que  es  de  0,552. 8 

La  desigualdad  en  la  generación  y uso  de  tiempo  relacional  se  evidencia 
más  si  analizamos  los  componentes  que  lo  conforman  y si  dividimos  a la  so- 
ciedad en  deciles  de  tiempo  dedicado  a la  «buena  vida». 


Tabla  2 

Tiempo  relacional,  ingreso  y felicidad  según  deciles  de  tiempo  relacional 


Deciles 
de  tiempo 
relacional 

Tiempo  de 
contemplación  o 
autoconocimiento 

Tiempo 

social 

Tiempo 

público 

Total 

tiempo 

relacional 

10%  más  pobre  en 
tiempo 
relacional 

1,95 

2,27 

0,05 

4,27 

2 

5,06 

4,04 

0,15 

9,25 

3 

7,61 

5,42 

0,26 

13,28 

4 

10,09 

6,49 

0,32 

16,90 

5 

12,21 

7,98 

0,37 

20,56 

6 

15,21 

9,21 

0,44 

24,85 

7 

17,81 

11,42 

0,54 

29,77 

8 

21,91 

13,61 

0,70 

36,23 

9 

27,53 

17,09 

0,90 

45,52 

10%  más  rico  en 
tiempo  relacional 

39,26 

28,56 

1,63 

69,45 

10/1 

20,08 

12,56 

35,59 

16,25 

Promedio 

14,1 

9,44 

0,47 

24 

Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


En  efecto,  el  10%  más  rico  en  cuanto  a tiempo  relacional  tiene  por  semana 
65  horas  más  de  tiempo  bien  vivido  que  el  10%  más  pobre;  es  decir,  16  ve- 
ces más.  Si  analizamos  el  tiempo  para  la  contemplación  y autoconocimien- 
to,  los  niveles  de  desigualdad  resultan  igualmente  significativos.  El  decil  con 


8 Debemos  recordar  que  el  coeficiente  de  Gini  es  una  medida  que  permite  evaluar  el  nivel  de 
concentración  de  una  variable  específica  en  una  sociedad.  Si  el  coeficiente  se  acerca  a 1 hay 
mayor  concentración  (una  persona  se  apropia  de  la  totalidad  de  los  ingresos,  gastos,  tiempo, 
etc.),  en  tanto  que  si  es  0 se  supone  que  hay  equidistribución. 


74 


René  Ramírez  G. 


mayor  tiempo  relacional  dedica  30  veces  más  tiempo  al  arte,  al  deporte,  a la 
meditación,  al  esparcimiento,  a la  práctica  de  instrumentos  musicales,  al 
disfrute  de  la  naturaleza,  a la  reflexión,  etc.,  que  el  decil  más  pobre  en  cuan- 
to a tiempo  relacional.  Esta  brecha  entre  los  extremos  mencionados  (decil 
10/decil  1)  es  de  12,6  veces  y de  35,6  veces  si  analizamos  la  producción/con- 
sumo de  tiempo  social  o tiempo  para  la  participación  pública,  respectiva- 
mente (ver  tabla  2). 


CAPITULO  QUINTO 


La  importancia  de  la  unidad  de  análisis: 
¿existe  diferencia  entre  la  riqueza 
monetaria  y el  Buen  Vivir? 

En  la  economía  neoclásica  el  bienestar  está  asociado  con  la  riqueza  moneta- 
ria. Se  supone  entonces  que  una  sociedad  es  más  rica  cuanto  más  opulenta.  Si 
bien  al  principio  parecería  que  el  perfil  de  aquella  persona  que  es  rica  mone- 
tariamente coincide  con  el  de  la  persona  que  vive  una  vida  plena,  un  análisis 
más  detallado  nos  revelará  diferencias  significativas. 

El  análisis  económico  cambia  completamente  cuando  cambiamos  de 
unidad  de  análisis,  si  pasamos  del  dinero  al  tiempo  relacional. 

En  efecto,  si  observamos  el  gráfico  4 podemos  constatar  lo  menciona- 
do. Si  usamos  como  unidad  de  análisis  el  ingreso  y dividimos  a la  población 
en  deciles  de  ingreso  podemos  observar  que  el  10%  más  rico  tiene  un  ingre- 
so promedio  equivalente  a USD  691  per  cápita.  Ahora  bien,  si  dividimos  a 
la  sociedad  en  deciles  de  tiempo  relacional  podemos  señalar  que  el  10%  más 
rico  en  tiempo  bien  vivido  tiene  un  ingreso  igual  a USD  227  mensuales.  Es 
importante  evidenciar  que  si  comparamos  las  dos  curvas  del  gráfico  4,  pode- 
mos notar  que  en  el  80%  de  la  población,  el  ingreso  en  cuanto  a tiempo  rela- 
cional es  superior  al  ingreso  mensual  medido  monetariamente. 

Por  otra  parte,  si  analizamos  el  tiempo  dedicado  al  trabajo  semanal  se- 
gún las  dos  unidades  de  análisis  se  evidencian  resultados  disímiles.  En  efec- 
to, en  primer  lugar  se  puede  observar  a través  del  gráfico  5 que  la  relación 
entre  deciles  de  ingreso  y tiempo  de  trabajo  es  directamente  proporcional, 
en  tanto  que  podemos  afirmar  que  es  inversamente  proporcional  entre  deci- 
les de  tiempo  bien  vivido  y horas  de  trabajo  a la  semana.  El  10%  más  rico  en 
cuanto  a ingresos  trabaja  casi  10  horas  más  que  el  10%  más  pobre  en  cuan- 
to a la  variable  monetaria  mencionada.  Al  evaluar  según  la  unidad  de  aná- 
lisis de  tiempo,  notamos  que  el  10%  más  rico  según  tiempo  relacional  tra- 
baja casi  4 horas  menos  que  el  10%  más  pobre  determinado  bajo  la  misma 
variable  temporal. 


75 


76 


René  Ramírez  G. 


Gráfico  4 

Ingreso  per  cápita  según  deciles  de  ingreso 
o deciles  de  tiempo  relacional,  2007 


Decil  de  ingresos  o de  tiempo  relacional 


Fuente:  Enemdu  (2007). 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 

Nota:  En  el  eje  horizontal  están  sobrepuestos  los  deciles  medidos  según  ingreso  o según 
tiempo  bien  vivido  o relacional. 


En  este  marco  se  evidencia  el  contraste  existente  cuando  comparamos  bajo 
estas  dos  unidades  de  análisis:  el  gráfico  revela  que  el  10%  más  rico  según  in- 
greso trabaja  casi  6 horas  más  que  el  10%  más  rico  según  tiempo  relacional. 

Finalmente,  para  observar  los  diferentes  énfasis  de  una  economía  mo- 
netarista  neoclásica  frente  a la  economía  del  Buen  Vivir,  analizaremos  el 
tiempo  dedicado  a la  producción  y consumo  de  tiempo  relacional  en  am- 
bos marcos  de  análisis.  Si  partimos  desde  la  perspectiva  neoclásica,  pode- 
mos constatar  que  el  10%  más  rico  tiene  1,77  veces  más  tiempo  relacional 
que  el  10%  más  pobre  según  ingreso.  Esta  diferencia  —como  se  señaló  an- 
teriormente— es  16  veces  mayor  si  comparamos  los  dos  extremos  de  deciles 
medidos  según  el  tiempo  bien  vivido.  Si  comparamos  ambos  deciles  según 
ingreso  y tiempo  vivido  a plenitud,  podemos  aseverar  que  un  individuo  ex- 
tremadamente rico  según  ingreso  (decil  más  alto)  tiene  en  promedio  37  ho- 
ras menos  a la  semana  de  tiempo  dedicado  a la  buena  vida  que  una  persona 
que  pertenece  al  10%  más  rico  en  cuanto  a tiempo  vivido  a plenitud. 


La  importancia  de  la  unidad  de  análisis 


77 


Gráfico  5 

Horas  de  trabajo  semanal  según  deciles  de  ingreso 
o de  tiempo  relacional,  2007 


Decil  de  ingreso  o de  tiempo  relacional 

Fuente:  Enemdu  (2007). 

Elaboración:  Rene  Ramírez  G. 

Nota:  Se  toma  en  cuenta  únicamente  a los  ciudadanos  que  declaran  no  haber  estado  en  el 
desempleo  la  última  semana. 

Gráfico  6 

Horas  dedicadas  semanalmente  al  Buen  Vivir 
según  deciles  de  ingreso  o de  tiempo  relacional,  2007 


Decil  de  ingreso  o de  tiempo  relacional 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


78 


René  Ramírez  G. 


Claramente,  lo  que  se  ha  pretendido  evidenciar  es  que  existe  diferencia  en- 
tre bienestar  y Buen  Vivir.  El  análisis  económico  realizado  desde  una  pers- 
pectiva monetaria  no  coincide  con  el  análisis  que  se  desprendería  si  toma- 
mos como  unidad  de  análisis  el  tiempo  relacional.  Una  economía  que  tenga 
como  objetivo  la  maximización  de  la  utilidad  medida  monetariamente  evi- 
dentemente producirá  una  sociedad  diferente  a la  que  se  puede  crear  desde 
una  economía  que  tenga  como  objetivo  la  maximización  de  la  generación/ 
disfrute  de  bienes  relaciónales. 

La  «pobreza»  de  la  riqueza  monetaria  o el  mal  vivir  de  los  millonarios 
Es  usualmente  conocido  en  las  ciencias  sociales  que  según  cómo  se  evalúe 
una  situación  o se  haga  su  diagnóstico  se  interviene  sobre  esa  realidad.  El 
diagnóstico  cambia  radicalmente  —como  se  evidenció  anteriormente—  si 
cambia  la  unidad  de  análisis.  De  acuerdo  a la  economía  neoclásica,  el  bien- 
estar está  relacionado  con  la  capacidad  de  consumo  que  tenga  una  perso- 
na. Bajo  esta  mirada  el  objetivo  social  debería  ser  que  todos  los  ciudadanos 
del  mundo  tengan  el  nivel  de  vida  que  llevan,  por  ejemplo,  las  estrellas  de 
Hollywood. 

No  obstante,  la  economía  del  Buen  Vivir  pondría  en  duda  si  tal  sociedad 
es  lo  que  debe  buscar  la  humanidad. 

En  promedio,  si  comparamos  los  dos  marcos  de  análisis,  podemos  seña- 
lar que  la  pobreza  de  la  riqueza  o el  mal  vivir  de  los  ricos  se  produce  porque 
aquellas  personas  que  tienen  más  dinero  en  la  sociedad  ecuatoriana  traba- 
jan más1,  duermen  menos  y dedican  mucho  menos  tiempo  a la  producción/ 
consumo  de  relaciones  sociales.  En  efecto,  las  personas  que  pertenecen  al 
decil  más  rico  según  ingreso  trabajan  6 horas  más,  duermen  6,8  horas  me- 
nos y tienen  37  horas  menos  de  tiempo  relacional  a la  semana  frente  a aque- 
llas personas  que  se  encuentran  en  el  decil  más  alto  según  el  tiempo  bien  vi- 
vido. Es  importante  señalar  que  ambos  grupos  tienen  el  dinero  suficiente 


1 Desde  una  mirada  epidérmica  se  podría  señalar  que  son  más  ricos  porque  trabajan  más  ho- 
ras. No  obstante,  en  el  caso  de  Ecuador  el  solo  hecho  de  poder  trabajar  más  horas  devela  re- 
laciones de  privilegio  ya  que  —como  anotamos  anteriormente—  una  de  cada  3 personas  de- 
searía trabajar  más  horas  y no  puede  hacerlo.  Asimismo,  por  ejemplo,  el  decil  más  pobre  en 
promedio  trabaja  solo  35  horas  semanales  involuntariamente,  corroborando  el  privilegio 
que  representa  el  tener  la  opción  de  elegir  el  tiempo  dedicado  al  trabajo.  El  nivel  de  ingreso 
de  una  persona  depende  también  de  factores  diferentes  al  salario  (productividad)  como  son 
la  valoración  social  de  la  profesión,  el  prestigio,  las  redes  sociales,  la  discriminación,  entre 
otros.  Por  otra  parte,  y para  no  caer  en  «absolutos»,  diremos  que  si  bien  el  análisis  realizado 
trabaja  con  promedios,  podemos  afirmar  que  de  la  totalidad  del  quintil  más  rico  según  in- 
gresos, únicamente  el  16%  pertenece  al  10%  más  rico  valorado  según  el  tiempo  bien  vivido. 


La  importancia  de  la  unidad  de  análisis 


79 


para  satisfacer  sus  necesidades  materiales  (claro  está,  con  diferentes  nive- 
les de  «lujo»). 

Podríamos  discurrir  en  el  análisis  descriptivo  que  las  personas  que  per- 
tenecen al  10%  más  rico  según  ingreso  y no  llevan  una  vida  plena  equiparan 
USD  464  mensuales  con  148  horas  mensuales  de  tiempo  que  podrían  dedi- 
car a trabajar  menos,  dormir  más  o vivir  una  vida  que  fomente  la  produc- 
ción/consumo de  relaciones  sociales  de  calidad. 

Quizás  una  pregunta  pertinente  sería  qué  porcentaje  de  personas  que 
pertenecen  al  quintil  más  rico  según  ingreso  pertenecen  también  al  quintil 
más  alto  según  tiempo  relacional.  Del  total  del  quintil  más  rico  según  ingreso, 
únicamente  el  30%  pertenece  al  quintil  con  mayor  nivel  de  buena  vida  medi- 
do según  la  variable  tiempo  relacional.  En  el  otro  extremo,  del  quintil  más 
rico  según  ingreso,  casi  el  30%  pertenece  a los  dos  quintiles  más  «pobres» 
calculados  según  el  tiempo  que  dedican  a vivir  bien. 


Tabla  3 

Composición  y promedio  del  quintil 
más  rico  según  deciles  de  tiempo  relacional  2007 


Quintil  más  rico 

Quintil  más  rico  en  ingreso 

en  tiempo 

Composición 

Promedio 

10%  que  vive  peor  (pobre 
en  tiempo  relacional) 

6,85% 

13% 

2 

5,61% 

14% 

3 

7,09% 

16% 

4 

9,33% 

19% 

5 

9,69% 

20% 

6 

7,80% 

19% 

7 

10,94% 

24% 

8 

12,28% 

27% 

9 

14,17% 

31% 

10%  con  niveles  más 
altos  de  buena  vida  (rico  en 
tiempo  relacional) 

16,26% 

35% 

Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


80 


René  Ramírez  G. 


5.1.  Desigualdad  de  ingresos  frente  a desigualdad 
de  tiempo  bien  vivido 

¿Existe  relación  entre  la  desigualdad  monetaria  y la  desigualdad  de  tiempo? 
Para  responder  tal  pregunta,  se  obtuvo  el  coeficiente  de  Gini  de  ambas  me- 
didas para  las  diferentes  zonas  geográficas  que  permite  calcular  la  encuesta: 
provincias  (considerando  la  Amazonia  en  su  conjunto),  regiones  geográfi- 
cas y las  tres  principales  ciudades  del  país  (Cuenca,  Quito,  Guayaquil). 

Como  se  puede  observar  en  el  gráfico  7,  existe  una  relación  directamen- 
te proporcional  entre  los  niveles  de  concentración  de  riqueza  calculados  en 
cuanto  a ingreso  y en  cuanto  a tiempo  relacional.  En  otras  palabras,  a medi- 
da que  hay  más  desigualdad  de  ingreso  en  los  territorios  del  país,  hay  mayor 
desigualdad  en  el  tiempo  dedicado  a la  buena  vida.  En  términos  agregados 
podemos  notar  que  los  territorios  con  menor  desigualdad  tanto  de  ingreso 
como  de  tiempo  son  Cuenca,  El  Oro  y Quito.  En  el  otro  extremo,  las  zonas 
más  desiguales  son  Bolívar  y los  territorios  amazónicos. 

Gráfico  7 

Coeficiente  de  Gini  del  ingreso  frente  al  coeficiente 
de  Gini  del  tiempo  relacional  según  zona  geográfica,  2007 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


La  importancia  de  la  unidad  de  análisis 


81 


En  el  libro  Igualmente  pobres,  desigualmente  ricos  (Ramírez  G.,  2008a)  pude  evi- 
denciar que  el  salario  es  la  variable  de  los  rubros  que  componen  el  ingreso  que 
más  contribuye  a incrementar  la  desigualdad  monetaria  en  Ecuador.  Enton- 
ces, si  existe  una  correlación  directa  entre  desigualdad  de  ingresos  y de  tiempo 
relacional,  la  pregunta  que  deberíamos  hacernos  es:  ¿cómo  se  explican  las  bre- 
chas existentes  en  el  mercado  laboral?  Para  procurar  responder  a la  pregunta 
y para  cerrar  la  explicación  sobre  el  círculo  de  la  desigualdad  y las  distancias 
sociales,  analizaremos  la  distribución  del  valor  agregado  bruto  del  PIB  (distri- 
bución primaria  del  ingreso),  la  composición  de  la  población  económicamen- 
te activa  (PEA)  y el  ingreso  laboral.  De  esta  manera  expondremos  en  qué  me- 
dida se  reproduce  la  desigualdad  monetaria  en  el  país. 

Si  observamos  el  gráfico  8,  advertimos  que  de  cada  USD  100,  USD  35 
se  llevan  los  capitalistas,  USD  30  los  cuentapropistas  (ingreso  mixto),  USD 
24  los  trabajadores  y USD  12  el  Estado.  A priori,  estas  diferencias  no  pare- 
cen muy  pronunciadas.  No  obstante,  cuando  analizamos  la  composición  de 
la  PEA  el  panorama  cambia.  Simplemente  para  ilustrar  lo  que  sucede  pode- 
mos señalar  que  mientras  el  35%  del  total  del  PIB  se  divide  (excedente  bru- 
to de  explotación)  entre  el  5%  de  la  PEA,  que  son  patronos,  el  24%  del  valor 
agregado  bruto  del  PIB  se  tiene  que  repartir  entre  el  37%  de  los  trabajadores 
asalariados  que  pertenecen  a la  PEA.2 


Gráfico  8 


Distribución  primaria  del  ingreso  (valor  agregado  bruto  del  PIB) 
y población  económicamente  activa,  1993-2007 


Pre-dolarización  Post-dolarización 


PEA 

5% 

46% 

49% 

(12%  Estado) 


-♦-Ingreso  mixto  -*-  Excedente  bruto  de  explotación 

Remuneración  Impuestos 

Fuente:  Senplades  (2010). 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 


2 En  este  porcentaje  no  se  tomó  en  cuenta  el  12%  que  son  empleados  del  sector  público. 


82 


René  Ramírez  G. 


Esta  situación  se  evidencia  en  el  gráfico  9,  el  cual  revela  que  los  ingresos  la- 
borales del  capitalista  y del  sector  público  parecen  ser  los  únicos  salarios 
que  experimentan  crecimientos  significativos.3  El  valor  del  salario  del  cuen- 
tapropista,  de  la  empleada  doméstica,  del  jornalero  o peón  parece  estar  con- 
denado al  estancamiento,  y este  grupo  representa  aproximadamente  el  46% 
de  la  PEA  total.  Como  se  pudo  constatar  en  párrafos  anteriores,  la  estructu- 
ra del  mercado  laboral  indudablemente  determina  la  mayor  o menor  posibi- 
lidad de  gozar  de  mayor  tiempo  relacional.  En  este  marco  se  puede  afirmar 
que  sin  cambios  en  la  distribución  primaria  del  ingreso  y en  la  composición 
de  la  población  económicamente  activa  será  imposible  reducir  las  brechas 
de  tiempo  relacional  que  existen  en  el  país,  para  lo  cual  es  fundamental  la  re- 
distribución de  los  medios  de  producción,  el  fomento  de  otras  formas  de  or- 
ganización laboral  y la  democratización  de  la  propiedad  privada  y pública. 


Gráfico  9 

Ingreso  laboral  (USD  pe),  2000-2010  (sept.) 


Dic-99  Abr-01  Sep-02  Ene-04  May-05  Oct-O  Feb-08  Jul-09  Nov-10 

— Empleado  de  Gobierno  — Empleado  privado  ® -X"Jornalero  o peón 
Patrono  Cuentapropista  — Empleado  doméstico 


Fuente:  Enemdu,  varios  años. 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


3 Si  bien  el  ingreso  laboral  del  sector  público  crece  casi  paralelamente  al  del  capitalista  (aun- 
que en  niveles  bastante  más  bajos),  este  constituye  apenas  el  12%  de  la  PEA. 


La  importancia  de  la  unidad  de  análisis 


83 


Finalmente,  no  quisiera  dejar  de  señalar  que  así  como  podemos  decir  que 
si  tuviésemos  en  Ecuador  una  mejor  distribución  del  ingreso  no  existiría 
pobreza  monetaria4,  también  podemos  afirmar  que  si  existiese  una  mejor 
distribución  del  tiempo  de  trabajo  no  habría  desempleo  e incluso  se  po- 
dría crear  más  tiempo  para  el  Buen  Vivir  reduciendo  la  jornada  de  traba- 
jo. En  efecto,  en  2007  la  tasa  nacional  de  desempleo  en  Ecuador  fue  del  5% 
de  la  PEA,  equivalente  a una  necesidad  de  distribución  de  13.350.000  ho- 
ras de  trabajo  semanal.  Ese  mismo  año,  el  44%  de  la  PEA  trabajó  más  de  40 
horas  semanales.5  Las  horas  de  sobretrabajo  en  Ecuador  equivalen  a un  to- 
tal aproximado  de  35  millones  de  horas  a la  semana  que  podrían  ser  redis- 
tribuidas. En  este  sentido,  de  existir  una  distribución  más  equitativa  de  las 
horas  de  trabajo  remunerado,  no  solo  que  no  debería  haber  desempleo  sino 
que  también  podría  haber  menos  horas  de  trabajo  laboral  a nivel  nacional. 
Parafraseando  un  viejo  eslogan  podríamos  decir  que  debemos  trabajármenos 
para  que  todos  trabajen  y disfruten  de  mayor  tiempo  relacional. 


4 El  PIB,  el  ingreso  o gasto  per  cápita  es  2 ó 3 veces  superior  a la  línea  de  pobreza  del  Ecuador 
(ver  Ramírez  G.,  2008b). 

5 En  estricto  rigor,  el  44%  de  quienes  trabajan  en  promedio  más  de  40  horas  semanales  tienen 
un  exceso  de  trabajo  equivalente  a casi  15  horas  semanales. 


CAPITULO  SEXTO 


Resultados  econométricos: 
determinantes  de  la  buena  vida 

Para  analizar  cuáles  son  las  variables  que  constituyen  el  Buen  Vivir  de  las 
personas  se  realizó  un  modelo  econométrico  que  —como  se  mencionó  en  la 
parte  metodológica—  tiene  como  variable  dependiente  el  logaritmo  del  tiem- 
po relacional,  como  variables  independientes  el  ingreso  y el  tiempo  de  traba- 
jo remunerado  y no  remunerado,  e incluye  también  variables  socioeconómi- 
cas y demográficas  (medidas  en  logaritmos). 

Las  estimaciones  muestran  claramente  que  el  ingreso  laboral  tiene  un 
impacto  significativo,  pero  no  tan  grande  como  otras  variables,  en  el  tiem- 
po dedicado  a la  producción  y consumo  de  bienes  relaciónales.  Si  se  da  un 
incremento  del  100%  en  el  ingreso  salarial,  el  tiempo  relacional  aumenta  al- 
rededor del  9%,  ceteris  paribus.  Si  bien  la  variable  ingreso  laboral  no  tiene  un 
impacto  tan  grande,  la  variable  que  sí  determina  negativamente  el  tiempo 
que  un  ecuatoriano  dedica  a vivir  a plenitud  es  el  tiempo  que  ha  utilizado 
en  trabajar  remuneradamente,  como  era  de  esperarse.  En  efecto,  dado  un 
incremento  del  100%  en  las  horas  de  trabajo,  el  tiempo  dedicado  a produ- 
cir/consumir bienes  relaciónales  cae  un  15%,  manteniéndose  constantes  las 
otras  variables. 

Resulta  interesante  observar,  a partir  de  este  modelo  econométrico, 
que  si  bien  las  horas  dedicadas  al  trabajo  remunerado  van  en  detrimento 
del  tiempo  relacional,  sucede  todo  lo  contrario  con  las  horas  dedicadas  al 
trabajo  no  remunerado.  Igualmente  significativo  a nivel  estadístico  es  el 
hecho  de  que  si  se  incrementa  en  un  100%  el  trabajo  no  remunerado,  el 
tiempo  dedicado  a producir  relaciones  sociales  aumenta  en  un  10%.  Quizá  se 
podría  especular  que  el  trabajo  remunerado  obedece  a una  lógica  mercantil  e 
individualista,  tal  cual  ha  sido  conformada  la  sociedad.  En  el  lado  contrario, 
las  personas  que  dedican  más  tiempo  al  trabajo  no  remunerado  tienen  otro 
comportamiento  que  no  se  ha  impregnado  de  una  lógica  de  mercado,  y 
entonces  sienten  la  necesidad  de  relacionarse  con  otros  y de  disfrutar  de 
variados  ámbitos  de  la  vida  que  no  tienen  «precio».  Debemos  recordar  que, 
como  habíamos  señalado,  estamos  hablando  de  dos  formas  diferentes  de 
civilización.  En  la  economía  neoclásica,  el  mundo  ideal  es  aquel  en  que 


85 


86 


René  Ramírez  G. 


la  vida  está  dedicada  a producir  o consumir,  y el  trabajo  no  remunerado 
es  igual  a cero,  en  virtud  de  que  todas  las  actividades  se  realizan  en  el 
mercado.  En  la  economía  del  Buen  Vivir,  el  mundo  de  la  vida  se  reproduce 
en  el  autoconocimiento  para  un  otro  (incluyendo  a la  naturaleza),  y en  la 
generación  y disfrute  de  la  esencia  gregaria  propia  del  ser  humano.  En  este 
punto,  no  debería  sorprendernos  que  al  modelar  y separar  entre  hombres 
y mujeres  observemos  que  la  variable  horas  de  trabajo  remunerado  tenga  un 
efecto  mayor  negativo  en  los  hombres  (Phombre=  -0,20,  P ■ = -0,14),  y que 
la  variable  trabajo  no  remunerado  tenga  un  efecto  más  grancfe  en  las  mujeres 
(6,  , =0,11,  6 . = 0,13)  (ver  Anexo  2). 

Por  otra  parte,  claramente  se  evidencia  que  a mayor  nivel  educativo  ma- 
yor tiempo  dedica  el  individuo  a la  vida  plena,  es  decir,  a la  contemplación 
y a la  (re)producción  de  la  vida  en  sociedad.  La  educación  no  solo  desem- 
peña un  papel  en  el  autoconocimiento  personal,  en  el  mayor  disfrute  de  la 
contemplación,  sino  que  sirve  para  producir  una  sociedad  de  mayor  cali- 
dad. La  democracia,  la  participación  pública,  la  participación  colectiva  es  de 
mayor  calidad  a medida  que  una  comunidad  política  alcanza  mayores  nive- 
les de  educación. 


Tabla  4 

Elasticidades  o efectos  marginales  de  los  coeficientes 
que  constituyen  el  tiempo  relacional,  2007 


Total 

Hombres 

Muj 

eres 

dy/dx 

P>|t| 

dy/dx 

P>|t| 

dy/dx 

p>|t| 

Log  (ingreso  pe) 

0,09 

*** 

0,07 

*** 

0,06 

*** 

Log  (horas  trabajadas) 

-0,15 

*** 

-0,20 

*** 

-0,14 

*** 

Log  (tiempo 
de  trabajo  no 
remunerado) 

0,05 

*** 

0,11 

*** 

0,13 

*** 

Log  (escolaridad) 

0,12 

*** 

0,12 

*** 

0,16 

*** 

Log  (npers ) 

-0,01 

0,01 

-0,06 

** 

Log  (edad) 

-0,87 

*** 

-0,35 

-1,48 

*** 

Log  (edad  A2) 

0,10 

*** 

0,02 

0,20 

*** 

Indígena  = 1 

-0,14 

*** 

-0,10 

*** 

-0,23 

*** 

# NBI 

-0,06 

*** 

-0,07 

*** 

-0,09 

*** 

Resultados  econométricos:  determinantes  de  la  buena  vida 


87 


Empleado 
de  Gobierno  = 1 

0,05 

** 

0,11 

*** 

0,03 

Patrono  = 1 

0,02 

0,04 

-0,03 

Empleado  privado  = 1 

0,01 

0,03 

* 

0,01 

Trabajador 
sin  seguro  social 

-0,12 

*** 

-0,11 

*** 

-0,23 

*** 

Constante 

4,76 

*** 

4,15 

*** 

5,53 

*** 

Prob  > F 

0,00 

0,00 

0,00 

R-squared 

0,09 

0,10 

0,80 

Número  de 
observaciones 

22.460 

14.144 

8.316 

Variable  dependiente  = log  (tiempo  relacional) 

Todas  las  elasticidades  están  estimadas  en  el  promedio  de  todas  las  variables  del  modelo. 

* Indica  un  nivel  de  significancia  estadística  del  10%,  **  indica  un  nivel  de  significancia  estadís- 
tica al  5%  y ***  indica  un  nivel  de  significancia  estadística  al  1%. 

Fuente:  Enemdu  (2007). 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Al  mismo  tiempo  sucede  que,  en  términos  demográficos  y sin  diferencia- 
ción de  sexo,  el  hecho  de  contar  con  una  mayor  cantidad  de  miembros  en  el 
hogar  no  tiene  significancia  estadística  en  cuanto  a destinar  más  tiempo  pa- 
ra actividades  para  la  producción  y disfrute  de  bienes  relaciónales.  No  obs- 
tante, para  las  mujeres  una  mayor  cantidad  de  miembros  en  el  hogar  sí  im- 
plica un  menor  tiempo  para  la  vida  relacional,  manteniéndose  constantes 
las  otras  variables.  Por  otra  parte,  se  puede  observar  que  la  edad  tiene  un  im- 
pacto significativo  sobre  el  tiempo  destinado  por  las  mujeres  a la  vida  ple- 
na. Podemos  señalar  que  la  relación  del  tiempo  bien  vivido  con  la  edad  de 
las  mujeres  tiene  la  forma  de  una  U,  en  donde  en  un  primer  momento,  a me- 
dida que  la  edad  incrementa  disminuye  el  tiempo  dedicado  al  Buen  Vivir, 
hasta  que  se  alcanza  una  edad  a partir  de  la  cual  cada  año  adicional  implica 
mayor  tiempo  consagrado  a la  producción/consumo  de  bienes  relaciónales. 
Dicho  análisis  no  se  aplica  a los  hombres,  para  quienes  la  edad  no  tiene  un 
impacto  significativo  sobre  la  variable  explicada. 

Si  analizamos  la  variable  etnia  notamos  que  el  hecho  de  ser  indígena 
conlleva  dedicar  menos  tiempo  a la  producción  y consumo  de  tiempo  re- 
lacional. Esta  situación  se  explica  principalmente  por  tres  razones.  Debi- 
do a sus  condiciones  materiales  y su  relación  de  dependencia  laboral,  sema- 
nalmente los  indígenas,  en  comparación  con  los  ciudadanos  no  indígenas, 


88 


René  Ramírez  G. 


duermen  3,23  horas  menos,  trabajan  4,5 1 horas  más  y dedican  3 horas  más 
al  trabajo  no  remunerado.  La  situación  es  más  complicada  para  las  mujeres 
indígenas,  quienes  dedican  semanalmente  casi  19,5  horas  más  que  los  hom- 
bres indígenas  a realizar  el  trabajo  no  remunerado.  Es  por  esta  razón  que  el 
hecho  de  ser  mujer  indígena  tiene  un  impacto  negativo  más  fuerte  sobre  el 
tiempo  relacional  que  el  hecho  de  ser  un  indígena  hombre. 

Lo  mencionado  anteriormente  se  corrobora  al  analizar  el  número  de 
necesidades  básicas  insatisfechas  (NBI).  Claramente  se  evidencia  que  a ma- 
yor nivel  de  NBI  menor  tiempo  tiene  el  ciudadano  para  producir  y consumir 
bienes  relaciónales,  tal  como  se  señaló  en  el  marco  conceptual. 

Finalmente,  el  modelo  evidencia  que  el  tiempo  dedicado  a la  vida  ple- 
na está  asociado  con  la  calidad  del  empleo.  En  efecto,  si  una  persona  traba- 
ja en  el  sector  público  aumenta  la  posibilidad  de  que  dedique  más  tiempo 
a vivir  a plenitud.  Lo  mismo  sucede  en  el  caso  de  los  hombres  que  trabajan 
en  el  sector  privado.1  En  la  misma  línea,  el  trabajador  que  no  tiene  seguri- 
dad social  dedica  menos  tiempo  a la  buena  vida,  y la  situación  se  agrava  en 
el  caso  de  las  mujeres. 


1 En  el  caso  de  las  mujeres,  trabajar  formalmente  en  el  sector  público  o privado  no  tiene  im- 
pacto sobre  el  tiempo  dedicado  a la  producción  y consumo  de  bienes  relaciónales  (no  tie- 
ne significancia  estadística).  Dicha  situación  laboral  incluso  constituye  una  carga  adicional, 
puesto  que  igualmente  dedican  mucho  de  su  tiempo  al  trabajo  no  remunerado. 


CAPÍTULO  SÉPTIMO 

Geografía  del  Buen  Vivir  en  Ecuador: 
índice  de  Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV) 

El  índice  de  Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV)  es  un  indicador  sintético 
que  permite  evaluar  el  Buen  Vivir  a través  de  la  unidad  de  análisis  tiempo.  De 
este  modo  nos  alejamos  del  enfoque  monetarista  de  la  economía  neoclásica. 

Como  habíamos  mencionado  anteriormente,  la  buena  vida  parte  de  tener 
mayor  probabilidad  de  vivir  una  «vida  plena».  Si  tengo  menos  esperanza  de 
vida,  la  probabilidad  de  una  vida  plena  se  reduce.  Ahora  bien,  no  es  suficiente 
gozar  de  mayor  esperanza  de  vida  sino  que  esa  vida  debe  ser  saludable  y bien 
vivida.  En  ese  contexto,  el  índice  que  proponemos  busca  descontar  el  perío- 
do de  la  vida  en  el  cual  se  ha  estado  enfermo.  Adicionalmente,  y siguiendo  el 
marco  conceptual  planteado  a lo  largo  de  la  investigación,  el  IVSBV  busca  de- 
finir qué  proporción  de  la  vida  (en  promedio)  ha  dedicado  cada  territorio  pa- 
ra el  autoconocimiento,  la  contemplación,  el  amor,  la  amistad  y la  participa- 
ción pública  (civil  o política). 

En  términos  agregados,  se  puede  afirmar  que  un  ecuatoriano  promedio 
tiene  10,4  años  de  vida  saludable  y bien  vivida.  Ahora  bien,  el  planteamiento 
inicial  era  ponderar  este  indicador  a través  de  dos  variables:  la  educación  y la 
desigualdad.  En  un  primer  momento,  y para  mantener  la  misma  unidad  de 
análisis,  se  propuso  ponderarlo  en  relación  a los  años  de  escolaridad.  Una  so- 
ciedad con  una  educación  crítica  y liberadora  es  una  sociedad  más  democrá- 
tica y,  por  lo  tanto,  una  comunidad  con  mayor  calidad  al  momento  de  pro- 
ducir y consumir  bienes  relaciónales.  Al  calcularlo  a partir  de  la  escolaridad, 
el  IVSBV  a nivel  nacional  alcanza  la  cifra  de  1 1,3  años  de  vida  saludable  y bien 
vivida.  Claramente,  como  evidencia  el  mapa,  de  entre  las  provincias  y ciuda- 
des analizadas  Quito  es  la  ciudad  con  la  mayor  cantidad  de  años  promedio  vi- 
vidos saludablemente  y a plenitud  (16,32  años),  seguida  por  Pichincha  (13,95 
años),  Guayaquil  (13,31  años)  y Cuenca  (12,93).  En  el  otro  extremo,  los  terri- 
torios con  menor  nivel  de  vida  saludable  y vivida  a plenitud  son  Cañar  (6,54 
años),  Bolívar  (6,59  años),  la  Amazonia  (7,03  años)  y Cotopaxi  (7,07  años). 


89 


90 


René  Ramírez  G. 


Mapa  1 

IVSBV  (sin  ponderar) 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Finalmente,  el  Buen  Vivir  social  está  vinculado  a los  niveles  de  desigualdad  que 
existen  en  los  territorios.  Una  sociedad  menos  cohesionada  es  una  sociedad 
con  menos  «ganas»  de  producir  y consumir  bienes  relaciónales  (ver  gráficos 
10  y 11).  La  distancia  genera  desconfianza,  inseguridad,  y con  ello  se  privatiza 
el  espacio  público  —como  han  demostrado  Wilkinson  y Picket  (2009)—,  razón 
por  la  cual  se  instaura  un  desencanto  en  el  sentido  gregario  (confianza)  del  ser 
humano  en  su  relación  con  el  otro. 


Geografía  del  Buen  Vivir  en  Ecuador 


91 


Mapa  2 

IVSBV  (ponderado  por  educación) 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Gráfico  10 

IVSBV  frente  al  coeficiente  de  Gini  del  ingreso 


Indice  Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBS) 

Fuente:  Enemdu  (2007). 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 


92 


René  Ramírez  G. 


Gráfico  11 

IVSBV  frente  al  coeficiente  de  Gini  del  tiempo  relacional 


0,60 


0,55  - 

■=  0,50  - 

CU 

c 

■8  0,45  - 

ro 

£ 

o 0,40  - 

CL 

E 

H 0,35  - 

’c 

b 0,30  - 

0,25  - 

0,20  - 

0 


♦ 


10 


15 


20 


Indice  de  Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV) 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


En  términos  agregados,  y siguiendo  la  metodología  de  Atkinson  de  ajuste 
de  la  desigualdad  propuesta  en  el  Informe  de  Desarrollo  Humano  (2010), 
podemos  señalar  que  el  país  pierde  un  2,7%  de  su  Buen  Vivir  (ponderado  en 
relación  a la  educación)  a causa  de  la  desigualdad  interna  de  las  variables 
que  conforman  el  índice;  es  decir,  se  reduce  el  IVSBV  a 10,95  años. 

No  obstante,  como  se  señaló  anteriormente,  no  se  puede  realizar  el  cál- 
culo al  interior  del  país  por  problemas  de  fuentes  de  información.  Por  esta 
razón,  finalmente  se  propuso  ajustar  el  IVSBV  según  los  grados  de  desigual- 
dad que  existen  en  cada  uno  de  los  territorios.  Si  bien  para  ajustar  el  índice 
se  puede  utilizar  el  coeficiente  de  Gini  del  tiempo  relacional,  en  esta  ocasión 
se  usó  el  Gini  del  ingreso,  dado  que  la  economía  actual  está  organizada  bajo 
una  lógica  que  valora  el  dinero  y que  produce  distancia  a partir  del  mismo.1 
Se  puede  establecer  que  la  concentración  del  tiempo  relacional  se  debe  a que 

1 Incluso,  como  se  observa  en  los  gráficos  8 y 9,  la  relación  inversamente  proporcional  entre  el 
IVSBV  y el  coeficiente  de  Gini  del  tiempo  relacional  es  más  pronunciada  que  cuando  se  com- 
para el  mismo  índice  con  el  coeficiente  de  Gini  del  ingreso. 


Geografía  del  Buen  Vivir  en  Ecuador 


93 


en  la  sociedad  prima  la  lógica  mercantil.  En  este  marco  podemos  afirmar 
que  Quito,  Cuenca,  Pichincha  y El  Oro  son  los  territorios  con  mayor  nivel 
de  vida  saludable  y bien  vivida,  ajustado  por  los  niveles  de  desigualdad  que 
tienen  sus  territorios.  Por  otra  parte,  Bolívar,  la  Amazonia  y Cañar  son  los 
territorios  que  poseen  niveles  más  bajos  de  buena  vida,  tomando  en  cuenta 
el  grado  de  cohesión  social  que  existe  en  cada  una  de  estas  provincias. 


Mapa  3 

IVSBV  ponderado  por  escolaridad  y desigualdad  de  ingresos,  2007 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Vale  señalar  que  si  consideramos  que  en  la  cosmovisión  indígena  no  se  da  la 
escisión  entre  el  mundo  del  trabajo  y el  mundo  de  la  generación/disfrute  de 
bienes  relaciónales,  el  IVSBV  del  Ecuador  aumentaría  entre  0,62  y 1,23  años 

2 Únicamente  se  toma  en  cuenta  como  tiempo  no  escindido  entre  trabajo  y mundo  de  la  buena 
vida  a la  producción  realizada  por  los  indígenas  y afroecuatorianos  para  el  autoconsumo. 

3 En  este  valor  se  considera  que  todo  el  trabajo  de  los  grupos  étnicos  que  no  se  ejecuta  en  rela- 
ción de  dependencia  es  un  tiempo  para  la  buena  vida. 


94 


René  Ramírez  G. 


adicionales  de  tiempo  bien  vivido.4  Si  incorporamos  a aquellas  personas  no 
indígenas  que  viven  una  vida  sin  divorcio  entre  trabajo  y ocio  liberador,  el 
IVSBV  subiría  0,2  años  adicionales.5 

En  suma,  mientras  la  economía  neoclásica  sintetiza  el  cálculo  del  bienestar 
en  dinero,  la  economía  del  Buen  Vivir  lo  hace  en  unidades  temporales.  Sos- 
tenemos que  existe  mucha  diferencia  entre  señalar  que  el  bienestar  de  un 
ecuatoriano  promedio  es  de  USD  133  per  cápita  y afirmar  que  un  ecuatoria- 
no promedio  vive  1 1 años  de  su  vida  vividos  bien  y saludablemente. 


4 Vale  recordar  que  en  esta  estimación  no  se  incorpora  el  tiempo  de  trabajo  de  aquellos  indí- 
genas que  lo  hacen  bajo  relación  de  dependencia  de  un  patrono  o capitalista. 

5 Este  valor  no  fue  calculado  con  la  misma  base  de  datos  usada  a lo  largo  de  la  investigación 
porque  el  cuestionario  no  permitía  detectar  la  no  escisión  entre  el  mundo  del  trabajo  y de 
la  buena  vida.  Metodológicamente,  el  tiempo  del  trabajo  no  alienado  se  debería  incorporar 
también  al  cálculo  del  tiempo  relacional  y al  IVSBV. 


CAPITULO  OCTAVO 


Felicidad  y tiempo  relacional 

Como  se  ha  mencionado,  para  Aristóteles  la  felicidad  es  un  «bien  perfec- 
to». ¿A  qué  nos  referimos  cuando  hablamos  de  bien  perfecto?  Nos  referi- 
mos a aquellos  bienes  que  seleccionamos  siempre  por  sí  mismos  y nunca 
por  otros.  Así  por  ejemplo, 

parece  ser  [que  el  bien  perfecto]  por  encima  de  rodos,  es  la  felicidad,  pues 
la  elegimos  siempre  por  ella  misma  y nunca  por  otra  cosa,  mientras  que  los 
honores,  el  placer,  el  entendimiento  y toda  virtud  los  deseamos  ciertamente 
en  sí  mismos,  pero  sobre  todo  en  vista  de  la  felicidad  (Aristóteles,  1994a:  39). 

A lo  largo  de  esta  investigación  no  hemos  pretendido  estudiar  el  fin  mismo 
que  propone  Aristóteles,  la  eudaimonía,  sino  los  medios  a través  de  los  cuales 
se  la  alcanza.  La  variable  felicidad  ha  suscitado  mucho  debate  en  las  ciencias 
sociales  y económicas.  Esta  investigación  no  aspira  a entrar  en  dicho  deba- 
te, puesto  que  hemos  defendido  la  posición  de  que  solo  quien  vive  bien  puede 
ser  feliz.1  En  esta  sección  quisiéramos  simplemente  preguntarnos  si  realmen- 
te se  puede  corroborar  empíricamente  la  existencia  de  una  relación  positiva 
entre  producción  de  bienes  relaciónales  y felicidad. 

En  este  marco,  siguiendo  la  metodología  propuesta  por  Van  Praag  y 
Ferrer-i-Carbonell  (2004),  consideramos  que  existe  más  de  una  vía  para  es- 
timar, de  una  manera  cardinal,  modelos  subjetivos  de  satisfacción.  El  pri- 
mero y más  tradicional  es  a través  del  uso  de  modelos  probabilísticos  orde- 
nados (probit  ordenado,  PO).  Se  asume  que  existe  una  variable  de  satisfacción 
latente  (i.  e.  no  directamente  observable)  y una  variable  ordinal  partida  en 
1 1 intervalos:  Ii=  (p  , p^  con  -°°  = p0  < pt  <...<  pu  = °°.  Los  parámetros  p son 
desconocidos  y tienen  que  ser  estimados  para  cada  individuo.  La  variable 
satisfacción  depende  de  otras  variables  (incluido  el  ingreso)  y de  la  variable 
aleatoria,  como  mencionamos  anteriormente  (Van  Praag  y Ferrer-i-Carbo- 
nell,  2004:  16).  Un  segundo  método  para  medir  la  felicidad  se  basa  en  el  he- 
cho de  que  cada  individuo  está  invitado  a evaluar  numéricamente  la  satis- 
facción en  cada  dominio. 


1 Para  estudiar  mi  posición  sobre  la  felicidad,  ver  Ramírez  G.  (2011). 


95 


96 


René  Ramírez  G. 


Supongamos  que  existe  una  variable  latente  evaluada  continuamente 
en  11  intervalos  [0,10];  podemos  postular,  por  ejemplo,  que  la  verdadera 
satisfacción  de  una  persona  que  evalúa  su  felicidad  en  7 (dentro  de  la  escala 
discreta  mencionada)  realmente  se  ubica  en  un  rango  entre  6,5  y 7,5.  En  este 
caso,  tenemos  una  regresión  en  grupos  donde  el  límite  de  cada  grupo  es  0,5, 

1,5...  9,5  (Van  Praag  y Ferrer-i-Carbonell,  2004:  48). 

A estas  regresiones  se  les  ha  llamado  modelos  cardinales  probabilísticos  (en 
inglés,  cardinal  probit  approach  (CPA)  o group-wise  regression). 

La  tercera  forma  de  estimar  la  felicidad  es  asignando  a cada  categoría  de 
respuestas  la  expectativa  condicionada  de  la  variable  dependiente,  puesto 
que  esta  se  encuentra  en  un  rango  específico  de  intervalos  (Van  Praag  y Fe- 
rrer-i-Carbonell,  2004).  A esta  metodología  se  le  llama  «variante  probabilís- 
tica  del  OLS»  (en  inglés,  probit  OLS). 

En  la  obra  citada,  los  autores  demuestran  que  empíricamente  cualquie- 
ra de  estos  modelos  da  los  mismos  resultados.  En  esta  sección  trabajaremos 
con  las  dos  primeras  metodologías  propuestas,  para  observar  la  solidez  de 
los  resultados. 

Finalmente,  vale  señalar  que  los  autores  sugieren  el  uso  de  ecuaciones  log- 
lineales  debido  a los  siguientes  factores:  (i)  razones  de  carácter  intuitivo,  (ii) 
porque  dentro  de  la  bibliografía  se  usan  frecuentemente  y (iii)  por  razones  de 
conveniencia  econométrica.  Siguiendo  tales  recomendaciones  en  esta  investi- 
gación, los  modelos  propuestos  serán  también  log-lineales. 

Tabla  5 

Coeficientes  de  la  regresión  logit  ordinal  o CPA 
según  tiempo  relacional  y variables  socioeconómicas,  2007 


Felicidad  y tiempo  relacional 


97 


variable  dependiente  = satisfacción  con  la  vida  en  general 

* Indica  un  nivel  de  significancia  estadística  del  10%,  **  indica  un  nivel  de  significancia  estadís- 
tica al  5%  y ***  indica  un  nivel  de  significancia  estadística  al  1%. 

Nota:  Para  obtener  la  variable  dependiente  se  pregunta:  ¿cuán  satisfecho  está  usted  ahora  con 
las  siguientes  áreas  de  la  vida?  Por  favor  conteste  usando  la  siguiente  escala,  en  la  cual 
0 significa  totalmente  infeliz  y 10  totalmente  feliz. 

Fuente:  Enemdu  (2007). 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 


98 


René  Ramírez  G. 


Como  se  puede  observar,  en  las  tres  regresiones  estudiadas  el  tiempo  rela- 
cional  impacta  de  una  manera  significativa  y positivamente  en  la  satisfac- 
ción con  la  vida.  Por  cada  incremento  del  1%  en  las  horas  dedicadas  a la  bue- 
na vida,  la  probabilidad  de  que  incremente  la  felicidad  crece  en  alrededor 
de  0,16. 

No  deja  de  sorprender  que  la  probabilidad  de  que  aumente  la  felicidad 
esté  inversamente  relacionada  con  el  número  de  horas  trabajadas;  quizá  es- 
to da  cuenta  de  que  para  el  ecuatoriano  promedio  existe  una  escisión  entre 
trabajo  y tiempo  de  ocio  liberador.  Por  otro  lado,  si  bien  el  trabajo  no  remu- 
nerado produce  mayor  satisfacción  con  la  vida,  en  términos  de  magnitud 
dicho  impacto  no  es  tan  grande. 

Finalmente,  algo  que  no  quisiéramos  dejar  pasar  por  alto,  como  conclu- 
sión de  los  modelos  realizados,  es  el  fuerte  impacto  que  tienen  las  variables 
materiales  y la  satisfacción  de  necesidades,  siendo  el  tiempo  de  escolaridad 
la  variable  que  mayor  impacto  positivo  produce  en  la  felicidad  de  los  ecua- 
torianos. Como  habíamos  señalado,  la  educación  es  una  condición  sustan- 
cial del  Buen  Vivir,  en  tanto  que  alimenta  el  autoconocimiento  personal  y 
coadyuva  en  la  producción  de  una  democracia  de  mayor  calidad. 


CAPITULO  NOVENO 


Macroeconomía  del  tiempo 

Un  hecho  que  ya  hemos  mencionado  y que  resulta  evidente  es  que  la  estruc- 
tura social  determina  la  capacidad  real  que  tiene  cada  persona  para  elegir  el 
tiempo  que  dedica  a vivir  una  vida  plena.  Las  condiciones  estructurales  tie- 
nen un  impacto  a nivel  de  la  elección  individual.  De  la  misma  forma,  cabría 
esperar  que  las  reformas  estructurales  tengan  influencia  en  la  decisión  in- 
dividual y en  la  coordinación  social.  Uno  podría  preguntarse,  ¿qué  impacto 
tuvo  la  sustitución  selectiva  de  importaciones  sobre  el  tiempo  que  los  ecua- 
torianos dedican  a la  vida  plena?  ¿O  es  posible  afirmar  que  la  liberalización 
comercial  incrementa  la  posibilidad  de  tener  más  tiempo  bien  vivido?  Si  se 
tuviese  microdata  con  módulos  de  uso  del  tiempo  se  podría  hacer  un  análi- 
sis contrafactual  con  microsimulación,  por  ejemplo,  lo  cual  permitiría  res- 
ponder a las  preguntas  formuladas. 

En  esta  sección  simplemente  se  realizará  cierto  nivel  de  análisis  des- 
criptivo indirecto  (dado  que  no  se  tiene  la  variable  tiempo  relacional)  que 
permita  dilucidar  el  impacto  de  la  liberalización  económica  en  el  Ecuador. 
Aunque  está  claro  que  para  obtener  conclusiones  definitivas  se  debería  utili- 
zar las  metodologías  antes  señaladas.  Para  nuestro  caso  aplicaremos  el  aná- 
lisis teórico  y metodológico  propuesto  por  Vos  (2002)  en  su  estudio  de  la 
situación  en  Ecuador,  e intentaremos  deducir  cuál  fue  el  impacto  de  la  libe- 
ralización sobre  el  tiempo  relacional  de  los  ecuatorianos,  dados  los  resulta- 
dos presentados  en  el  modelo  econométrico  de  la  sección  VI. 

Quizá  el  gráfico  13  —planteado  por  Vos  (2002)—  resume  el  impacto  que 
tuvo  la  liberalización  en  el  mercado  laboral  del  Ecuador.  La  principal  con- 
clusión a que  llega  Vos  en  su  estudio  es  que  los  factores  asociados  a las  re- 
formas estructurales  han  provocado  mayor  desigualdad  del  ingreso  como 
producto  del  incremento  en  la  intensidad  del  uso  de  mano  de  obra  califica- 
da en  la  producción  de  la  mayoría  de  sectores  transables  y no  transables,  lo 
cual  ha  ampliado  la  brecha  salarial  entre  trabajadores  calificados  y no  califi- 
cados. De  la  misma  forma,  más  trabajadores  fueron  empujados  hacia  el  sec- 
tor informal  con  remuneraciones  más  bajas,  lo  cual  complementa  la  expli- 
cación sobre  el  incremento  de  la  desigualdad  de  ingresos  en  el  período  de  la 
liberalización. 


99 


100 


René  Ramírez  G. 


Gráfico  13 

Tendencias  en  las  brechas  de  ingreso  entre  trabajadores  urbanos 
calificados  y no  calificados  y formales  e informales,  1988-98 


Fuente  y elaboración:  Vos  (2002:  293). 


Cabría  preguntarse  entonces,  ¿qué  sucedió  con  el  tiempo  de  trabajo  en  el 
mercado  laboral?  Si  observamos  el  gráfico  14,  podemos  apreciar  que  en  el 
período  de  liberalización  existe  un  pico  del  número  de  horas  trabajadas.  En 
efecto,  mientras  que  en  1990  el  promedio  de  horas  trabajadas  era  de  43,  en 
el  período  de  auge  de  la  reforma  estructural  alcanzó  hasta  47  horas  de  tra- 
bajo semanal  promedio. 


Tasa  de  desempleo 


Macroeconomía  del  tiempo 


101 


Gráfico  14 

Horas  de  trabajo  semanal,  1987-2009 


Fuente:  Enemdu  (1987-2009). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Siguiendo  el  marco  de  análisis  del  mercado  laboral  presentado  por  Vos,  de- 
beríamos preguntarnos  para  qué  grupos  poblacionales  fue  mayor  el  pico  de 
horas  trabajadas.  Como  se  señaló  anteriormente,  la  liberalización  requirió 
más  cantidad  de  mano  de  obra  calificada,  desplazando  la  mano  de  obra  no 
calificada  hacia  el  sector  informal  principalmente.  Si  tomamos  los  extremos 
de  los  niveles  educativos,  podemos  percatarnos  de  lo  sucedido  en  el  merca- 
do laboral.  Los  trabajadores  con  bajos  niveles  educativos,  al  ver  que  tanto  la 
demanda  de  mano  de  obra  como  sus  ingresos  laborales  disminuyen  en  com- 
paración a los  trabajadores  calificados,  se  ven  obligados  a trabajar  más  ho- 
ras a la  semana  para  compensar  tal  situación.  Mientras  que  en  el  período  de 
liberalización  un  ecuatoriano  con  nivel  de  educación  superior  ve  incremen- 
tar (en  su  pico  máximo)  el  tiempo  de  trabajo  de  42  a 45  horas  semanales,  un 
trabajador  con  nivel  primario  de  educación  experimenta  un  aumento  del 
tiempo  laboral  de  45  a 49  horas  a la  semana  (gráfico  15). 


102 


René  Ramírez  G. 


Gráfico  15 

Horas  de  trabajo  semanal  del  trabajador  con  nivel  primario 
frente  al  trabajador  con  nivel  universitario,  1987-2009 


Fuente:  Enemdu  (1987-2009). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Al  analizar  el  fenómeno  según  categorías  de  ocupación,  se  puede  observar 
que  tanto  los  asalariados  del  sector  público  como  los  del  privado  ven  incre- 
mentar su  tiempo  de  trabajo  a la  semana.  Como  también  se  señaló  anterior- 
mente, el  incremento  del  desempleo  puede  considerarse  como  instrumento 
disciplinador  del  mercado  laboral.  A pesar  de  lo  mencionado,  se  puede  ma- 
nifestar que  los  grupos  de  trabajadores  cuyo  tiempo  de  trabajo  experimenta 
una  mayor  tasa  de  crecimiento  durante  el  período  de  la  reforma  liberaliza- 
dora  son  el  de  los  trabajadores  independientes  (informales)  y el  de  los  traba- 
jadores del  hogar  (gráfico  16).  En  el  caso  de  los  trabajadores  independientes, 
tomando  en  cuenta  el  pico  más  alto  del  período  analizado,  el  tiempo  de  tra- 
bajo por  semana  pasa  de  43  a 49  horas;  en  tanto  que  para  los  trabajadores 
del  hogar  hay  un  incremento  de  45  a 53  horas  semanales.  La  estrategia  indi- 


Macroeconomía  del  tiempo 


103 


vidual  es  simple:  al  tener  menos  ingreso  y al  existir  menos  demanda  de  ma- 
no de  obra,  los  trabajadores  independientes  suplen  con  mayor  cantidad  de 
horas  de  trabajo  y sustituyen  el  ingreso  con  mayor  cantidad  de  horas  de  tra- 
bajo en  el  hogar. 


Gráfico  16 

Horas  de  trabajo  semanal  según  categorías  de  ocupación,  1987-2009 


Fuente:  Enemdu  (1987-2009). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Si  bien  es  necesario  hacer  un  análisis  más  riguroso,  vale  la  pena  señalar  que 
la  economía  del  Buen  Vivir  debería  estudiar  los  impactos  de  las  reformas 
estructurales  sobre  las  condiciones  de  reproducción  de  la  vida  social  y del 
Buen  Vivir  de  las  personas,  lo  cual  es  una  consecuencia  del  estudio  de  las 
condiciones  materiales  que  permiten  gozar  de  esa  buena  vida.  Como  se  se- 
ñaló en  el  modelo  econométrico,  el  incremento  en  las  horas  de  trabajo  se- 
manal va  en  detrimento  de  las  horas  para  la  generación  y disfrute  de  bienes 
relaciónales.  Si  asumimos  que  durante  el  período  de  liberalización  se  dio  un 


104 


René  Ramírez  G. 


incremento  promedio  de  2,75  horas  semanales  de  trabajo,  podríamos  afir- 
mar —simplemente  de  una  manera  descriptiva  y utilizando  los  coeficientes 
del  modelo—  que  la  liberalización  produjo  en  promedio  un  decremento  de 
buena  vida  para  los  ecuatorianos  de  aproximadamente  20  minutos  sema- 
nales (17,3  horas  anuales).  Si  consideramos  un  grupo  poblacional  de  entre 
10  y 65  años  de  alrededor  de  6,7  millones  de  habitantes,  podemos  afirmar 
que  durante  la  liberalización  se  perdieron  cada  año  en  promedio  116  mi- 
llones de  horas  de  tiempo  vivido  a plenitud;  o,  dicho  de  otra  forma,  el  país 
perdió  116  millones  de  horas  de  generación  y disfrute  de  bienes  relacióna- 
les, como  efecto  de  la  liberalización  de  la  economía.  Esta  pérdida  de  tiem- 
po para  la  buena  vida  hay  que  leerla  en  el  marco  de  un  incremento  general 
del  desempleo,  de  una  no  reducción  de  la  pobreza  y de  un  incremento  de  la 
desigualdad. 

Vale  señalar  que  para  tener  una  visión  global  y absoluta  del  tiempo  de 
trabajo  es  necesario  analizar  las  condiciones  ocupacionales  del  mercado  la- 
boral y el  cambio  demográfico  en  la  estructura  del  hogar.  La  tasa  bruta  de 
participación  laboral  en  casi  dos  décadas  ha  crecido  un  25%  en  el  Ecuador. 
En  el  período  analizado,  esta  tasa  creció  45%  para  las  mujeres  y 13%  para  la 
oferta  laboral  masculina.  Complementariamente,  se  puede  mencionar  que 
la  tasa  bruta  de  ocupación  en  el  mismo  período  creció  13%  a nivel  nacional; 
específicamente,  32%  para  las  trabajadoras  mujeres  y apenas  3%  para  los  tra- 
bajadores hombres.  Por  otra  parte,  la  evidencia  permite  afirmar  que  la  ten- 
dencia en  la  estructura  del  hogar  es  una  reducción  de  los  hogares  nuclea- 
res (incluidos  los  hogares  extendidos  con  núcleo)  y un  incremento  de  los 
hogares  unipersonales,  monoparentales  y extendidos  sin  núcleo.  Lo  impor- 
tante es  notar  que  justamente  en  aquellas  estructuras  de  hogares  que  han 
crecido,  es  claro  que  predomina  relativamente  la  jefatura  de  hogar  a cargo 
de  la  mujer  frente  a la  jefatura  de  los  hombres  (ver  anexo  4).1  Dicha  situa- 
ción es  consecuencia  —entre  otras  razones—  del  importante  crecimiento  de 
la  tasa  de  divorcios2  y de  la  estampida  migratoria  sucedida  a finales  del  si- 
glo anterior.  A más  de  las  reformas  económicas  estructurales  anteriormen- 
te mencionadas,  de  acuerdo  a lo  señalado  se  puede  afirmar  que  en  términos 
absolutos  hoy  en  día  se  trabaja  más  horas  como  sociedad  que  hace  20  años, 
principalmente  como  consecuencia  de  la  independencia  económica  de  las 
mujeres,  quienes  al  salir  a trabajar  fuera  del  hogar  incrementan  su  partici- 
pación en  la  fuerza  de  trabajo,  y debido  a la  recomposición  de  la  estructu- 

1 Así  por  ejemplo,  mientras  que  en  1995  los  hogares  extendidos  sin  núcleo  eran  el  4%  del  total 
de  hogares,  en  el  2006  representaron  el  11%. 

2 Mientras  en  1997  la  tasa  de  divorcios  era  de  7,27  por  cada  10  mil  habitantes,  en  el  2008  fue 
de  12,48. 


Macroeconomía  del  tiempo 


105 


ra  del  hogar  ecuatoriano  que  otorga  más  responsabilidad  a las  mujeres.3  En 
este  sentido,  no  se  puede  entender  lo  que  está  pasando  en  el  mercado  labo- 
ral sin  estudiar  la  transformación  radical  que  ha  sufrido  la  vida  de  las  mu- 
jeres en  el  Ecuador.4 

Finalmente,  antes  de  terminar  quisiera  señalar  brevemente  las  potencia- 
lidades que  existen  a nivel  macroeconómico  al  incluir  en  el  análisis  ecológi- 
co la  variable  tiempo.  A nivel  macro  y basándonos  en  la  economía  ecológi- 
ca —por  ejemplo  en  el  concepto  de  metabolismo  de  las  sociedades  (Vallejo, 
2010)—,  la  noción  de  tiempo  serviría  para  enriquecer  analíticamente  la  con- 
tabilidad interna  de  una  economía,  así  como  de  las  relaciones  comerciales 
entre  países  que  quizás  no  se  toman  en  cuenta  en  la  actualidad  cuando  se 
realiza  este  tipo  de  análisis.  En  otras  palabras,  el  uso  de  la  variable  tiem- 
po podría  complementarse  con  la  contabilidad  biofísica  o energética.  En 
efecto,  conociendo  la  estructura  biofísica  de  dos  países,  contabilizar  las  eco- 
nomías incluyendo  la  variable  tiempo  daría  un  valor  cualitativo  al  análisis. 
Sostenemos  que  una  mejor  variable  proxy  para  medir  la  vida  de  la  naturale- 
za es  el  tiempo5  y no  únicamente  el  espacio.  Así  como  no  es  lo  mismo  defo- 
restar un  bosque  primario  o parque  nacional  que  talar  un  bosque  de  pinos 
recién  reforestado,  tampoco  es  lo  mismo  desechar  mercurio  que  desechar 
lana.  Es  más  importante  considerar  cuánto  tiempo  de  vida  tenía  la  zona  de- 
forestada que  simplemente  contar  cuántas  hectáreas  se  han  perdido.  Asi- 
mismo, calcular  cuánto  tiempo  se  demora  la  naturaleza  en  asimilar  los  de- 
sechos de  mercurio  frente  a los  de  la  lana  es  diferente  a saber  que  se  desechó 
una  misma  cantidad  de  toneladas  de  mercurio  o de  lana  en  la  naturaleza.  Fi- 
nalmente, la  utilización  del  tiempo  como  unidad  de  análisis  también  permi- 
tiría incorporar  en  el  estudio  los  niveles  de  explotación  de  la  mano  de  obra 
dentro  de  la  economía,  situación  que  usualmente  pasa  por  alto  la  econo- 
mía ecológica  en  sus  análisis  de  transición  socioecológica  de  una  sociedad 
a otra.  El  supuesto  «milagro»  coreano  pudo  ser  viable,  entre  otras  razones, 
a costa  de  generaciones  de  niños  que  trabajaban  60  horas  semanales  desde 
muy  temprana  edad  (especialmente  niñas)  (Chang,  2008:  9).  El  intercambio 
ecológicamente  desigual  entre  países  debería  incluir  los  años  de  vida  perdi- 


3 No  solo  que  hubo  un  incremento  de  las  jefaturas  de  hogar  a cargo  de  mujeres,  sino  que  del 
77%  de  las  mujeres  jefas  de  hogar  son  divorciadas  (26%),  viudas  (32%)  o solteras  (19%)  (ver 
SnsE,  2010). 

4 Un  análisis  sugerente  para  el  caso  de  Estados  Unidos  del  impacto  en  las  horas  de  trabajo  de 
la  recomposición  de  la  estructura  familiar  y la  transformación  en  el  mercado  de  trabajo  de- 
bida a la  inserción  de  las  mujeres  en  el  mismo  lo  encontramos  en  Jacobs  y Gerson  (2004). 

5 Claro  está  que  es  mejor  si  se  estudia  el  tiempo  de  vida  paralelamente  al  espacio  de  vida  per- 
dido o ganado. 


dos  (o  ganados)  en  dicho  intercambio,  así  como  los  años  de  buena  vida  per- 
didos como  consecuencia  de  la  explotación  de  la  mano  de  obra.  Queda  en 
la  agenda  de  futuras  investigaciones  la  realización  de  una  contabilidad  ma- 
croeconómica  en  función  del  tiempo. 


CAPÍTULO  DÉCIMO 

A manera  de  síntesis: 
de  la  vida  usurpada  a la  buena  vida 

En  los  últimos  dos  siglos  la  organización  de  la  sociedad  y de  la  economía  ha 
estado  fundamentada  en  la  circulación  del  capital:  cómo  acumular  cada  vez 
más.  La  teoría  económica  neoclásica  diseñó  un  aparataje  teórico  y empíri- 
co construyendo  un  sentido  hegemónico  de  los  problemas  de  la  sociedad  y 
sus  soluciones.  Prácticamente,  se  hizo  irrefutable  la  afirmación  de  que  la  ri- 
queza consiste  en  incrementar  la  producción  de  bienes  y servicios  con  va- 
lor agregado  expresado  monetariamente.1  Se  defendió  normativamente  la 
libertad  de  elección,  que  consistía  en  ampliar  las  fronteras  de  posibilidades 
de  compra  de  los  individuos  (tanto  desde  la  oferta  como  desde  la  deman- 
da). El  fin  era  buscar  el  bienestar  de  las  personas,  visto  como  la  mayor  ca- 
pacidad de  comprar  y la  mayor  posibilidad  de  tener  opciones  diferentes  pa- 
ra elegir.  En  esta  concepción,  la  sociedad  de  la  opulencia  sería  el  fin  último. 
Es  quizá  por  esta  razón  que  el  indicador  más  importante  que  sirve  para  me- 
dir el  bienestar  dentro  de  esta  economía  crematística  es  el  gasto  o el  ingreso 
a nivel  microeconómico,  y a nivel  macroeconómico  es  el  producto  interno 
bruto  o producto  nacional  bruto.  El  objetivo  es  maximizar  la  utilidad  (uti- 
lidad: autointerés  = preferencia  = elección  = satisfacción  = bienestar  = feli- 
cidad), que,  simplificando,  implica  buscar  el  mayor  crecimiento  de  las  va- 
riables mencionadas  (medidas  usualmente  en  USD  PPP).  Cuando  crece  la 
producción,  el  ingreso  o el  consumo,  crece  la  riqueza.  La  economía  neoclá- 
sica se  preocupó  de  estudiar  dentro  de  esta  perspectiva  los  bienes  públicos, 
privados  o comunes,  siendo  siempre  su  centro  de  atención  la  producción  y 
el  consumo  mercantilizado.  En  este  marco  conceptual,  el  individuo  no  nece- 
sita de  sociedad  y el  bienestar  se  consigue  individualmente.  A la  vez,  la  uni- 
dad de  cálculo,  así  como  de  organización  social  a través  de  la  cual  se  trans- 
mite el  valor  de  las  cosas,  es  el  dinero. 

Con  el  transcurrir  del  tiempo,  la  economía  se  olvidó  completamente  del 
fuerte  vínculo  que  existe  entre  relaciones  interpersonales  y florecimiento.2 


1 Este  valor  agregado  puede  ser  real  o ficticio  (financiero  especulativo). 

2 Para  una  lúcida  interpretación  de  por  qué  se  dio  la  separación  en  la  economía  entre  bienes- 
tar y felicidad,  ver  Bruni  (2006). 


107 


108 


René  Ramírez  G. 


La  presente  investigación  retoma  la  mirada  aristotélica  sobre  la  eudaimonía, 
para  repensar  una  manera  de  construir  una  socioecología  política  del  Buen 
Vivir  que  tenga  como  punto  de  partida  el  florecimiento  de  la  vida.  Frente  a 
la  economía  de  los  bienes  privados,  públicos  o comunes,  el  centro  de  aten- 
ción del  Buen  Vivir  es  la  producción  y consumo  de  bienes  relaciónales.  Para 
ello,  propone  utilizar  como  unidad  de  análisis  —y  como  variable  de  inter- 
vención para  generar  un  nuevo  orden  social—  el  tiempo. 

El  tiempo  para  la  buena  vida  o para  la  producción/consumo  de  bienes  re- 
laciónales es  el  tiempo  del  ocio  emancipador  (tiempo  para  la  contemplación, 
el  autoconocimiento,  la  creación  artística),  el  tiempo  dedicado  a la  amistad,  al 
amor,  a la  participación  pública  y a la  relación  del  ser  humano  con  la  natura- 
leza. A dicho  componente  se  debe  sumar  el  tiempo  no  escindido  entre  trabajo 
y mundo  de  la  vida.  Si  bien  es  imposible  valorar  integralmente  estas  relacio- 
nes o sucesos  de  la  vida,  la  presente  investigación  propone  que  la  mejor  varia- 
ble proxy  para  hacerlo  es  el  tiempo  que  cada  persona  puede  dedicar  a la  gene- 
ración y disfrute  de  los  bienes  relaciónales.  Claro  está  que  el  punto  de  partida 
para  poder  disfrutar  del  tiempo  relacional  es  el  tiempo  total  de  vida  y el  tiem- 
po necesario  generado  por  las  condiciones  materiales. 

La  investigación  sostiene,  implícitamente,  que  es  imposible  construir 
un  nuevo  orden  social  con  una  unidad  de  estudio  tan  deshumanizante  co- 
mo es  el  dinero.  La  propuesta  es  que  una  unidad  alternativa  que  puede  con- 
trapesar al  dinero  y que  la  humanidad  valora  es  el  tiempo.3 

A partir  de  tal  entrada  analítica,  la  investigación  estudia  quién  genera/ 
disfruta  («produce/consume»)  bienes  relaciónales  en  el  Ecuador  y cómo  es- 
tán distribuidos  estos  bienes.  Si  partimos  del  hecho  de  que  el  tiempo  es  li- 
mitado y «no  retornable»,  podemos  afirmar  que  la  expropiación  del  tiempo 
está  vinculada  al  funcionamiento  de  la  propia  sociedad,  concretamente  a la 
precariedad  del  mercado  laboral,  a la  discriminación  y a las  condiciones  de 
vida  material.  El  nivel  de  explotación  en  una  sociedad  se  expresa  sobre  todo 
en  el  tiempo  de  vida  usurpado  o alienado.  El  supuesto  es  claro:  si  una  per- 
sona se  apropia  del  tiempo  de  otra,  se  está  apropiando  de  su  vida  misma.  El 
análisis  propuesto  evidencia  los  altos  niveles  de  concentración  del  tiempo 
relacional  que  existen  en  el  país.  Pocas  personas  tienen  mucho  tiempo  para 
vivir  una  vida  a plenitud. 

Siguiendo  esta  línea,  la  investigación  busca  demostrar  que  la  economía  es 
una  ciencia  no  neutral,  y que  dependiendo  del  marco  conceptual  y de  la  uni- 


3 La  economía  ecológica,  por  ejemplo,  ha  construido  alternativas  de  contabilidad  como  lo 
biofísico  (toneladas)  o la  energía.  Utilizar  diferentes  unidades  de  análisis  constituiría  sin  lu- 
gar a dudas  un  enriquecimiento  analítico  para  las  ciencias  sociales  y económicas. 


De  la  vida  usurpada  a la  buena  vida 


109 


dad  de  análisis  utilizada  se  obtendrán  diferentes  enfoques  para  la  interpreta- 
ción de  la  realidad.  En  este  sentido,  se  demuestran  los  valores  normativos  que 
están  detrás  de  la  economía  neoclásica  y la  diferenciación  que  existe  con  la 
economía  del  Buen  Vivir.  Así  por  ejemplo,  el  presente  estudio  deja  traslucir  la 
«pobreza»  de  la  riqueza  (mal  vivir)  desde  la  perspectiva  del  Buen  Vivir.  Si  bien 
existen  ecuatorianos  que  están  cumpliendo  el  sueño  de  la  economía  neoclási- 
ca —estar,  por  ejemplo,  en  el  grupo  del  10%  más  rico  de  la  población—,  al  ana- 
lizarlos bajo  la  lupa  de  la  economía  del  Buen  Vivir  una  proporción  de  estas 
personas  pueden  vivir  también  una  mala  vida  o una  vida  alienada:  si  bien  son 
las  más  ricas  monetariamente,  duermen  menos,  trabajan  más  y tienen  menos 
tiempo  para  disfrutar  del  arte,  autoconocerse,  compartir  con  amigos,  amar, 
ser  amados  o participar  en  la  construcción  de  la  vida  pública. 

Adicionalmente,  se  propone  metodológicamente  un  punto  de  vista  que 
permita  acercarnos  al  estudio  de  la  buena  vida,  simplemente  como  eviden- 
cia de  que  es  viable  hacer  una  lectura  e interpretar  la  realidad  a partir  de  la 
variable  tiempo  y dejando  de  lado  la  variable  dinero,  tanto  a escala  micro  co- 
mo a escala  macro.  Dentro  de  esta  metodología,  la  investigación  plantea  dos 
indicadores  sintéticos  que  pueden  constituirse  en  alternativa  al  PIB  o ingre- 
so per  cápita  de  la  economía  neoclásica:  el  índice  de  Vida  Saludable  y Bien 
Vivida  (IVSBV)  y los  años  de  vida  de  la  naturaleza  por  habitante  y kilóme- 
tro cuadrado. 

El  IVSBV  es  un  indicador  sintético  que  evalúa  cuántos  años  viviría  sa- 
ludablemente y a plenitud  (maximizando  la  producción  de  bienes  relació- 
nales) una  persona  que  nace  el  día  de  hoy,  bajo  las  condiciones  sociales  del 
período  analizado.  Se  propone  ponderar  dicho  indicador  en  relación  a la 
educación  y al  nivel  de  cohesión  social  (igualdad)  del  territorio  analizado.  Si 
se  toma  en  cuenta  el  nivel  educativo,  se  puede  afirmar  que  un  ecuatoriano 
promedio  tiene  1 1,3  años  de  vida  saludable  y bien  vivida;  siendo  Quito  —de 
entre  los  territorios  analizados—  donde  mayor  esperanza  se  presenta  (16,3 
años)  y Cañar  donde  menos  años  alcanza  (6,5  años). 

Si  bien  no  se  desplegaron  resultados  empíricos  sobre  la  esperanza  de 
vida  de  la  naturaleza  (EVN),  el  artículo  planteó  metodológicamente  la  ne- 
cesidad de  una  valoración  de  la  vida  natural  a través  de  la  variable  tiempo. 
La  propuesta  Yasuní-ITT  impulsada  por  Ecuador  adquiere  mayor  sentido 
cuando  se  la  valora  a partir  de  la  unidad  de  análisis  tiempo  frente  a la  unidad 
dinero.  Contrapuesto  al  valor  de  cambio  que  estipula  la  economía  del  capi- 
talismo, la  socioecología  política  del  Buen  Vivir  plantea  el  valor  de  la  reci- 
procidad y del  uso,  que  en  este  caso  es  la  vida  misma  de  la  naturaleza.  El  he- 
cho de  «no  hacer  nada»  (dejar  intacto  el  Yasuní-ITT  y no  extraer  el  petróleo), 


110 


René  Ramírez  G. 


si  bien  no  sería  valorado  desde  una  perspectiva  capitalista,  adquiriría  valor 
desde  la  mirada  del  Buen  Vivir,  porque  el  «no  hacer  nada»  significa  recono- 
cer el  carácter  de  bien  común  y público  de  alcance  mundial  que  tiene  el  Par- 
que y el  valor  de  la  vida  que  tiene  la  biodiversidad  del  Yasuní. 

En  la  penúltima  sección  también  se  pudo  corroborar  empíricamente  que 
el  tiempo  relacional  coadyuva  a la  consecución  de  mayor  felicidad  en  los  ecua- 
torianos, y que  por  cada  hora  más  de  trabajo,  la  satisfacción  con  la  vida  dis- 
minuye. Dicha  situación  puede  quizás  evidenciar  la  separación  que  se  da  en 
la  sociedad  ecuatoriana  entre  trabajo  y tiempo  emancipador,  lo  cual,  en  pala- 
bras de  Marx,  no  es  más  que  la  escisión  entre  el  ser  humano  y la  existencia  hu- 
mana. Indudablemente,  es  poco  probable  que  se  alcance  un  grado  de  floreci- 
miento de  no  cambiar  las  condiciones  existentes  en  el  mundo  del  trabajo,  es 
decir,  de  no  haber  una  transformación  radical  en  el  aparato  productivo. 

A nivel  macroeconómico,  el  presente  estudio  procura  evidenciar  la  ne- 
cesidad de  tener  una  línea  de  investigación  que  articule  las  reformas  estruc- 
turales y el  impacto  que  estas  tienen  en  la  vida  individual  y social  de  las  per- 
sonas. Como  ejercicio,  se  hizo  un  análisis  descriptivo  del  impacto  que  tuvo 
la  liberalización  de  la  economía  en  el  Ecuador  en  la  década  de  los  noventa. 
Lo  que  sugieren  las  conclusiones  resulta  coherente:  la  liberalización  incre- 
mentó el  tiempo  de  trabajo  de  los  ecuatorianos  y a la  vez  redujo  el  tiempo 
relacional.  En  efecto,  la  liberalización  vino  acompañada  de  la  flexibilización 
del  mercado  laboral  y de  cambios  en  las  estructuras  del  mercado  laboral,  si- 
tuación que  produjo  un  incremento  en  las  horas  de  trabajo  semanal.  Dicho 
escenario  fue  más  evidente  para  aquellos  trabajadores  menos  cualificados, 
así  como  para  los  trabajadores  que  pasaron  a ser  parte  del  sector  informal. 
Estos  dos  grupos,  al  ver  que  se  redujo  la  demanda  de  trabajo  y que  dismi- 
nuyeron los  salarios  por  hora,  sintieron  la  necesidad  de  dedicar  más  horas 
a trabajar  para  compensar  dicha  pérdida  de  poder  adquisitivo.  De  la  misma 
forma,  el  trabajo  del  hogar  se  incrementó  como  compensación  del  impacto 
que  tuvo  la  reforma  estructural.  Este  aumento  del  tiempo  de  trabajo  afec- 
tó directamente  al  tiempo  relacional.  Así  como  la  economía  neoclásica  estu- 
dia el  crecimiento  del  producto,  la  economía  del  Buen  Vivir  busca  analizar 
también  el  (de)crecimiento  del  tiempo  dedicado  a la  producción/consumo 
de  bienes  relaciónales  y a la  liberación  personal.  En  este  caso,  los  resultados 
demuestran  que  durante  el  período  de  liberalización  en  Ecuador,  el  tiempo 
para  vivir  a plenitud  se  redujo  en  promedio  116  millones  de  horas  al  año. 

En  la  socioecología  política  del  Buen  Vivir  el  tiempo  que  una  persona 
dedica  a una  actividad  es  el  valor  que  otorga  a dicha  actividad,  medido  en 
unidades  temporales  (minutos,  horas,  días,  años),  lo  cual  vendría  a sustituir 


De  la  vida  usurpada  a la  buena  vida 


111 


al  precio  que  en  la  economía  neoclásica  constituye  el  valor  de  cambio  de  una 
mercancía.  El  cambio  sustancial  que  se  desprende  de  esta  nueva  perspecti- 
va es  que  se  valora  la  vida  en  función  del  tiempo4  (expresión  máxima  de  fi- 
nitud  de  la  misma)  y no  del  precio  de  la  mercancía.  De  la  misma  forma,  lo 
que  elijo  no  son  los  bienes  o mercancías  que  tienen  precio5,  sino  las  acciones 
o actividades  que  se  realizan  a lo  largo  de  la  vida.6  No  se  pretende  entonces 
la  maximización  para  la  obtención  de  la  mayor  cantidad  de  bienes,  sujeta  a 
una  restricción  presupuestaria,  sino  borrar  la  escisión  entre  el  mundo  del 
trabajo  y de  la  vida  (quizá  a través  de  la  recuperación  en  el  trabajo  de  lo  lúdi- 
co,  como  es  el  juego),  y la  generación  de  la  mayor  cantidad  de  acciones  que 
conduzcan  a la  generación/deleite  de  bienes  relaciónales,  sujetos  a la  finitud 
del  tiempo  y al  hecho  de  haber  o no  satisfecho  las  necesidades  materiales. 
En  este  marco,  se  elimina  de  entrada  el  supuesto  de  la  abundancia  de  la  eco- 
nomía neoclásica,  puesto  que  se  parte  del  hecho  de  que  el  tiempo  de  la  vida 
es  limitado.  En  efecto,  mientras  en  la  economía  neoclásica  se  supone  que  la 
producción  y el  consumo  pueden  ser  infinitos,  la  economía  del  Buen  Vivir 
se  fundamenta  en  la  realidad  de  que  la  vida  tiene  límites,  no  es  acumulable 
y existen  bienes  que,  como  dice  un  eslogan  cínico,  el  dinero  no  puede  com- 
prar. Así  mismo,  frente  al  concepto  de  acumulación,  la  economía  del  Buen 
Vivir  prioriza  el  concepto  de  memoria  (historia)  como  el  legado  que  puede 
dejar  una  generación  a otra:  en  este  marco,  la  historia  (recuerdo)  constitu- 
ye el  principal  «stock»  social  e individual.  Finalmente,  la  economía  del  Buen 
Vivir  recupera  la  naturaleza  gregaria  del  ser  humano.  Frente  a la  economía 
neoclásica,  que  se  organiza  a partir  del  concepto  de  personas  racionales  que 
buscan  de  una  manera  egoísta  la  satisfacción  individual  a través  de  la  com- 
pra de  objetos  materiales,  la  socioecología  política  del  Buen  Vivir  parte  de  la 
necesidad  del  ser  humano  de  relacionarse  con  un  otro.  Cada  individuo  no 
puede  realizarse  sino  es  gracias  a la  amistad,  al  amor,  a la  participación  en 
la  vida  pública  y al  autoconocimiento  reflexivo.  Es  así  como  la  «calidad»  de 
la  relación  siempre  se  debe  alimentar.  Mientras  que  la  economía  neoclási- 
ca cosifica  las  acciones  y las  relaciones  y menosprecia  la  historia,  la  discipli- 
na que  estudia  el  Buen  Vivir  dignifica  la  vida,  las  relaciones  sociales,  las  rela- 
ciones del  ser  humano  con  la  naturaleza  y la  memoria  colectiva  o individual. 


4 Como  se  mencionó  anteriormente,  esto  no  excluye  que  se  utilice  otro  tipo  de  unidades  de 
análisis  diferentes  al  dinero,  lo  cual,  de  hecho,  enriquece  el  análisis. 

5 Debemos  recordar  que  existen  mercancías  que  no  tienen  precio,  que  usualmente  quedan 
fuera  de  la  contabilidad  de  la  economía  neoclásica. 

6 Vale  señalar  que  una  de  estas  acciones  es  comprar  o producir,  pero  que  no  son  estas  las  úni- 
cas acciones  que  hace  el  individuo. 


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Anexos 


Anexo  1 


Horas  semanales  según  tipos  de  actividad, 

separado  por 

sexos,  2007 

Actividad 

Hombre 

Mujer 

Promedio 

Necesidades  personales 

59 

62,97 

60,96 

Dormir 

49,43 

51,6 

50,54 

Trabajo 

33 

17,58 

25,14 

Contemplación  y autoconocimiento 

14,53 

13,53 

14,02 

Comprometido 

10,46 

8,88 

9,65 

Sociabilidad 

9,4 

9,48 

9,44 

Actividades  culinarias 

1,85 

13,24 

7,66 

Cuidado  niños/as 

2,06 

7,29 

4,73 

Mantenimiento  del  hogar 

2,35 

5,19 

3,8 

Cuidado  de  ropa 

0,99 

5,24 

3,16 

Compras 

1,29 

1,77 

1,53 

Gerencia  del  hogar 

1,07 

1,57 

1,33 

Autoconsumo 

1,11 

1,55 

1,33 

Público 

0,4 

0,54 

0,47 

Construcción  vivienda 

0,46 

0,11 

0,28 

Cuidado  discapacitados 

0,12 

0,43 

0,27 

Otras  actividades 

30,04 

18,63 

24,23 

Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


119 


120 


René  Ramírez  G. 


Personas  que  en  sus  horas  libre  o de  ocio  continúan  haciendo 
actividades  que  realizan  cotidianamente  en  su  trabajo,  2011 


Área 

Sí 

No 

Total 

Urbana 

1,75% 

98,25% 

100,00% 

Rural 

1,84% 

98,16% 

100,00% 

Total 

1,78% 

98,22% 

100,00% 

Fuente:  Enemdu  (2011). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Horas  promedio  al  día  en  que  las  personas  voluntariamente  realizan 
actividades  de  su  cotidianidad  laboral  en  su  tiempo  de  ocio,  2011 


Sexo/Área 

Lunes  a viernes 

Sábado  y 
domingo 

Toda  la  semana 

Hombre 

0:46 

0:29 

0:49 

Mujer 

0:47 

0:25 

0:48 

Urbana 

0:49 

0:23 

0:48 

Rural 

0:41 

0:35 

0:49 

Total 

0:46 

0:28 

0:49 

Fuente:  Enemdu  (2011). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


log  (tiempo  relacional) 


Anexos 


121 


Anexo  2 

Gráficos  de  dispersión  y ajuste  de  las  variables  ingreso  laboral,  horas  de 
trabajo  remunerado  y horas  de  trabajo  no  remunerado 


Gráfico  1 

Log  (ingreso  laboral) 

"ÑJ-  - 

LO  _ 

00 

CO  - 


LO 

c\i 


CNJ  - 


LO 


H- 

-5 


. i 

Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


122 


René  Ramírez  G. 


Gráfico  2 

Log  (horas  de  trabajo) 


0 1 2 3 4 5 

logt  horas  trabajo 


1 ■ A'  f 

Fuente:  Enemdu  (2007). 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 

Gráfico  3 

Log  (horas  de  trabajo  no  remunerado) 


r ■ ...  | | | | p 


-4  -2  0 2 4 6 

logtiempotrabnorem 


• Linear  prediction  Fitted  valúes 


Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


índice  de  Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV) 


Anexos 


123 


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Fuente:  Enemdu  (2007). 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


124 


René  Ramírez  G. 


Anexo  4 

Tasa  bruta  de  participación  laboral*,  1988-2006 


Años 

Mujeres 

Hombres 

País 

(urbano) 

Crecimiento  anual 
(urbano) 

1988 

27,3 

51,3 

39 

1989 

29,2 

52,3 

40,4 

3,6% 

1990 

28,9 

51,6 

40 

-1,0% 

1991 

33,4 

54 

43,5 

8,7% 

1992 

35,6 

54,4 

44,8 

3,0% 

1993 

34,6 

55,4 

44,7 

-0,2% 

1994 

33,2 

54,3 

43,5 

-2,7% 

1995 

33,8 

54,7 

44 

1,1% 

1996 

34,3 

54,9 

44,4 

0,9% 

1997 

34,5 

55,4 

44,8 

0,9% 

1998 

36,8 

55,2 

45,8 

2,2% 

1999 

37,7 

56,3 

46,8 

2,2% 

2000 

35,5 

54,6 

44,9 

-4,1% 

2001 

41,2 

57,3 

49,2 

9,6% 

2002 

36,9 

54,2 

45,5 

-7,5% 

2003 

37,6 

55,1 

46,3 

1,8% 

2004 

39,2 

55,9 

47,4 

2,4% 

2005 

39,2 

56,6 

47,8 

0,8% 

2006 

39,7 

58 

48,7 

1,9% 

Crecimiento 

1988-2006 

45% 

13% 

25% 

* Número  de  personas,  de  diez  y más  años,  económicamente  activas  (PEA),  expresado  como 
porcentaje  de  la  población  total  en  un  determinado  año. 

Fuente:  Enemdu  (1988-2008),  nacional  urbano. 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Anexos 


125 


Tasa  bruta  de  ocupación*,  1988-2006 


Años 

Mujeres 

Hombres 

País 

(urbano) 

Crecimiento  anual 
(urbano) 

1988 

34,3 

70 

51,4 

1989 

35,9 

69,4 

51,9 

1,0% 

1990 

36 

69,9 

52,3 

0,8% 

1991 

39,6 

71,9 

55,2 

5,5% 

1992 

42,2 

71,9 

56,5 

2,4% 

1993 

40,9 

71,4 

55,6 

-1,6% 

1994 

39,8 

69,9 

54,3 

-2,3% 

1995 

40,7 

70,1 

54,8 

0,9% 

1996 

38,6 

67,5 

52,6 

-4,0% 

1997 

39,6 

69,4 

54,1 

2,9% 

1998 

40,9 

69,6 

54,6 

0,9% 

1999 

40,3 

68,6 

53,9 

-1,3% 

2000 

41 

69,3 

54,8 

1,7% 

2001 

46,5 

72,6 

59,3 

8,2% 

2002 

42,4 

69,8 

55,9 

-5,7% 

2003 

42,7 

67,9 

55,1 

-1,4% 

2004 

45,2 

70,4 

57,4 

4,2% 

2005 

44,9 

70,8 

57,4 

0,0% 

2006 

45,3 

71,9 

58,2 

1,4% 

Crecimiento 
1988  -2006 

32% 

3% 

13% 

* Número  de  personas  ocupadas  expresado  como  porcentaje  de  la  población  en  edad  de  traba- 
jar (PET),  es  decir,  aquellas  de  diez  y más  años. 

Fuente:  Enemdu  (1988-2008),  nacional  urbano. 

Elaboración:  René  Ramírez  G. 


126 


René  Ramírez  G. 


Estructura  del  hogar,  1995-2006 


1995 

2006 

País 

País 

Hombres 

Mujeres 

Unipersonal 

7,3 

9 

7,3 

17,1 

Nuclear 

54,6 

51 

63,1 

3,9 

Monoparental 

8,7 

10 

1,8 

39,8 

Compuesto 

2 

5 

6,2 

0,2 

Extendido  con  núcleo 

23,6 

14 

17,6 

1,6 

Extendido  sin  núcleo 

4 

11 

4 

37,5 

Total 

100 

100 

100 

100 

Fuente:  ECV  (1995-2006),  nacional  urbano. 
Elaboración:  René  Ramírez  G. 


Partiendo  de  una  crítica  a la  economía  neoclásica,  Ramírez  G.  propone 
una  socioecología  política  del  Buen  Vivir,  que  emplea  como  unidad  de 
valor  y análisis,  en  lugar  del  dinero,  el  tiempo  (bien  vivido).  Mientras  la 
economía  neoclásica  se  ha  preocupado  de  estudiar  la  producción  y el 
consumo  de  bienes  privados,  públicos  y comunes  en  el  marco  de  la  maxi- 
mización  de  la  utilidad,  la  socioecología  política  del  Buen  Vivir  articula 
dicho  análisis  para  buscar  otro  fin:  la  producción/consumo  de  bienes 
relaciónales;  es  decir,  la  generación/deleite  del  amor,  de  la  amistad,  de  la 
participación  pública  (civil  o política)  y de  la  relación  del  ser  humano  con 
la  naturaleza,  en  el  marco  de  la  no  escisión  de  estos  componentes  con  el 
mundo  del  trabajo. Tomando  como  caso  de  estudio  al  Ecuador,  Ramírez  G. 
analiza  el  Buen  Vivir  de  la  población  a través  de  la  distribución  del  tiempo 
para  la  generación  de  tales  bienes  relaciónales.  Los  resultados  del  análi- 
sis demuestran  que  el  tiempo  requerido  para  la  producción/consumo  de 
los  bienes  relaciónales  (tiempo  relacional)  de  los  ecuatorianos  es  conti- 
nuamente expropiado  por  condiciones  estructurales  de  la  propia  sociedad: 
la  precariedad  en  el  mercado  de  trabajo,  la  exclusión  social  y las  diversas 
formas  de  discriminación.  Por  eso,  Ramírez  G.  plantea  construir  —en 
lugar  del  PIB,  ingreso  o consumo  per  cápita  como  medida  del  bienestar — 
el  índice  de  "Vida  Saludable  y Bien  Vivida  (IVSBV)  como  medida 
resumen  de  la  vida  plena.  Los  resultados  obtenidos  muestran  que  un  ecua- 
toriano promedio  tiene  11,3  años  de  vida  saludable  y bien  vivida.  Para 
concluir,  Ramírez  G.  propone  una  agenda  investigativa  de  contabilidad 
macroeconómica  en  función  del  tiempo,  que  refleja  una  manera  distinta 
de  concebir  la  riqueza  de  los  pueblos. 


ISBN  978-9942-07-112-5